viernes, 1 de junio de 2012

Nallely, desaparecida por un amor en Facebook






Carlos Alberto Lara Cid vive a salto de mata en la vida real. Dejó su domicilio una vez que se volvió sospechoso de la desaparición de su pareja Nallely Francia Morales, en mayo de 2011. Sin embargo, en la red social de Facebook sigue activo. Eso sí, con diferentes identidades: a veces se hace llamar Roberto Lara Medino o Anthony Lara Flores.
María Eugenia Morales es madre de Nallely Francia y es una más en la manifestación de madres de desaparecidos que se efectuó el pasado 10 de mayo en el Ángel de la Independencia. Ella y otro de sus hijos llevan la fotografía y los datos generales de Nallely en una manta: una joven de tez blanca y ojos color miel, bajita y rostro rellenito.
En 2010, Nallely tenía 18 años y vivía en el sur de la Ciudad de México, daba clases de cerámica y había montado un negocio. Le iba bien. Conoció a Carlos Alberto, de entonces 17 años y que vivía en Tehuacán, Puebla. Aunque se vieron una vez, por varios meses mantuvieron una relación de noviazgo a través de Facebook.  Pero la madre se lamenta: “mensajearse por Facebook no es una relación”.
Para septiembre de 2010, Nallely estaba enamorada.  Dejó su negocio, sus amigos y decidió ir a vivir con Carlos Alberto y su familia a Tehuacán.  
“Yo noté que no vivía bien porque adelgazó mucho. En menos de tres meses bajó 15 kilos de peso”, añade la madre. Además, comenzó a hacerse tatuajes en el cuerpo. La familia ha denunciado que en enero de 2011, Nallely regresó a casa con golpes y quemaduras de cigarro en el cuerpo. Sin embargo, la joven no quiso presentar ninguna denuncia y a los pocos días regresó junto a Carlos Alberto.
En febrero de  2011, la señora María Eugenia acompañó a Nallely al domicilio de la madre de Carlos Alberto, en la calle 14 sur número 303, departamento ocho de la ciudad de Tehuacán. Fue la última vez que vio a su hija, aunque  mantuvieron contacto constante vía telefónica.
A inicios de marzo, Nallely informó por teléfono a su familia que habían decidido mudarse a Xalapa, Veracruz, con una tía de su novio.
El 7 de mayo a las tres de la mañana, Nallely habló por última vez con su mamá.  Llamó desde un celular desconocido, con clave de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Dijo estar bien, que estaba trabajando por las noches y que incluso le iba a mandar un dinero, pero que no podía hablar en ese momento. Se comunicó a las 9 de la mañana con su hermano. Dijo, jugando, que se encontraba “cerca de aquí y lejos de allá”, y le pidió a su hermano que la llamara a ese número por la tarde. A las 17:00 horas el joven llamó, pero el número estaba fuera de servicio.  Pasaron las horas, y luego los días sin que ella volviera a llamar. La familia de Nallely marcó a los teléfonos de Tehuacán Puebla y al celular de Tamaulipas por días, sin éxito.  
Fue hasta el 20 de junio que el hermano de Nallely logró hablar con la mamá de Carlos Alberto. Ésta negó que su hijo tuviera algo que ver con la desaparición de Nallely, alegó que Carlos Alberto había ido a Sinaloa “por unos negocios”, y que había acompañado a Nallely a tomar el camión rumbo a la Ciudad de México.
La familia de Nallely pudo trasladarse a Tehuacán hasta el 5 de julio de 2011, para realizar la denuncia  ante el Ministerio Público. Las autoridades de esa entidad citaron a Carlos Alberto y a su madre, pero esta última alegó que su hijo era menor de edad, por lo que fue exento de declarar en esa ocasión.
En octubre pasado, el caso fue tomado por la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (FEVIMTRA), que  depende de la Procuraduría General de la República.  “Pero el caso va muy lento”, dice la madre. Por ejemplo, no se han hecho mayores indagaciones sobre el celular de Tamaulipas.  Mientras tanto, Carlos Alberto sigue a salto de mara, pero sigue abriendo cuentas de Facebook con nombres falsos.  


*Texto originalmente publicado en El Universal Gráfico el martes 15 de mayo de 2012