miércoles, 29 de septiembre de 2010

Heroína personal

Cada persona, y cada familia, tienen pequeños héroes, héroes anónimos que los salvaron, en un momento dado, de algún problema, o de la temida soledad y la tristeza.

En el caso de mi casa materna, una heroína semanal durante muchos años fue Esther, la amiga más leal de mi mamá en tiempos difíciles, y la benefactora de mi perro Jack.

Esther, quien paciente, alegre y amigable, cada domingo desayunaba en casa, llevaba comida al perro, en tiempos en los que apenas nos alcanzaba para el gasto, y ella y mi madre pasaban la tarde hablando y bebiendo cerveza.

Conversaban hasta que caía la tarde. Y entonces Esther regresaba a su casa y comenzaba una nueva semana de clases en la Universidad, de ver incansablemente cine, y de estudiar, conocer...

Esther Morales perteneció a la primera generación de CUEC. Fue directora de "La Pulquería la Rosita", película de culto del cine mexicano y primer cortometraje del entonces flamante Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.


Además de esa medalla (por pocos ya conocida) de ser de las pocas mujeres que perteneció a esa generación que cambió al cine mexicano, Esther fue heroína de decenas de perros callejeros que fueron rescatados por ella a lo largo de los años. Ella preparaba el alimento para ellos con sus propias manos. Llegó a tener en su casa hasta seis o siete perros, y afuera de su casa alimentaba a otros más.

Yo le agradezco que, en tiempos críticos, haya sido amiga de mi madre, en los que se encontraba sola y aislada. Y agradezco haberme enseñado de cine y de vida, a pesar de su profunda timidez; agradezco su inteligencia y sensibilidad. Agradezco el panqué de nueces que cada semana llevaba a la casa y que terminaba, casi todo, en la panza de mi perro, a quien se lo daba por debajo de la mesa, en un acto de complicidad.

El día de ayer, Esther Morales, directora del primer cortometraje del CUEC, falleció a la edad de 81 años.