domingo, 11 de diciembre de 2011

La desaparición de Fanny



*Texto publicado originalmente en Milenio Semanal.


Una noche de hace siete años Silvia Stephanie Sánchez fue aparentemente secuestrada. Hasta hoy se ignora su paradero. Ante la indolencia de las autoridades, su madre prosigue su búsqueda.


Lydiette Carrión

A siete años de que su hija Fanny fuera raptada, Silvia Elida Ortiz está cansada. Pero las mantas que ha colocado por la ciudad de Torreón aún le ruegan a su captor: “Sabemos que las autoridades no harán nada... Que nos deje verla si está viva. Si le hizo un daño mayor que me lo diga también. Ya no le diremos nada. Sólo déjanos verla de nuevo”.

El cinco de noviembre de 2004, Silvia Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz, entonces de 16 años, salió de un juego de basquetbol en el Colegio Español. Para devolver un discman se dirigió, con su mochila rosa en forma de conejo al hombro, a casa de un amigo del barrio donde había vivido hasta un par de meses antes, cuando se mudó junto con su familia a las afueras de Torreón. No lo encontró. Se dirigió a casa de otra amiga del rumbo y le pidió dos pesos a la mamá para el camión de regreso: le habían robado su monedero en la escuela. La señora vio a la chica dirigirse hacia la parada de la calle 28 y Matamoros. Eran cerca de las 20:30 horas. Desde entonces nadie sabe de ella.

La hipótesis más aceptada por las autoridades federales apunta a que Fanny fue secuestrada por gente del crimen organizado y vive actualmente como mujer de algún mafioso, aunque no se descartan otras líneas de investigación.

En marzo de 2010, Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña, titular entonces de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Relacionados con Actos de Violencia en Contra de las Mujeres (Fevim), describió la historia de Fanny como un caso “paradigmático”. Frente a medios locales, Pérez Duarte declaró: “Hasta donde yo lo conocí no es un asunto de tráfico propiamente, pero es muy similar a eso sacar a una niña menor de edad de su medio para que sea compañera, concubina de una bola de mafiosos”, dijo, y añadió: “¿Para qué se la llevaron? Para ser la concubina de uno de estos desgraciados. A mí no me pueden decir que ella se fue sola”.

VICIADO DE ORIGEN

Uno por uno, los individuos señalados por las investigaciones como responsables del secuestro han sido vinculados con actos legalmente comprometedores o han sido asesinados. Alfredo García, El Gigio, falleció en una balacera en Nuevo Laredo, se relata en el Diagnóstico de las Condiciones de Vulnerabilidad que Propician la Trata de Personas en México, realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social en 2009, aunque el principal sospechoso es Jesús Ramón Ruelas García, El Moyo o Chuyín, quien hace unos años fue detenido en Nuevo Laredo por la portación de armas de fuego, de acuerdo con Silvia Elida Ortiz, aunque rápidamente fue puesto en libertad. El Moyo era sobrino de Rodolfo García Vargas, El Rudy, y de la hermana de éste, La Cony, quienes han sido señalados por medios locales como los responsables de abrir la plaza a uno de los cárteles de la droga en Torreón.

La misma noche en que Fanny desapareció El Rudy y La Cony preinauguraron el bar Club Fox en la esquina donde la niña fue vista por última vez. Había muchas camionetas con placas de Tamaulipas. En una de éstas, apuntan las investigaciones, se la llevaron.

En el diagnóstico referido se advierte que la encargada del bar tenía relación con “el comandante René de León, del Grupo Antisecuestros de Torreón, y que es tía del Moyo o Chuyín. La averiguación se vició y no tuvo frutos en el grupo antisecuestros, que por cierto tuvo un gran descalabro” cuando su director, Enrique Ruiz Arévalo, fue secuestrado el 15 de mayo de 2007 y no se volvió a saber de él sino hasta que apareció en un video, torturado y declarando sobre presuntos vínculos de autoridades locales con integrantes del crimen organizado.

