miércoles, 22 de septiembre de 2010

42 años de cárcel para el asesino de Alí Cuevas



El miércoles, 22 de septiembre de 2010 a las 7:13, a un año de la muerte de Alí Dessiré Cuevas Castrejón, el poder judicial del Distrito Federal emitió una sentencia de 42 años de prisión en contra de Oswaldo Morgan, expareja de Alí, informó la familia de la joven.

En una carta, advirtieron los familiares: “a pesar de que reconocemos la sentencia como un avance sustantivo en la procuración de justicia, también reconocemos que ésta carece de todos los estándares internacionales de violencia de género ratificados por el Estado Mexicano, de las medidas integrales de reparación de daño más allá del daño moral y material como son las medidas de satisfacción y no repetición que establece la Corte Interamericana de Derechos Humanos para este tipo de casos. De la misma manera, el fallo evidencia la urgente necesidad de homologar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia con el Código Penal del Distrito Federal, ya que en este último, ni los feminicidios ni la violencia de género están tipificados”.

“La búsqueda de justicia por parte de nuestra familia ha sido un proceso excesivamente extenuante en términos de tiempo, recursos, y desgaste emocional. Lo anterior cobra mayor relevancia ante la desigualdad de condiciones respecto a la defensa de Oswaldo Morgan, quien gozó de prebendas y se benefició de las irregularidades iniciales en el reclusorio Norte. Por si esto fuera poco, el hecho de que el hermano del inculpado, Humberto Morgan ejerza un cargo como servidor público de la Secretaría de Educación del Distrito Federal y sea exdiputado por esta entidad, agrava sus declaraciones y los intentos por culpabilizar a Alí de su asesinato y hacer creer en medios de comunicación que su hermano actuó en defensa legítima. Nuestra familia exige que el funcionario ofrezca una disculpa pública y acepte la verdad de los hechos, de la misma manera lo exhorta a que desmienta sus declaraciones para exonerar a su hermano”.

“A la luz de la sentencia reforzamos nuestra voluntad de darle un seguimiento estricto al caso en las instancias judiciales ulteriores, toda vez que la defensa de Morgan ha adelantado que apelará el veredicto e intentará reducir su condena. Consideramos que una disminución de la sentencia por medio de argucias judiciales por parte de la defensa de Oswaldo significaría un retroceso para la consecución de justicia en el caso de Alí. En el mismo sentido, se enviaría un mensaje de permisibilidad ante los asesinatos violentos contra otras mujeres. Por ello, seguiremos luchando por reivindicar el nombre de Alí y de otras víctimas de la violencia feminicida a través de la denuncia de cualquier hecho que atente contra el cumplimiento cabal del fallo. Tenemos la certeza de que cualquier ápice de impunidad u omisión en casos de violencia de género constituye un acto execrable. La vigilancia por parte de la sociedad civil nunca es excesiva cuando la vida e integridad de las mujeres está de por medio”.

“Agradecemos de corazón a las organizaciones, instancias, colectivos, abogad@s y público en general de México, Panamá y otros países el apoyo procurado hacia nuestra causa. La construcción de vínculos a través de la búsqueda de justicia para el caso de Alí ha sembrado conciencia en muchos sectores sobre la gravedad e invisibilización de la violencia de género. Esta gesta también nos ha permitido darle un sentido positivo a la pérdida de Alí y salir con la frente en alto, siempre congruentes con nuestros principios y convicciones. Tenemos por seguro que esta lucha es el camino para educar y prevenir otros casos de violencia hacia las mujeres. Ponemos a disposición de otras familias que por desgracia tengan que pasar vivencias similares, toda nuestra solidaridad y experiencia adquirida durante este largo proceso. Confiamos en que el trabajo hecho hasta ahora de la mano con otras personas seguirá dando frutos en aras de forjar las condiciones para una adecuada impartición de justicia ante asesinatos violentos contra mujeres”.


Familia Cuevas Castrejón
México-Panamá Septiembre 2010.

A continuación un texto que me pidieron, y no publicaron en una revista de circulación nacional, realizado en enero de 2010.

