jueves, 20 de septiembre de 2012

Detrás del paro en la UACM






El conflicto en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, que mantiene a la mayoría de sus 14 mil 800 estudiantes sin clases, no se dio por generación espontánea. Como todas las crisis, tiene un trasfondo de intereses . Y por intereses me refiero al deseo (legítimo) que un grupo de personas puede tener por dirigir o decidir sobre una institución, dinero público, o cómo se hacen las cosas.

En la UACM la historia comenzó hace un par de años, cuando la rectora Esther Orozco hizo público un diagnóstico de la institución, en el que demostraba que los resultados académicos eran bajos y francamente mediocres.

Varios miembros de la universidad advirtieron, y no les faltó razón, que con sólo 10 años de existencia, era de esperarse que la universidad no alcanzara los mejores estándares.

El grupo que ahora llaman “orozquista” reviró que eran necesarias reformas para remontar los pobres resultados académicos. Tampoco les faltó razón, pero sí les faltó la capacidad de cabildeo hacia adentro de la institución; a la rectora también le faltó prudencia en sus declaraciones.

A los que rechazaron a Orozco y desde entonces la volvieron su peor enemiga, también les faltó la inteligencia de no llevarse entre las patas un proyecto tan noble como puede ser una universidad gratuita y pública.

Recientemente, con las elecciones internas y el posterior cierre de planteles, este conflicto ha alcanzado un clímax. Y se suma un factor que, si bien parece externo, está influyendo: la fragmentación de los grupos perredistas en el gobierno, a causa de la crisis que sufre el PRD.

Lo que cuelga en un hilo es la única universidad pública que se ha fundado en la Ciudad de México en los últimos 20 años, y cuyo planteamiento inicial es demostrar que la educación pública es viable y efectiva.

Por cierto, la educación gratuita y pública sí es viable. Lo han demostrado países de la más diversa orientación política. Desde Canadá hasta Cuba. El tema es que los distintos grupos recuerden el objetivo inicial y no hagan naufragar una institución tan nueva, y por tanto tan vulnerable, en sus luchas intestinas.


Columna Rendija publica en El Gráfico el miércoles 19 de septiembre de 2012