El Moyo y miembros de su familia asediaban a Fanny cuando ella vivía en esa zona de la ciudad. Le gritaban cuando la veían en la calle y la llamaban “presumida” y “altanera” porque no les respondía. También la llamaban por teléfono. Seis meses antes de su desaparición, desde un coche, le sacaron fotografías. Una vez la defendió nada menos que el boxeador Marco Antonio Veneno Rubio, quien, al ser testigo del hostigamiento que sufría la niña en la calle, los increpó: “A ella no”. Y, por esa vez, la dejaron en paz. En otra ocasión Fanny fue a la tienda en compañía de un amigo de su hermano. Comenzaron a molestarla y el joven también trató de defenderla. Hasta que le rompieron el brazo.

PRIMEROS INDICIOS

El Moyo fue llamado a declarar. De acuerdo con el reportaje del periodista Quitzé Fernández, “La niña a quien se tragó la noche” —publicado en Semanario del diario localVanguardia en 2007—, Jesús Ramón Ruelas García declaró por primera vez el 27 de diciembre de 2004. Entonces El Moyo dijo que ese cinco de noviembre de 2004 había estado en el Sams Club haciendo compras con su esposa. Pero durante su segunda declaración, el 29 de octubre de 2005, aseguró que sólo había dicho eso por presión de las autoridades. Testigos que presentó El Moyo en descargo desmintieron posteriormente haber estado con él la noche del cinco de noviembre.

La procuraduría estatal inició hasta 2006 la averiguación previa L1-AE-004/2006. Con el paso del tiempo formularon tres hipótesis: que Fanny fue asesinada y sepultada en el fraccionamiento San Rodolfo, propiedad de El Rudy, en Torreón; que es víctima de explotación sexual comercial y, finalmente, que fue secuestrada para ser pareja de un importante líder de la delincuencia organizada. Esta última versión ha sido fortalecida por las investigaciones federales.

Hasta mayo de 2007, tres años después de su desaparición, la entonces Fevim (ahora Fevimtra) atrajo por fin la investigación para dar con Fanny. Ese mismo año miembros de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) que participaban en el caso se trasladaron a Torreón. Un día, relata Silvia Elida Ortiz, los agentes se fueron a comer unas gorditas. Cuando regresaron al carro les habían dejado un sobre en el parabrisas. Dentro había una foto con un mensaje: “Ya no la busquen, ya no se llama Stephanie. Ahora se llama Claudia”.

Silvia Elida Ortiz explica que se hicieron estudios de la fotografía y determinaron que sí se trataba de Fanny. “Sin embargo, yo no la reconozco”, dice la madre. En septiembre de 2007 Alicia Pérez Duarte les informó que Fanny había sido ubicada en un condado de Texas, Estados Unidos, y que era madre de una niña. Agentes federales incluso dijeron verla en persona. Sólo los separaba una calle. “Ella (Pérez Duarte) me dijo: ‘Tu hija la tiene uno de los jefes del cártel. La tiene como su mujer’. Y yo le dije: ‘Pues tráiganla’. Pero me respondieron que era muy peligroso”. Y añade: “¿Cómo pueden decirme eso? ¿A quién recurro entonces?”.

En el mes de octubre Pérez Duarte citó a los padres para pedirles que arreglaran sus papeles para viajar a Estados Unidos. Pero cuando todo estaba listo la fiscal les dijo que esperaran un poco más, que iba a solicitar apoyo de Eduardo Medina Mora, en ese entonces titular de la Procuradoría General de la República. La ayuda nunca llegó.

En diciembre de ese 2007 la madre de Fanny le envió un mensaje de texto a la fiscal y ésta le regresó el nombre de la comunidad en la que se suponía se hallaba Fanny: Pharr, Texas. “Vayan ustedes”, decía el mensaje. Y los padres fueron, solos y con sus medios personales. Pharr resultó una población de 46 mil personas. No encontraron nada. De regreso a México, cuando intentaron comunicarse con Pérez Duarte, se enteraron que había renunciado.