El feminicidio que le dio la vuelta al mundo




Lydiette Carrión
Ciudad de México

Un día después de cumplir 24 años, Alí Dessiré Cuevas Castrejón fue asesinada con 26 puñaladas (14 de ellas tan sólo en la cara), por su ex novio, homicida confeso. Él ha alegado defensa propia, “estado de emoción violenta”, ha intentado presentar a Alí como una mujer inestable, voluble, loca. Todo ello para reducir la pena.

Y es que, en el sistema de justicia mexicano todavía hay resquicios que permiten atenuar la pena de un hombre que asesina a una mujer, si éste alega un problema pasional, o si logra presentar a la mujer como poco honorable.


Alí tenía la nacionalidad mexicana por parte de la madre, y panameña, por parte del padre. Realizaba su tesis de licenciatura en Letras Clásicas para la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. De acuerdo con sus amigos, era una feminista activa y una ávida lectora.

Ella mantuvo un noviazgo con Oswaldo Aristóteles Morgan Colón, de 28 años, por aproximadamente un año y medio; hasta que ella decidió romper, dos semanas antes de cumplir 24 años.

El 19 de septiembre, cumpleaños de Alí (quien nació el día del temblor del 85) los dos asistieron a un evento de lectura de poesía y teatro en el Teatro del Pueblo, donde se leyó la obra de Oswaldo “Muerte en casa”.

Al terminar, ambos fueron al departamento de Oswaldo (ubicada en la calle de Ayuntamiento, colonia Centro), quien prestó su hogar para organizar la fiesta de cumpleaños de Alí, la cual se extendió hasta el día siguiente.

Asael Ramírez Soriano y José Alfredo de la Torre Caudillo, dos de los amigos de Alí, se quedaron hasta la mañana. Pero alrededor de las 10:30, declararían después ante el ministerio público, vieron que Osvaldo se portaba de forma “agresiva” hacia Alí; por lo que decidieron retirarse.

Alrededor del medio día del 20 de septiembre, Oswaldo Morgan Colón mató a Alí Dessiré con un cuchillo de cocina. El único testigo presencial es el propio Oswaldo.

En otro cuarto dormía Alejandro, un amigo de Oswaldo. Éste lo despertó y le dijo “maté a Alí”. Después, intentó quitarse la vida cortándose los antebrazos con un cuchillo de cocina.

Alejandro llamó a una ambulancia y luego a la policía.

Morgan estuvo internado bajo custodia en la Cruz Roja de Polanco a causa de una herida en el hipogastrio. Ahí, el dictamen químico forense suscrito y firmado por la perito Velia Reyes González y María Guadalupe López Cortes identificó alcohol, cannabis y barbitúricos presentes en la orina de Oswaldo.

Además el certificado médico realizado el día 21 de septiembre, firmado por el M.D. Fernando Romero Ramírez a Oswaldo Morgan con registro B-36868 en el Hospital Central Cruz Roja Mexicana refiere una herida suturada en la región hipogástrica, lesiones cicatrizadas en cuello y vendaje en ambos antebrazos.

El 25 de septiembre le dictaron auto de formal prisión en el Ministerio Público encargado del caso.

Desde entonces, Oswaldo se encuentra en el Reclusorio Norte, como procesado por el delito de homicidio calificado bajo la causa penal número 285/09 del juzgado 39 del Distrito Federal y, de acuerdo con el artículo 19 Constitucional y 297 de Código de Procedimientos Penales para el Distrito Federal, con las agravantes de saña y alteración voluntaria, según los artículos 123, 124 y 138. El juez de la causa es Francisco Salazar Silva.

LA SAÑA O LA PASIÓN

En el expediente se presentaron diversas irregularidades que dispararon la alarma entre los amigos y familia de Alí.

En primer lugar en el expediente se consignó una fotografía que no era de Oswaldo. Inmediatamente después de que se denunció públicamente esta irregularidad, el expediente fue corregido, pero ahora en el expediente constan ambas fotografías.

Oswaldo es hermano de un ex diputado local, y actualmente funcionario local, Humberto Morgan Colón. Por lo que se temió un posible tráfico de influencias. Humberto Morgan ha negado en todo momento que exista mano negra en el proceso que enfrenta su hermano.


