sábado, 3 de octubre de 2009

La libertad de Ramsés

Ramsés Villarreal Gómez, acusado por la Procuraduría General de la República (PGR) de ser probable responsable de la serie de explosiones provocadas en septiembre en el Distrito Federal, fue liberado del Reclusorio Sur luego que un juez federal "no calificó de legal la detención".

La detención del joven de 27 años duró poco más de dos días. Fue detenido el miércoles a la una de la tarde. Y un juez federal le enmendó la plana a la PGR el viernes por la noche.

Desde que Ramsés fue detenido fuera de su casa, sus amigos y miembros de la comunidad de la UNAM se mostraron suspicaces de que existiera una detención por los bombazos un par de días antes de la marcha del 2 de octubre, fecha que había sido señalada por grupos de corte anarquista para mostrar su presencia, de nuevo. Por ejemplo, el bloque negro había acordado marchar.

Sin embargo, y aunque se evidenció la falta de elementos y de legalidad contra Ramsés Villarreal (en especial al asegurar una identificación antropométrica entre un encapuchado delgado y un joven enorme y robusto), la detención sí cumplió su objetivo mediático:

Varias notas periodísticas aseguraron que "fuentes de la PGR" investigaban los "nexos" entre Lucía Morett y Ramsés Villarreal. Aunque oficialmente, la PGR dijo que no había elementos, el "borrego" (versión falsa que correría entre reporteros y periodistas) cumplió su objetivo. Hasta los diputados del PT en la Cámara de Diputados tuvieron que negar estos vínculos. En el imaginario colectivo, entonces, quedó la idea de que Ramsés está vinculado a los grupos eco anarquistas, que a su vez (válgame la aberración ideológica) está vinculado a Lucía Morett y por ende (según el razonamiento) a las FARC.

La mayoría de los analistas de izquierda consideran a la policía estúpida y carente de análisis para entender que hay contradicciones ideológicas entre, por ejemplo, un anarquista clásico, un anarquista vegano, un marxista ortodoxo y lo que sea que sean las FARC. Yo creo que no es así. Creo que en el fondo, no les interesa comprender, pero sobre todo, no les interesa que una sociedad atiborrada de televisión se detenga a entender, a comprender los matices, las profundas diferencias. A reflexionar que detrás de bombazos hay, sobre todo, un accionar ideológico.

En ese sentido, la policía mexicana actúa como el "Ministerio de la Verdad" de 1984 de Orwell: no hay matices entre corrientes de pensamiento entre aquellos que atentan contra el "orden público". Se dedican a eliminar las palabras del diccionario que sobran. Destruyen la capacidad de comprensión de un fenómeno.

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En honor a los chavos que revindican la "acción directa", a pesar de la amenaza velada (patente en el arresto de Ramsés), y la amenaza explícita de que habría "mano dura" el 2 de octubre, éstos salieron a marchar. Y se enfrentaron a la policía. Hubo, según reportes en los medios, diez detenidos.

Escuché en el radio como un analista político, en el programa de Ezra Shabot, aseguraba que el legado del 68 estaba presente en todos nosotros, pero que ya no eran tiempos de enfrentamiento. Ahora, dijo, había otras opciones y los que seguían intentando cambiar las cosas con enfrentamientos... ésos, por supuesto, no eran herederos del 68.

Me dieron ganas de vomitar. Me cuesta trabajo entender la falta de sensibilidad de algunos analistas y periodistas. Por más pacifista y propulsor de la conciliación que uno sea, uno no puede soslayar el país en el que vive.

Yo no soy partidaria de la violencia. No reivindico la acción directa. Pero desde que tengo uso de razón, he visto en esta ciudad, y en la comarca de la que originaria mi familia, convivir la más alta opulencia, con la miseria más espantosa. Todos los días veo gente pidiendo limosna en la calle. Todos los días veo niños de la calle, niños de todas las edades creciendo en las peores circunstancias. Leo, estudio casos como el de "Casitas del Sur", las muertas de Juárez, del Estado de México, de Baja California", por sólo mencionar algunos.

Luego escucho el cinismo de los gobernantes. Escucho las mentiras y las advertencias de mano dura. Me siento enferma, indignada, humillada y ofendida. ¿Por qué los analistas no pueden ver eso? ¿Por qué si yo, desde mi cómoda capa media me siento ofendida por la clase dominante, los analistas no pueden comprender cómo se deben sentir los más de 50 millones de pobres de este país?

Escribo estas líneas y sé que me debo escuchar cursi, ridícula,"pasada de moda". Pero no puedo entender ningún análisis que no parta de que este país, esta forma de sociedad, encumbrada por gobernantes que desprecian al pueblo mexicano, es un recordatorio intermitente de la miseria en la que viven cada vez más un mayor número de mexicanos. Sería ilusorio pensar que nada ni nadie se va levantar en desacuerdo. Sería contra la naturaleza del hombre. Y qué bueno que así es.