miércoles, 5 de septiembre de 2012

Todo depende del lobo feroz




Observo a Arturo mientras habla con un matrimonio que busca a su hija adolescente. Ella  salió un día y ya no regresó. En este tiempo, la familia ha aprendido que su pequeña es mucho más compleja de lo que creían; que para ella todo esto ha sido jugar escondidillas.

Arturo les promete que encontrará a la niña. Pero si la familia no cambia, les advierte, ella se volverá a ir. La niña: menuda, rostro de muñeca, 15 años. La escuela abandonada por un novio de 23 años sin trabajo, que se dedica a poner música en los reventones de reggaeton, conocido en el barrio por pasarse con las drogas, que aparece en las fotos del Facebook bailando perreo con una chica, y con otra, otra, otra más…

Los padres se van y le pregunto a Arturo cómo sabe, con los pocos elementos que escuchamos, qué fue lo que pasó.

Durante 19 años, Arturo fue policía judicial. Ahora es investigador privado. Explica que en estos casos lo primero es verificar la familia de la muchacha. Cuando el núcleo está fracturado o se presentaron episodios de violencia, la muchacha se fue por propio pie.

“Casi siempre se va con algún lobo feroz”.

El desenlace  depende del tipo de lobo feroz con el que se haya ido.

Si se trata de un lobo ordinario, puede que la muchacha regrese con el corazón roto o embarazada, unas semanas o meses después. Quizá incluso mantenga una relación larga. La tragedia, pienso, es que una menor de edad “juntada”, por lo general deja de estudiar. Así lo demuestran las cifras oficiales: la gran mayoría de los ninis –jóvenes que no estudian ni trabajan– son mujeres. Caperucita dependerá económica y emocionalmente de su lobo feroz para siempre. (Y vivieron felices para siempre.) Si el lobo se va, la joven tendrá muy pocas herramientas para valerse por sí misma. Estará condenada a la pobreza o la dependencia.

Pero los lobos son cada vez más feroces.  Con más frecuencia, las jovencitas son enamoradas por muchachos vinculados a la delincuencia organizada, explica Arturo. En estos casos, el desenlace puede ir desde ser víctima de trata (más de la mitad de las víctimas rescatadas refieren que se fueron voluntariamente de sus casas) o terminar hecha pedacitos y arrojada en algún canal.

Por ello indigna que cuando los padres presentan una denuncia, los judiciales les digan: “se fue con el novio. Ya aparecerá”.

*Columna publicada en El Universal Gráfico el 29 de agosto de 2012