miércoles, 26 de septiembre de 2012

El último adiós a la niña Esmeralda


La familia, los amigos, los vecinos velan el cuerpo de Esmeralda. Es viernes por la mañana. Desvelados, toman café y te. La calle Francisco Villa ha sido cerrada para el sepelio. El féretro es pequeño, está forrado, adornado con globos y listones blancos. En la cabecera hay coronas y flores y la foto de Esmeralda en su graduación del kínder, engalanada con toga y birrete, imagen que fue tomada un par de meses antes de que la mataran.

El 5 de septiembre pasado, Esmeralda, de seis años de edad, salió de su casa a comprar pan tostado y en menos de 5 minutos desapareció sobre la calle Francisco Villa, en Los Reyes La Paz (a pocos metros de la autopista México-Puebla). 13 días después, su cadáver fue hallado en el  terreno de una casa vacía, a unos metros del lugar donde desapareció. Juan Manuel N., uno de los adolescentes que la encontraron, está detenido, acusado de ser el asesino.

El señor Miguel Ángel Ramírez, padre de Esmeralda, recibe a todos los que asisten al sepelio de su hijita Esmeralda. Su esposa Cecilia está arreglando el papeleo del panteón.

Llegan vecinos. Traen una ayuda para la familia: kilos de arroz, frijol, o un poco de dinero. En una colonia cercana, la gente hizo una colecta y una señora les ha llevado 200 pesos. Al pie del andador que lleva a la casa de Esmeralda, otras vecinas preparan comida: pollo con verduras, arroz, papas con charales.

A la cabecera del féretro, unos músicos tocan una tonada triste y dulce, con guitarra y violín. Son tíos de Esmeralda, que viajaron desde Hidalgo. A un lado, otras tías cuidan a sus hijos pequeños. Hablan náhuatl entre ellas.

Uno de los vecinos que velan a Esmeralda advierte: “los periódicos han publicado muchas imprecisiones. El día en que desapareció Esmeralda cerramos la autopista porque no venía la policía. En la prensa salió que éramos antorchistas”.

Otra mujer reclama: “Los peritos se portaron muy mal. Empezaron a regañar a la mamá por  haber mandado a la tienda a Esmeralda. Pero ella la perdió de vista 5 minutos, y aquí todos mandamos a nuestros hijos a la tienda. Todos nos conocemos”.

Los vecinos relatan que, por la noche del jueves, los padres de Juan Manuel –acusado de haber matado a Esmeralda– llegaron a dar el pésame. En la calle Francisco Villa, nadie cree que aquél sea culpable. Un hombre advierte que se trata de un buen muchacho con problemas de lenguaje, y cuando se pone nervioso tartamudea. ¿Bajo qué condiciones confesó?, cuestiona el vecino.

En cambio, el padre de Esmeralda no sabe qué pensar. Pero añade que vio cómo el muchacho pidió perdón sus padres. “Ya confesó”, agrega. Mas no quiere ocuparse de eso. No le toca a él, padre de la víctima, sino a la policía. Guarda silencio un momento. “Yo le pedía a Dios que me le regresara. Pero no así. Tenía la esperanza de que me la devolvieran viva”.

Miguel Ángel  relata que los peritos policiales no han terminado de hacer todos los análisis. Debido al avanzado estado de descomposición en el cadáver, no se pudo examinar la sangre, por lo que utilizarán un pedazo de cartílago. “Pero ya queríamos que nos entregaran el cuerpo”. La noche del miércoles, la madrina de bautizo de Esmeralda soñó con la pequeña. Ésta le decía: “por favor, madrina, ya sáquenme de aquí”. Después de que aquélla así se lo prometiera, la niña añadió: “recuerde, madrina, me prometió una muñeca”. Al día siguiente, la madrina llamó a Cecilia y le dijo que Esmeralda había ido a despedirse y pedía que ya la enterraran. Le cumplió a su ahijada y le compró no una, sino dos muñecas que guardaron en el féretro, para que acompañen a Esmeralda en su último viaje. 

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*Texto publicado en El Gráfico el 25 de septiembre de 2012