jueves, 1 de abril de 2010

Dos historias del infierno laboral

Un patrón (de “izquierda”, y apoyado por sus contactos en el poder del gobierno del Distrito Federal) dice a sus 30 trabajadores, después de haberles de dejado de pagar por casi seis meses: “tomen todo lo que tengo: las seis computadoras pc –que son armadas --, el servidor –también armado y ya desmontado--, los muebles (prestados), las computadoras macintosh –que no he terminado de pagar.

"Además, les dejo el nombre de la empresa y los pasivos" (las deudas, por casi 15 millones de pesos)".


El patrón, de izquierda y revolucionario, no accedió a por lo menos dejar su biblioteca personal. Tampoco el cuadro de Flores Magón que colgaba de su oficina.

***

Escribe Lich Andares: “hace tiempo que la defensa de los derechos laborales por mano propia es cosa rara. Hay una huelga de gasolineros en el sur de la ciudad. Son nueve heroicos. Los sindicatos grandes ya no hacen huelgas. Los grupos pequeños sí, a veces. Ya son raros, y cada vez más pocos. Carajo”.

Alicia propone llevar una batucada, unas despensas, pasar el día con los trabajadores, darles ánimos, para que resistan, porque en estos tiempos de “competencias”, pues la onda es hacerse “competitivo” a la mala. Ya no hay

El 23 de marzo de 2010 el Sindicato de Trabajadores de Casas Comerciales, Oficinas y Expendios, Similares y Conexos del Distrito Federal (STRACC) estallamos la huelga en la empresa ‘Auto Servicio Belem SA de CV’, con domicilio en calzada de Tlalpan no. 424, esquina Coruña colonia Viaducto Piedad, Delegación Iztacalco, México, DF.

Los trabajadores, con más de 10 años laborando en la empresa (¡10 años trabajando en una gasolinería y respirando ese horror!) “decidimos no soportar más los malos tratos y las ofensas” y decidieron hacer la revisión contractual a la empresa. “Los acuerdos con la empresa no fueron cumplidos por ella, decidimos ejercer nuestro derecho de huelga”.

De acuerdo con información emitida por el Frente Auténtico del Trabajo, para impedir la instalación de la huelga, la dueña mandó golpeadores, quienes, sobre todo, agredieron a las mujeres. Finalmente los trabajadores ganaron.

Pero la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA) decidió aplicar los criterios de la llamada reforma laboral “Lozano” y declaró ilegal la huelga.

“No deja de admirar que a pesar de que Rosario Rached, patrona y responsable, reconociera, a través de sus propios abogados, de que los trabajadores no recibían salario ni estaban afiliados al seguro social, la huelga fue declarada inexistente”.

Otra historia laboral: La huelga de los nueve años