martes, 20 de octubre de 2009

Squatting (apuntes sobre el movimiento okupa)






Este apunte obedece a la inquietud que me han dejado las respuestas a la entrada "¿El SME salvó a la UNAM?"

Debo reconocer que tengo poca experiencia sobre el tema de los okupas o (como se le conoce en los países anglosajones) los squatting.

Insisito, lo último que pretendía el texto era satanizar el movimiento estudiantil, y en concreto, el caso del Che. Sin embargo, estoy convencida de que la forma en que se ha manejado el Che es erróneo.

Todos los movimientos sociales, las luchas de cualquier índole y por supuesto hasta los grupos más radicales (como aquellos que reivindican la lucha armada) buscan y promueven su legitimidad.

Este es también el caso de las comunidades de okupas.

Una vez, con dos amigos, conocí dos squatts en París y Toulousse. Andábamos de mochileros.

En ese entonces, mi amigo me explicaba que, primero, la manera de ocupar un edificio era hacerlo en invierno, porque las leyes europeas impiden expulsar a alguien de su casa durante los meses más fríos del año.

Pero la arquitectura social de los espacios exitosos era más compleja. Era el caso del edificio de París, convertido en una fascinante casa de artistas provenientes de todo el mundo; y el de Toulousse que, por cierto, estaba profundamente comprometido con el movimiento zapatista.

El primer punto para ocupar una casa era seleccionarla. Y el primer requisito es que la casa estuviera desocupada...de esa forma sería un territorio recuperado y no una casa tomada.

El segundo punto que acordaron los okupas de Tolousse era la legitimación de todos y cada uno de los habitantes de la casa. NO importaba si eras "legal" o "ilegal" (para las autoridades migratorias), pero el ocupante debía contar una trayectoria como artista o con trabajo político, para ser aceptado como habitante del espacio. Esto pretendía a su vez evitar la deslegitimación y la acusación de ser simplemente un paracaidista. La idea era promover conciencia de manera paralela a una transgresión disciplinada.

Entonces, si los demás habitantes aprobaban tu trabajo, debías comprometerte al uso responsable del lugar. En primer lugar estaban prohibidas las drogas (para qué darle pretextos a la policía). El vino o el alcohol estaba permitido, pero de forma moderada y jamás en eventos públicos.

Además, el habitante debía dar unas cuantas horas (no recuerdo cuántas) para trabajo comunitario: reparación, mejoramiento del edificio. La idea era demostrar que el edificio se encontraba en mejores condiciones okupado que abandonado. Después de demostrar esto, venía la parte de diálogo con las propias autoridades del pueblo: reivindicación del espacio como artístico, político y comunitario, para entonces demostrar que el espacio tenía legitimidad en la comunidad.

Pero no terminaba ahí. Los okupantes hacían una serie de eventos dirigidos a la comunidad de Toulousse (no sólo los artisas o simpatizantes naturales de su movimiento, sino algo mucho más abierto) por lo menos un par de veces al mes. De esta forma el edifico se encontraba vivo para la comunidad. Había niños, estudiantes de la universidad, gente de a pie, y por supuesto, los propios habitantes del edificio.

El caso de París era similar, pero menos ideologizado y más comercial. El edifico estaba convertido en un conjunto de galerías de arte de los propios habitantes. Había trabajos excelentes, otros no tanto.




*La imagen del "Mundo de intolerancia": París. "Pasillo con ojo": Toulousse.