Texas no fue la única línea de investigación de las autoridades federales. En agosto de 2007, la SIEDO envió el oficio número SIEDO/UEIS/7882/2007, donde se informó que un testigo había tenido comunicación con una persona que se hizo llamar Jenny y cuyos rasgos físicos eran los de Silvia Stephanie, en el negocio One Mart, ubicado en la Avenida 71, Indian School, en Phoenix, Arizona, aunque la familia jamás lo supo. Hoy la Procuraduría de Coahuila lleva el caso. Desde 2008, Fevimtra sólo es coadyuvante.


MUERTE EN EL DF

Desde hace unos unos cuatro años las autoridades le dijeron que buscaban a Rodolfo García Vargas, El Rudy, tío del principal sospechoso y dueño del bar en cuyos alrededoresFanny fue vista por última vez, explica Elida Ortiz,. Pero el nueve de julio de 2009, El Rudy, entonces de 40 años de edad, fue asesinado en la Ciudad de México. Entonces los medios reportaron que las autoridades lo encontraron agonizando al interior de un domicilio en la colonia San Juan de Aragón, delegación Gustavo A. Madero. Había sido baleado en la cabeza, una pierna y un brazo. Fue trasladado al Hospital General Balbuena por la ambulancia A8066 del ERUM. Murió minutos después. Junto a él había un recado que decía: “Pinole por harina”. Las autoridades lo atribuyeron a un asunto de drogas, pero en la casa había una serie de fotografías de una mujer descuartizada. La Fiscalía de Homicidios de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal lleva el caso de El Rudy; en tanto, Elida Ortiz advierte que hasta la fecha las autoridades a cargo de investigar la desaparición de su hija no han tenido acceso a esas fotografías: la policía del Distrito Federal no se las ha dado.

“A mí estas cosas no se me hacen razonables”, dice Silvia Elida. “Entiendo que cada estado tiene libertad de investigación. Pero aquí estamos hablando de delincuencia organizada”. Apenas hace ocho meses agentes trasladaron a la mamá de Fanny a las oficinas de la SIEDO en la Ciudad de México para reconfirmar declaraciones, datos y nombres de posibles responsables. A estos últimos ni siquiera los han llamado a declarar.

Así llegó el séptimo aniversario del secuestro de su hija. A la familia Sánchez-Viesca Ortiz sólo le quedó poner sus lonas en Torreón, con un mensaje a los responsables. Una de ellas fue colocada en el lugar donde desapareció su hija y otras dos en las salidas de la ciudad. La primera no duró más que un día. Alguien la retiró: los familiares de los presuntos responsables siguen viviendo en esa zona.

EL PEOR DESENLACE

“Yo tuve a mi hija hasta los 16 años”, dice Silvia. “Yo sé quién es mi hija hasta los 16 años: una muchachita que estaba en su casa, que odiaba que le tiraran piropos. Ella mandaba al carajo a los muchachos. Era una chamaquita que tenía miedo de tener una relación; demasiado seria, que ni siquiera bailaba en las fiestas”.

Silvia Elida relata que los hermanos de Fanny le dicen: “Hay que ser positivos”, cuando ella externa la posibilidad de que su hija esté muerta. “Sí, hay que ser positivos”, añade la mamá. “Pero ella no hubiera aguantado esa clase de vida. Sé del síndrome de Estocolmo. Ella (podría) estar con un canijo que la tuviera bien sometida. Pero también pudo estar con un canijo que la pudo haber matado. Y, bueno, me dicen las autoridades: está viva. ¿Cómo se atreven a decir que está viva y no me la traen?”.

“Con estos señalamientos, ¿no le da miedo que pueda haber represalias contra su familia?”, pregunta la reportera. “¿Tú crees que yo tengo miedo? No tengo miedo. Ni mi familia tiene miedo. Pero a la fecha no creo que (a los responsables) les vayan a hacer nada. La maestra Teresa Ulloa, de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres (y Niñas en América Latina), me está ayudando con el caso. Independientemente de eso, yo voy a seguir pegando mantas en esta área”.


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Reportaje: Fanny, la niña a quien se tragó la noche. Vanguardia Por Quitzé Fernández.