jueves, 20 de septiembre de 2012

Sobre el asesinato de la niña Esmeralda

He leído muchos comentarios que incriminan a los padres por dejar sola a la niña en la calle. Falta de educación, dicen unos; que los "pobres" dejen de tener niños como conejos, dicen otros.

¿Qué hay en la intrincada psique del mexicano que siempre culpabilizamos a la víctima? ¿Por qué hacemos tanto escarnio de aquel que ha caído? ¿Por qué?

Aquí va mi defensa personal a la familia de Esmeralda.

La madre de Esmeralda  la siguió con la mirada durante todo el andador. No la perdió de vista sino hasta que la niña llegó a la calle Francisco Villa. La tienda estaba a dos pasos del andador. La dejaría de ver por menos de 5 minutos, en una calle en la que todos se conocen y estiman. La señora se metió un momento a cuidar a su bebé de dos años. Salió casi inmediatamente. Lamentablemente, para ese momento (aunque nadie lo sabía entonces) ya se habían llevado a Esmeralda.

Cuando entrevisté a los padres, vi a una familia pobre pero digna. Su mamá no tiene educación primaria. Entiendo que no sabe leer bien. El papá de Esmeralda trabaja como diablero en la Central de Abastos. Su casa está a medio construir. Y es la última construcción de una colonia improvisada y remota. Pero todos sus hijos van a la escuela. Los mayores están en secundaria, todos van a clases  con el uniforme impecable. Vi a dos padres que aman a sus hijos,  desgarrados por la desaparición de su penúltima hija.

Quizá el único error de los padres es haber sentido seguridad en una colonia en la que casi todos los vecinos son solidarios unos con otros. Pero de hecho, al momento de la desaparición de Esmeralda fueron los vecinos quienes ayudaron a la madre. No la policía. En esa ocasión cerraron la autopista para exigir que las autoridades hicieran algo.

Por cierto, la patrulla que pidieron los vecinos  llegó muy tarde. La mentada alerta Amber jamás se activó. Los imbéciles que propagaron el rumor de que había gente golpeando y matando en ciudad Neza impidieron que la familia llegara más rápido al ministerio público. Los familiares y vecinos pidieron ayuda antes a una organización civil que a la policía. De ese tamaño es el grado de confianza en las instituciones, no sólo del lamentable Estado de México, sino de todo el país.

Toda mi solidaridad y mi cariño a la devastada familia de Esmeralda.

Lydiette Carrión


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