lunes, 7 de mayo de 2012

El secuestro de Elizabeth por un militar




*Texto originalmente publicado en El Universal Gráfico el 1 de mayo de 2012

La madrugada del domingo 19 de febrero de 2012, la familia Moreno Chávez despertó a una pesadilla: Jorge Antonio González López, de 24 años, militar y vecino de la cuadra, se había metido a su casa. Los levantó a mentadas de madre y terror, acuchilló al padre y no permitió que nadie lo auxiliara por más de 40 minutos, mientras se desangraba. Luego secuestró a una de las hijas, Elizabeth Moreno Chávez, de 17 años. Hasta ahora, nadie sabe su paradero.

La historia había empezado unas horas antes, cuando en una fiesta, Jorge Antonio intentó sobrepasarse con una joven de 18 a quien llamaremos Alejandra, hermana de Elizabeth. Ésta lo rechazó y abandonó el lugar, y se fue a dormir a casa de sus primos. Jorge Antonio no supo esto último. Despechado y violento, fue buscarla a su casa,  brincó la barda y levantó a la familia de Alejandra, que dormía en el primer piso: el padre, la madre, María Laura, y sus dos hermanas menores, una pequeña de 13 años, y Elizabeth, de 17 años. Alejandra no estaba.

Como no la encontró, se dedicó a aterrorizar a la familia. Al padre, lo acuchilló en cuello, tórax y brazo; le ordenó que se acostara y lo dejó ahí, desangrándose lentamente por 40 minutos, mientras aterrorizaba a la madre y dos hijas. Finalmente decidió irse y ordenó a Elizabeth, a punta de cuchillo, que se fuera con él: “eres mi boleto de salida”, le dijo.

Cuando el militar y la niña se fueron, María Laura llamó a la policía y una ambulancia. Esta última jamás llegó al hogar, localizado en San Isidro Ixhuatepec, municipio de Tlalnepantla; así que un vecino llevó al padre al hospital. El hombre, de unos cuarenta y tantos años, permaneció internado por un mes. Estuvo al borde de la muerte, había perdido mucha sangre.

Así relatan la historia el padre y la madre. El padre todavía lleva vendado el brazo derecho. La madre carga con una abultada bolsa de papeles: los documentos que han ido juntando sobre el caso de su hija. Muestran una fotografía de Elizabeth: una adolescente  delgada, de rostro alargado, ojos oscuros y expresivos y cabello hasta el hombro, teñido de castaño claro.

La familia interpuso la denuncia en ministerio público de San Juanico. El encargado de su caso fue el licenciado Belisario de Jesús Albores Albores. Sin embargo, un mes después, el ministerio público no había ni siquiera girado una orden de aprehensión contra Jorge Antonio González. Alegó que habían enviado un oficio al Ejército para constatar que Jorge Antonio fuera militar. Y, una vez que la Secretaría de Defensa Nacional respondiera, emitirían la orden de aprehensión.

No fue la única traba, explica María Laura: Belisario Albores se negó a levantar cargos contra Jorge Antonio por lesiones, a pesar de que el padre de Elizabeth pasó un mes en el hospital, tampoco por allanamiento de morada. Es más, ni siquiera por el delito del secuestro de Elizabeth, porque, alegó, nadie había exigido rescate alguno por la adolescente.

La familia contrató a un investigador privado. Un mes después, consiguieron la sábana de llamadas telefónicas que Jorge Antonio había hecho los días siguientes al 19 de febrero. Durante las primeras 12 horas, Jorge Antonio hizo 123 llamadas: a su padre, a su novia, a sus familiares. Pero todos negaron saber su paradero.

También, de acuerdo a los movimientos registrados por su celular, en una noche Jorge Antonio emprendió un viaje frenético rumbo al estado de Chihuahua. Después se le perdió la pista.

El agente del MP en San Juanico, Belisario Albores se negaba a levantar cargos. Así que un mes después del secuestro, la familia solicitó que el caso se trasladara al ministerio público de Barrientos. Ahí, primero estuvo a cargo un licenciado Ordoñez, quien transfirió el caso a Alejandra Sánchez. Ella les dijo que se reunieran dentro una semana, porque se iba de vacaciones.

Ha terminado abril, y todavía no hay orden de aprehensión contra Jorge Antonio González López. Y la pista de Elizabeth sigue enfriándose.