La estrategia de la defensa de Oswaldo se ha centrado en tratar de establecer que él era tranquilo, no violento y estable. Cinco amigos de Osvaldo rindieron testimonio sobre la personalidad del joven, y también aseguraron que la relación entre él y Alí era “normal”: jamás los vieron discutir o pelear.

La defensa además trazó otro plan, que era poner en entredicho la personalidad de Alí Cuevas, su estabilidad emocional, sus relaciones personales.

Las declaraciones de Oswaldo, las preguntas de los abogados, iban encaminadas a presentar a Alí como una joven muy sola, problemática, aislada de su familia, voluble, promiscua. En las audiencias, el juez Francisco Salazar Silva prohibió preguntas al respecto, dijo, por no tener ninguna relevancia en el caso.

Todo esto hirió profundamente a la familia y amigos de Alí. Por separado, en conversaciones, tanto su padre, Conrado Cuevas; su medio hermano, Erick, y su amiga Citlali, aseguraron una y otra vez que eso no era cierto. Era muy querida, afirma Erick, tanto por su familia en Panamá como en la nuestra.

Uno se preguntaría: ¿qué tiene qué ver la personalidad de una joven para exigir justicia por su asesinato? Rosaura Ramírez de Inmujeres, explica que en México, la justicia generalmente justifica los asesinatos de mujeres, alegando un "estado de emoción violenta". Pero no se aplica la misma justicia a las mujeres cuando éstas son procesadas. Por ello es un sistema de justicia patriarcal.

Además, por lo general se trata de desvirtuar a la víctima, justificar la agresión: que si son mujeres no honorables, no virtuosas.

En efecto, cuando el caso de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez comenzó a salir a la luz, a principios de los años noventa, uno de los alegatos de las autoridades es que sólo se mataba a prostitutas o mujeres que salían a bares y cantinas solas. Más de 10 años después, el atacar el “honor” de una mujer puede todavía atenuar la pena para el homicida.


UN MEÑIQUE VS 26 PUÑALADAS

Durante su ampliación de declaración Morgan Colón, el 18 de noviembre, aseguró estar “sumamente arrepentido” de haber matado a la joven. Pero añadió: “Si no hubiéramos discutido, si no me hubiera atacado, esta circunstancia tan grave no hubiera ocurrido”.

Morgan Colón relató que por la mañana (sin tener claro qué hora era) Alí quería limpiar el departamento, y le preguntaba que dónde estaba la escoba. Comenzó una discusión donde ambos alegaron problemas familiares… “Todo se volcó en eso. Ella se acercó mucho a mi persona y me dijo que era un chaparro, yo la retiré, la empujé le toqué la cabeza y fue cuando sentí la primera puñalada. No sentí ningún dolor. La miré a los ojos y estaba pálida…” Osvaldo dijo que forcejeó con ella “y el cuchillo se fue directo a su ojo, recuerdo que le arrebaté el cuchillo y le piqué el estómago […] no recuerdo hasta que me veo flagelando mi brazo y haciendo consciente […] estaba tirada enfrente de mí”.

El 7 de diciembre, la defensa también presentó un segundo peritaje independiente, a cargo de Alfredo López, quien aseguró que una lesión en el dedo meñique derecho de Oswaldo Morgan sería consistente con las heridas que ocasionaría un forcejeo.

El perito oficial, Julio Hernández Palacios, difirió, ya que consideró que una sola herida pequeña en el dedo meñique no sería concordante con una dinámica de defensa o de intentar arrebatar el cuchillo a la otra persona, ya que en este último caso se presentarían más heridas en la palma de la mano y los dedos índice, medio y anular.

Lo que sí quedó asentado fue que el día de su muerte Alí recibió más de 20 puñaladas. La primera, una herida profunda de unos cinco centímetros que le hirió el ojo, desde la ceja derecha, hasta el pómulo derecho; 14 heridas más tan sólo en la cara; cuatro heridas en el epigastrio; tres heridas en el hipogastrio; entre otras más.

También quedó asentado que Alí no presentaba heridas defensa; en sus uñas tampoco había rastro de haber arañado a Oswaldo. En otras palabras, Alí ni siquiera levantó las manos.

