lunes, 25 de junio de 2012

“El lunes les regresamos a su hija”



Lydiette Carrión
Era un buen fin de semana para los niños de la colonia San Nicolás Romero, en el Estado de México. El lunes sería Día del Niño, pero antes,  el sábado 28 de abril, un pequeñín cumplía 3 años de edad, y todo el mundo a cuatro cuadras a la redonda estaba invitado a la fiesta.
Ese sábado 28, Amayrani pidió permiso para ir al cumpleaños. Dejó su casa a las seis y media de la tarde y se dirigió al festejo. Pero al poco tiempo, su papá, Alfonso Jiménez, la llamó al celular y le preguntó dónde estaba. Ella contestó que se encontraba en la fiesta. Pero su papá no le creyó: no se escuchaba ruido, ni música.
El señor Alfonso tomó su bicicleta y se dirigió al lugar. Volvió a llamar a Amayrani y ella aseguró que seguía en la fiesta. “Yo estoy aquí y tú no estás”, le reviró su papá. Ella entonces contestó  que estaba con su amiga “Brenda” o “Andrea”, en otra fiesta un poco “más lejecitos”, colgó y apagó el celular. El papá comenzó a buscarla en las calles vecinas, sin éxito.
Sus papás la buscaron con sus amigas de la colonia. La madre de una de ellas informó que la pequeña había pasado a buscar a su hija, quien estaba enferma y no podía salir. En efecto, iba con otra  niña que nadie conocía, un poco más baja de estatura que Amayrani (quien mide 1.55 centímetros), “medio güerita, de cabello corto, redondito”. Las dos niñas se alejaron con rumbo desconocido.
Alrededor de las nueve, Amayrani prendió el celular. Se escuchaba tranquila. “Yo creo que porque la tenían con engaños”, explica la señora Norma, madre de la niña.
Amayrani aseguró que estaba en casa de su amiga Brenda o Andrea, cerca de un lugar que llaman “El Establo”, a unos 10 minutos a coche de su hogar. Con ella estaban los padres y el novio de “Brenda”, así como un hermano de la misma.
–¿Y a qué horas te vas a regresar?–, le preguntó su papá.
–Al rato–, contestaba.  
–Pásame a tu amiga.
–No quiere–, y Amayrani colgaba el teléfono.
Más tarde volvieron a llamarla, y ella dijo que su amiga estaba en otro cuarto, con su novio, y que ella estaba en compañía del hermano “Brenda”. El chico sí contestó el teléfono. Los papás de Amayrani le calcularon unos 14 o 15 años y algún trastorno mental o drogas, ya que hablaba con dificultad. “Él dijo que tampoco sabía dónde estaba”, explica el papá. Apagaron el teléfono a la media noche.
El domingo por la mañana, prendieron el celular. Contestó otro chico, a quien por la voz, le calcularon entre 15 y 17 años. “Él decía que ella estaba bien, que no nos preocupáramos. Que después la llevarían”, explica la señora Norma.
Ese domingo por la noche, la madre interpuso una denuncia en el ministerio público. Sin embargo, les advirtieron que sólo levantarían una “carpeta” sin folio, porque todavía no habían pasado 72 horas desde que Amayrani desapareciera.
El lunes a las 9 de la mañana Amayrani habló por última vez con sus familiares, dijo que ya iba en camino y colgó. La familia la llamó insistentemente, hasta que alguien devolvió la llamada desde otro teléfono. Dijo que la llevarían a un lugar llamado San Pedro al mediodía. Después, por medio de mensajes de texto, cambiaron el punto de reunión. La familia siguió insistiendo por teléfono, hasta que les llegó un mensaje en el que los amenazaban: si seguían llamándola “entonces sí le iban a hacer algo”.
Para el martes, se habían cumplido las mentadas 72 horas, pero las investigaciones no empezaron. Hasta la fecha el ministerio público dice que no ha obtenido la sábana de llamadas del teléfono de Amayrani. “Ya pasó mucho tiempo”, dice desconsolado el padre. Por la colonia, alguien arranca los carteles de Amayrani que la familia pega.
*Señas particulares de Amayrani: tiene problemas de audición y lenguaje


*Texto publicado en El Universal Gráfico el martes 19 de junio de 2012.


Actualización: Cuatro meses después, Amayrani fue hallada. Para saber más: "Un final feliz"