viernes, 23 de julio de 2010

Muertas de Juárez. Deathfashion





La noticia resultaba escandalosa, una vez colocada en la portada de un diario de circulación nacional (Reforma). Pero una segunda lectura sólo arrojó la triste claridad de que, tarde o temprano, había de esperarse una propuesta así: las muertas de Juárez, inspiración para una línea de cosméticos.

La firma MAC-Rodarte lanzará oficialmente este 15 de septiembre (vísperas de la fiesta patria máxima en México, para mayor puntería) su colección otoño-invierno de maquillaje, el cual cuenta con nombres tales como: Juárez, Ghost Town (pueblo fantasma), Factory (Fábrica), Bordertown (ciudad fronteriza), y Sleepwaker (sonámbulo).

Las críticas a la colección no se hicieron esperar, y desde diversos blogs de moda, fue puesto de manifiesto la clara relación entre las muertas de Juárez y la colección, a lo que las hermanas Mulleavy (quienes son las diseñadoras responsables de la colección) aseguraron que la inspiración había llegado de un viaje por carretera que realizaron en el estado de Texas.

Para calmar las aguas, Mac-Rodarte también anunció la intención de donar 100 mil dólares a una organización de lucha en Juárez.

La ridiculez de la respuesta es obvia, la evidente falta de sensibilidad. Pero quizá lo que no es tan obvio es que está enmarcada en una tendencia general de exaltación y deseo de muerte como único medio de alcanzar la belleza femenina.


EL SEXO Y LA MUERTE

No me refiero al vínculo belleza-muerte que se estableció en el romanticismo: la mujer amada, perdida, robada por una muerte prematura; un amante que está al pie del sepulcro, velándola.

No se trata de la versión romántica, la intención de colocar al amor en otro plano.

Se trata, en cambio, de la búsqueda –y lo más dramático es que esta búsqueda proviene de las propias mujeres—de borrar su condición humana para parecerse aún más al objeto sexual, que en estos tiempos violentos, es una muñeca, un ser inanimado, un cadáver, el resultado del uso irrestricto del cuerpo del otro como espacio para transgredir violentamente.

MAC Rodarte sólo tradujo lo que muchos hacían ya: usar a las asesinadas de Juárez como estrategia de mercadotecnia; convertir a Ciudad Juárez en el trágico escenario de las fantasías más violentas (tan sólo observar con ojo crítico la además pésima película Bordertown, protagonizada por Jennifer López).

Los medios de comunicación, en ocasiones, han ayudado en esta tarea. Basta ver con cuanta frecuencia se refieren a las muertas de Juárez como mujeres: “jóvenes, delgadas, morenas, de ojos almendrados, de cabellos oscuros y largos”, a pesar de que la evidencia y los estudios han reiterado que no se puede hablar de una fisionomía establecida en la fenomenología de Juárez.

Esta caracterización de las muertas proporciona el mismo resultado que cuando, desde la idiosincrasia eurocentrista se habla, por ejemplo, de mujeres asiáticas: sus rasgos, sus caras, son borrados; queda sólo una caracterización como objeto sexual, como una producción en serie de mujeres de cabellos oscuros, ojos rasgados, cuerpos esbeltos.

Las víctimas pierden, entonces, su individualidad; su condición de seres humanos.



Ya no se habla de Azucena, Karla, Liliana. Ni siquera se habla de mujeres asesinadas, sino de las muertas de Juárez: un símbolo que se presta en todos los sentidos para esta fantasía occidental de la mujer sumisa víctima, objeto sexual, objeto de satisfacción del deseo, completamente desechable.

Esta reelaboración de la tragedia que significan las asesinadas de Juárez puede explicar por qué no se le ha dado tanto difusión a otros casos graves de feminicidios en México, como los que ocurren en el Estado de México, o en la frontera con Guatemala. El mainstream no ha hecho de ellos un escenario de pesadillas de sexo, como lo hizo con Juárez.

Hay pesadillas que venden más que otras.

Dalias blancas



Pero el caso de Juárez no es el primero en la historia. Y esta utilización de la mujer asesinada como campo de fantasías de muerte no es privativo de Juárez. Basta echar un vistazo a la pin-up oscura de los años cuarenta: Elizabeth Short, alias la Dalia Negra, quien pasó del completo anonimato al estrellato más oscuro cuando su cuerpo fue hallado completamente desnudo, lavado y cortado por la mitad en un campo baldío en Los Ángeles, California.



(La fotocomposición de la Dalia Negra fue tomada de este blog.)


De hecho, y para ser honestos, el look de muerta viviente que lanza la colección otoño-invierno de MAC-Rodarte no es más audaz que la tendencia general de la moda: mujeres sin sonrisas, pálidos, ojos ahumados, labios sin sangre, delgadez extrema. Basta echar un ojo alas colecciones de Prada, o ver cómo a través del photoshop, mujeres muy delgadas son adelgazadas aún más, hasta parecerse a un cadáver.



La pregunta que queda sin respuesta es: ¿en qué momento la mujer, la industria de la moda femenina decidió aceptar este rol de objeto sexual hasta el dolor y la muerte? ¿en qué momento una mujer de Nueva York sueña con ser una trabajadora de la maquila que camina hacia su trabajo de 900 pesos mensuales siempre mirando hacia atrás, siempre temiendo ser levantada, torturada, violada, asesinada?

Por cierto, los mismos blogs que criticaron la colección advirtieron que fue un éxito avasallador en las pasarelas de Estados Unidos.



PD: La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) envió un breve comunicado en el que pidió que la línea no sea lanzada con esos nombres (Juárez, bordertown, etc.) en México.

El escueto comunicado aseveró: “en total desacuerdo con el uso mercadológico de los feminicidios en Juárez y considera que la campaña, de la marca de cosméticos MAC y la firma de diseño Rodarte, muestra insensibilidad y desconocimiento del dolor que representa la muerte de estas mujeres para sus familias, para la sociedad en Juárez y para nuestro país.

“Pedimos firmemente que la línea no sea lanzada en México con nombres que aluden a hechos vergonzosos, que ofenden o debieran ofender a todas las mujeres en el mundo.

“La CONAVIM solicitará a la Secretaría de Relaciones Exteriores emprender las acciones que correspondan”.






Para leer más: El año en que Elizabeth Short se convirtió en perfume