miércoles, 14 de noviembre de 2012

Balazos en el cine





Ya sabe: si usted sufre una agresión y quiere que la procuraduría capitalina cumpla con sus obligaciones, acuda a la prensa y cruce los dedos para que su caso sea trending topic  en redes sociales. De otro modo, nadie le hará caso.

El pasado 2 de Noviembre, el niño Hendrik Cuacuas asistió con su papá y su hermana al Cinépolis de Iztapalapa. Mientras veía la película recibió un balazo calibre .22 en la cabeza. Murió dos días después.

Si bien al inicio nadie se percató de que se trataba de una agresión con arma de fuego, para la madrugada del día 3, según lo que ha platicado el padre del niño, Enrique Cuacuas, los médicos se dieron cuenta y dieron parte al ministerio público. Entonces policías investigadores suscritos al mp de Cuauhtémoc (y no Iztapalapa) entrevistaron al padre un par de veces. Y hasta ahí.

Fue hasta que un diario reveló la historia,  se convirtió en trending topic en redes sociales, lo retomaron los noticieros, que el lunes 12 de noviembre, la Procuraduría anunció el “acordonamiento de la sala 2 del Cinépolis de Iztapalapa”. Iban a buscar indicios o pruebas, ver videos e interrogar testigos. ¡Diez días después!  

El caso de Hendrik tomó relevancia por inverosímil, por terrible, por cercano. Que a un hijo lo maten un día feriado, para mayor referencia, el Día de Muertos, es la peor pesadilla de cualquiera. Mucha gente va al cine. En nuestro imaginario, los homicidios  sin sentido, rituales o aleatorios solo ocurren en países como Estados Unidos. Ellos –creemos falsamente– sí se deben preocupar por la seguridad de los cines.  Ahora sabemos que en México también debemos establecer medidas de seguridad.

Por todas estas razones, el homicidio de Hendrik tuvo un impacto gigante. ¿Pero cuántos casos que son denunciados quedan en el olvido porque dejaron de ser noticia en la prensa?

El 26 de mayo de 2008, Adriana Tenorio de 19 años y a punto de dar a luz, desapareció de la puerta de su casa, en Iztapalapa. Las autoridades se negaban a tomar el caso. Su madre y los vecinos cerraron eje seis y mandaron cartas a los periódicos. Le tomaron la denuncia. Después la historia se enfrió. Dejaron de buscar a Adriana.

Quizá la solución sea exigir que, al menos una vez, se finquen responsabilidades penales a los servidores públicos que les dio flojera investigar en un principio el caso de Hendrik. 



*Según los peritajes difundidos desde ayer en la noche, se trataría de una bala perdida.


*Columna Rendija publicada el 14 de noviembre de 2012.