viernes, 1 de junio de 2012

Una prenda bajo la escalera




Los papás de Ana Karina están convencidos de que a su hija se la llevaron contra su voluntad, y que el responsable es alguien que conoce a la familia.
Eran pasadas las ocho de la noche del miércoles 15 de junio de 2011. Ana Karina pidió permiso para ir con su hermana la mayor -quien ya es casada y vive aparte- a un café internet, cerca de su casa, en Reyes la Paz, Estado de México. Su mamá  les dijo que ya era tarde y mejor se quedaran a cenar todos juntos. Pero la mayor dijo que necesitaba hacer un trabajo en la computadora para su esposo.
Federico Luna y María Catalina vieron salir a su hija Ana vestida con una falda de mezclilla, una blusa amarilla y encima una torerita negra. Llevaba tenis con estrellas plateadas.
A las 10 de la noche, los papás se empezaron a preocupar, porque Ana no llegaba. Fueron a la casa de la hermana mayor y ésta dijo que ya la había dejado en la puerta de su casa. La buscaron hasta las cuatro de la mañana, en la casa, con sus amigos de la cuadra, los de la escuela, con su ex novio. Ana no apareció.
Al día siguiente, entre los tabiques de la escalera de entrada y cuidadosamente doblada, hallaron la blusa amarilla de Ana. Todo parecía indicar que la joven había regresado a la puerta de su casa, se había sacado la blusa y se había marchado sólo con la torerita encima.
Al día siguiente, la familia de Ana Karina interpuso una denuncia en el ministerio público de Los Reyes, La Paz. Han tenido que pasar por las mismas situaciones a las que se enfrentan los familiares de jóvenes desaparecidas de todo el país en esos momentos: tardanza, indiferencia. Los agentes del ministerio público no suelen tomarse en serio de la desaparición de una joven: “te dicen que ‘de seguro se fue con el novio’, o que ‘ha de estar por ahí, divirtiéndose’”.

Voces del otro lado de la línea
Los papás marcaron durante días a su celular y éste mandaba a buzón o advertía que estaba “fuera del área de servicio”. Dos semanas después, el teléfono volvió a funcionar. “Se ve que quisieron apagarlo pero por error contestaron”, explica la mamá de Ana Karina. Del otro lado de la línea “se escuchó una voz de hombre que dijo: ‘es su mamá’, y colgaron”.
Siguieron insistiendo. Más tarde contestó un señor y dijo que su esposa había comprado el celular, que no conocían a Ana Karina y que dejaran de molestar. A los dos  meses, marcaron y contestó una señora grande y dijo que no estuvieran marcando porque ahí no conocían a su hija.   “Presiento que alguien que nos conoce tiene a mi hija, porque si no, no hubieran dicho ‘es su mamá’. Y yo le echo la culpa a mi otra hija”.
--¿ustedes han entregado esta información a los ministeriales?
--No. Ya no regresamos. Es que nos pedían dinero para la gasolina-, explica el padre.
“A veces, las personas nos dicen que la han visto, pero yo no les creo, porque la he buscado por todas partes”, agrega su mamá.
--¿Ustedes creen que ella se fue por su propio pie?
--No. Ella siempre dijo que le daba mucho miedo salirse de la casa.
A Ana la describen como una niña muy alegre, de casa. Tenía 18 años. La foto muestra a una joven morena, delgada, de cabello oscuro y brillante. 15 días después de su desaparición, llamaron del bachillerato para informar que la habían aceptado como estudiante. Quienes más la extrañan, finalizan los padres, son sus hermanas menores. La siguen buscando y llorando.


Texto publicado el martes 22 de mayo de 2012 en El Universal Gráfico.


Actualización al jueves 6 de septiembre: la joven ya apareció con vida y en buen estado de salud.