miércoles, 5 de septiembre de 2012

Luz del Carmen: el desvanecimiento de su rastro


Es la segunda ocasión que hablo con Araceli, madre de Luz del Carmen Miranda, desaparecida ya por cuatro meses.

En la primera ocasión, relató que, el 12 de abril pasado, ella y su esposo llegaron del trabajo y encontraron la puerta abierta y la tele prendida. Su hija de 13 años había desaparecido y sólo había llevado consigo su celular. Desde el inicio sospecharon de un vecino. Pero entraron en pánico cuando, el 17 de abril, les llegó un mensaje de texto. Una persona aseguraba que a su hija se la había llevado alguien apodado “el güero pistolas”, quien ya había matado a una muchacha en enero.

Lo que relató Araceli fue similar a decenas de historias de jóvenes desaparecidas: las autoridades dejaron pasar al menos 72 horas para proceder; la casa de la familia fue inspeccionada varios días después, y no se pudo conseguir indicio alguno. La policía jamás platicó con “N”, un niño de 11 años, la última persona que habló con Luz. A los pocos días de la desaparición de Luz, el niño murió. Fue golpeado por un tren. Muchos dijeron que se trató de un trágico accidente; otros que quizá había sido suicidio. Su muerte jamás fue investigada.

Ahora, la señora Araceli se sienta frente a mí. Se muestra más serena que la primera vez. En la oficina vecina de esta organización civil especializada en búsqueda de menores, preparan el rescate de dos niñas de 15 y 16 que se escaparon de sus casas, por problemas de violencia. Ahora identificaron a una de ellas trabajando en un bar de mala muerte.

Araceli relata que, por un tiempo, la policía descartó un rapto, y se concentró en una sola línea de investigación: que la pequeña se escapó con un novio. Pero ya hablaron con el muchacho y el papá de éste. Luz no está con él. Ahora, aseguran que se fue por estar embarazada. La señora me explica en un susurro, avergonzada de ventilar la intimidad de su hija: “el día en que desapareció, Luz tenía su periodo”.

Los papás están convencidos de que el responsable es un vecino que tiene bares donde se ejerce la prostitución. “Para mí que se la llevó con engaños”, dice la madre. Los policías piden a los padres de familia que junten pruebas: que revisen la basura del vecino en busca de huellas digitales… 

La compañía telefónica Iusacell no ha entregado la sábana de llamadas del celular de Luz del Carmen y la procuraduría no ha hecho el papeleo necesario para investigar el teléfono móvil desde el cual llegó el perturbador mensaje a la familia. Luz tenía dos cuentas de Facebook. Ninguna ha sido revisada por la policía y una ya fue cancelada. La señora Araceli por primera vez pierde toda su aparente tranquilidad. Su voz se distorsiona. “Ya son cuatro meses. La investigación no avanza”.

Desde abril a la fecha, El Universal Gráfico ha relatado las circunstancias en las que desaparecieron 16 mujeres, 13 de estos casos ocurrieron en el Estado de México o el Distrito Federal a pocos pasos de sus casas o en rutinas establecidas, como el trayecto a la escuela o el trabajo. Han sido recuperadas tres (por la seguridad de ellas se omiten sus nombres). Una de ellas, después de cuatro meses de ausencia, llamó a casa de sus papás. La recogieron en Chalco. Aseguró que se había ido por propio pie, sin embargo desde entonces ha estado sumida en una extraña depresión; en el segundo caso, a la niña “se la robaron”; fue trasladada hasta Oaxaca; en el tercero, se confirmó la trata de personas. 

De acuerdo con el siquiatra Félix Aranday, quien forma parte de una iniciativa ciudadana, en más de la mitad de los casos de trata, las jóvenes víctimas se fueron de casa voluntariamente. Alguien aprovechó que en el hogar había problemas de violencia. Por ello, incluso la probable ausencia voluntaria de menores  de edad debería ser atendida por las autoridades de inmediato. 

*Texto publicado en El Universal Gráfico el 28 de agosto de 2012.

Para conocer el inicio de esta historia: Luz del Carmen dejó la puerta abierta y la tele prendida