sábado, 15 de septiembre de 2012

Susana gritó. Nadie se asomó a prestar ayuda





La tarde del 26 de enero de 2012, Imer Martínez López tocó a la puerta de la señora Tenjhay. Le explicó que era el patrón de su hija, Susana González Tenjhay, pero ésta había faltado al trabajo por dos días y había apagado el celular, lo cual era extraño. Durante el par de años que la joven llevaba como asistente en el despacho contable, había demostrado ser responsable y considerada.

Tras comprobar que no la podían localizar por teléfono, varios familiares se trasladaron al departamento en el que Susy  vivía desde hacía cinco meses, en Huilango, Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Llamaron a la puerta sin resultado. Pidieron a la casera que les prestara algo para abrir el candado. Adentro hallaron solo al cachorro de Susy (un regalo del novio con el que había estado por varios años), y al que ella siempre llevaba a todas partes. Su mamá decidió llevarlo a casa para darle de comer, pero cuando buscaron su correa, no la encontraron por ninguna parte.

Los familiares preguntaron entre los vecinos. Algunos dijeron que la noche del 24 habían escuchado a una mujer gritar: “¡ya no me pegues!”, desde el departamento de Susana. Sin embargo, nadie se asomó. “Ya sabe cómo es la gente, que prefiere no meterse. Piensan que a lo mejor es un asunto privado, de pareja”, relata Alejandra González Estrada, tía de Susana, al explicar las condiciones en las que desapareció su sobrina de 22 años, quien, además de trabajar, hasta el día en que desapareció era estudiante del cuarto semestre de contaduría en la FES Cuautitlán y mantenía un promedio de 9.4.

Alejandra González muestra varias fotografías de Susana. Ojos grandes, tez morena clara. Alta. Delgada. En Facebook ha escrito: “Soy un ser humano común y corriente que cree todavía en la humanidad, en el amor, en la luz (…) Tengo la gran bendición de estar en este maravilloso lugar, con las maravillosas personas que me rodean y siempre trato de darles lo mejor de mí, aunque no lo valoren”.

El 27 de enero, la familia de Susy interpuso una denuncia ente el ministerio público, y poco tiempo después los agentes realizaron una inspección ocular en el departamento de Susana. Hallaron un recibo de una tienda Soriana, fechado el 24 de enero, a las 5:08 pm, que daba cuenta de la compra de dos cajas de píldoras anticonceptivas. Éstas tampoco se encontraron en el pequeño departamento.

Los policías ministeriales dieron fe de las pocas cosas que había en el departamento de Susana (muy pequeño, el típico hogar de una estudiante que vive sola­): un colchón inflable, una televisión grande, una parrillita eléctrica y unos pocos trastes de cocina, además de ropa y zapatos. Alejandra relata: “nunca se nos ocurrió voltear el colchón y ver si no había sangre”.

Los agentes interrogaron a dos personas de interés. El primero es Jesús Castro, padrastro de Susy, ya que ella lo había  denunciado por maltrato y era la razón por la que se había ido de la casa materna. El segundo es Alfonso Cruz Leguizamo, novio de Susy por varios años. Este último alegó que el 24 de enero la esperó en la calle y alrededor de las 10 de la noche entró al departamento para ver televisión. Como ella nunca llegó, se fue. Añadió que quería llevarse el colchón inflable y la televisión, que eran suyos. Y aseguró que Susy y él habían terminado tres meses atrás.

Pero es muy raro, explica la tía de Susana, “¿por qué pagaba la renta si ya habían terminado?”. En una entrevista posterior, Alfonso dijo que había estado esperando a la joven hasta las dos de la mañana y no había entrado al departamento.

Un mes y medio después, la madre de Susy volvió a entrar con los policías. Alguien se había llevado el colchón inflable y una olla y por primera vez notaron la ausencia de dos pantalones.

El perrito de Susana ya no es un cachorro. La señora Tenjhay lo cuida, mientras sigue buscando a su hija.


*Texto publicado en El Universal Gráfico el 11 de septiembre de 2012.