LA NOTICIA VIAJA

Debido a las irregularidades, al hecho de que Alí tenía la nacionalidad panameña, al estigma que México tiene en materia de impunidad en casos de feminicidio, la embajada de Panamá en México decidió dar seguimiento al caso. Al clamor por justicia también se sumó públicamente el rector de la Universidad de Panamá.

Las amigas de Alí decidieron dar a conocer el caso: A través de Internet, de redes sociales como Facebook, de blogs, la historia de Alí empezó a cruzar fronteras, mucho antes incluso de que fuera retomado por la prensa nacional.

El caso ha dado la vuelta al mundo, explica el padre de Alí, Conrado Cuevas, en entrevista telefónica desde Panamá.

“El caso de mi hija se ha internacionalizado y se ha sensibilizado tanto, porque es un caso típico, típico. Porque todas las mujeres se han visto reflejadas en la brutalidad del trato hacia las mujeres, en la desigualdad de sus derechos.

“Desde muchos países nos han llegado comunicación: Brasil, Argentina, países en los que yo ni he estado. Sin embargo, la gente conoce del caso y se solidariza y está [al pendiente de] cuál es la respuesta de México y de sus instituciones”.

El discurso de Conrado es desgarradoramente lúcido, para alguien que acaba de perder a una hija en un crimen violento. Añade: “podría catalogarlo como un terrorismo de género”, explica porque no sólo muere la mujer, sino que se trata de “es también una situación de aterrorizar a las mujeres que quedan…”, frente a crímenes tan violentos, donde la mujer queda desfigurada.

“Por eso”, explica, “nosotros apoyamos todo lo que quieran discutir de mi hija… nosotros no queremos ser cómplices del futuro dolor de otras familias… queremos que en los futuros casos la gente salga y exija justicia”.

***


Tan sólo en los últimos seis meses el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) contabilizó 459 casos de asesinatos de mujeres en 12 estados de la República mexicana.

Yuriria Rodríguez, asesora jurídica del Observatorio (que aglutina a 43 organizaciones ciudadanas), explicó que al revisar los datos “empiezas a ver esos patrones de impunidad donde la escena del crimen no es preservada, donde ni siquiera es importante determinar una edad promedio de las víctimas; ni siquiera estamos hablando de determinar la edad exacta, ni siquiera la edad promedio que se obtiene a través de la vista o de un estudio de ADN”.

En el seis por ciento de esos casos recabados por el Observatorio, las autoridades desconocían simplemente la edad de la víctima. En el dos por ciento, las autoridades desconocían cuál fue el mecanismo o el arma que causó la muerte.

En cuanto a la relación entre víctima y victimario “es donde se hace más frecuente este patrón de impunidad, porque en el 59 por ciento, las autoridades niegan la información. La mayoría de los casos, te niegan la variable que tiene que ver con la relación víctima victimario; sin embargo, es más preocupante que en el 23 por ciento de los casos de este reporte las autoridades desconocen cuál es la relación entre la víctima y el victimario”.

Por último este descuido en las investigaciones se refleja con la información respecto del estado legal de los casos. “De 459 casos, en el 45 por ciento las autoridades te niegan esta información”: si ya existe una consignación (que no necesariamente implica que exista un detenido), si existe un ejercicio de la acción penal u otras circunstancias. Más grave aún: en el 34 por ciento las autoridades no conocen el estado del proceso; finalmente, “sólo en el 19 por ciento existen consignados, y de 459 casos, sólo el dos por ciento han tenido una sentencia.

--En el caso de crímenes que se llaman pasionales, ¿cuál es la postura del observatorio?
--Para empezar no lo podemos llamar pasional, porque entonces la violencia familiar también sería una atenuante. Sin embargo, sí consideramos que este tipo de atenuantes deben ser erradicadas de las normas. Nadie asesina a una mujer simplemente porque en ese momento entraba en un estado de exacerbación, de alteración por una cuestión pasional. Entonces, aceptar esta cuestión pasional sería aceptar que ‘la pasión mató a la mujer’, cuando realmente fue un individuo con un rostro, con un antecedente y con un objetivo final: concluir con la vida de la mujer.