lunes, 19 de abril de 2010

Pirámides y perros (La falacia en la cultura del mexicano)

Gandhi solía decir que la cultura de los pueblos se mide por su trato a los animales. La frase es fuerte, verdadera, y deja muy mal parados a los mexicanos.

Y eso duele.

Los mexicanos (en su mayoría),cuando les toca recibir a un extranjero, llevarán a su invitado a las pirámides de Teotihuacan. Pocos sabrán decir, con honestidad, que el centro arqueológico fue incorrectamente reconstruido por los arqueólogos, a inicios del siglo XX. En su afán por mostrar un pasado prehispánico glorioso, el gobierno de entonces no esperó para estudiar a fondo las ruinas, y las echó a perder. Excavaciones posteriores demostraron que las pirámides no estaban dispuestas de la forma en que los presurosos creadores del mito mexicano las reconstruyeron.

Pero todos hemos pasado un fin de semana familiar, lleno de “oh”s y “ah”s frente a los enormes monumentos.

Y entonces decimos: los mexicanos tenemos mucha cultura.

Cuando fui a Teotihuacan por primera vez lo hice en mi cumpleaños número 21. Fui sola. Decidí que sería una especie de rito de iniciación. Tomé el autobús, con una mochila con dos mudas de ropa, porque a la noche tomaría el tren (todavía había trenes de pasajeros) rumbo a Veracruz, la tierra de mis antepasados.

Desconté el millar de piedritas mezcladas en el cemento, que indican qué parte de la construcción no es original. El noventa por ciento de los gloriosos monumentos fue inventado. Los padres de familia llevaban a sus hijos. Un par de alemanes deambulaban con soberbia por el lugar.

A la salida, la carretera estaba casi tapizada de basura. Los automóviles jamás bajaban su velocidad al pasar al lado de un peatón. Era como si los conductores disfrutaran de amedrentar a los caminantes. Mexicanos que salían de saciarse de un glorioso pasado, sin el respeto elemental frente al otro.

Por la noche, esperé el tren. Un hombre, de unos 40 años se acercó y me pidió un cigarro. Se lo di y platicamos. Terminó invitándome a su casa.

Para un mexicano, ver viajar a una mujer sola, sobre todo si es joven, es inmoral. Y la mujer se convierte automáticamente en objeto de agresión o acoso sexual.

Los mexicanos, tan cultos. Provenientes de una cultura de dioses.

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En México ningún partido ha hecho suyo el impulsar una Ley de Protección a los animales. Los animales no votan. Peor aún, los animales no son seres, son cosas. La única forma de proteger a tu mascota, es acusar al agresor de “daño en propiedad ajena”.

Los perros callejeros, por su parte, no son de nadie. Entonces, cualquiera puede torturarlos, matarlos y la ley no los protege.

Pero, claro, los mexicanos tenemos tanta cultura. Toda ella, heredada, casi por genética.

Y entonces vienen peleas de gallos, los míticos toros, peleas de perros...

En el diario digital Nayarit en línea fue publicada una nota que daba cuenta de un video que unos adolescentes subieron a su página de facebook.

Los adolescentes son estudiantes de un Conalep en Nayarit. Sus nombres son: Marco Antonio Bernal Ledón , Herber Prexady Flores Hernández y Angel Marin González.


No subí el video al blog porque se me parte y corazón, y honestamente me dan ganas de hacer justicia por propia mano contra estos sinvergüenzas.

En el video se puede ver cómo un perro callejero es torturado hasta la muerte, por estos jóvenes, quienes permiten que unos perros de pelea lo destrocen. Los jóvenes ríen. Encuentran "chistoso" el sufrimiento hasta la muerte del animal. El diario digital, "para respetar la ley", omitió el nombre de los jóvenes y borró sus caras. Los hizo no identificables para sus vecinos.

No hay marco legal para perseguir jurídicamente esta atrocidad que, por lo demás, se repite casi cotidianamente en nuestro país.

Según José María Fernández Unsaín (+), fundador de la Sociedad General de Escritores de México, la “cultura es el paso de la inteligencia por las cosas”. No tiene nada que ver con monumentos herencia de antepasados. NI siquiera con el cúmulo de libros que se leen, sino lo que el individuo o la colectividad decide construir a partir de la información que recaba en su vida: libros, televisión, productos culturales, trabajo, pensamiento, deporte.

En el caso mexicano, tal parece que el paso de nuestra inteligencia por las cosas, en términos generales, está discurriendo entre la narcocultura, la mitificación de la violencia y el vacío. Un onanismo compulsivo, gozoso en la miseria.


El glorioso pasado mexica, o chichimeca es sólo eso: un pasado que se recuerda para no sentirse tan mal los fines de semana. Pero la inteligencia no está pasando por ese pasado. Ni por el pasado, ni la cosmovisión indígena que respetaba a profundidad cada vida, cada milagro de vida en este planeta (en particular las culturas chichimecas y nómadas del norte).

No sé si como pueblo podamos salir de esta espiral en decadencia.

Hoy mi corazón está partido.