miércoles, 18 de noviembre de 2009

La huelga de los nueve años

El pasado 13 de noviembre, medio centenar de ex trabajadores de la empresa Bordados Mecánicos (Bom) realizó una comida y tardeada. El objetivo era “darse ánimos” al cumplir nueve años de una huelga a la que no se le ve el fin, y unirse para presentar una lucha legal articulada contra lo que, explicaron, fue un fraude por parte de su antiguo patrón, Jorge Plaschinksi Ripstein.

Los trabajadores cuentan su historia.

El 13 de noviembre de 2000, el Sindicato Unidad Democrática de la Industria Textil, convenció a los más de 200 trabajadores sindicalizados de estallar una huelga para proteger el pasivo laboral de la empresa. Pero mientras ésta se realizaba, Plashinksi Ripstein declaró en quiebra a la bordadora que, en otros tiempos, fue líder del ramo.

Ya desde 1995, la empresa presentaba problemas. En ese entonces se declaró la suspensión de pagos (el cual fue autorizado y el gobierno avisó a todos los acreedores). Durante cinco años hubo problemas económicos y se realizaron paros escalonados, así como avisos de embargo precautorios.

En 1999, el sindicato apresuró la revisión de contrato colectivo, pero el patrón ya había decidido cerrar. Entonces los más de 200 empleados (160 de base y 49 de confianza) se lanzaron a huelga, como sugirió su líder Mario Martínez Dector.

“En aquel entonces creímos que iba a durar poco”, explicó uno de los ex trabajadores, mientras la carde daba fin a la comida de los nueve años de huelga, en la calle de Azares número 95.

La empresa se negó a liquidarlos y ni siquiera les devolvió su caja de ahorro. Posteriormente, los trabajadores se enteraron de que la empresa había dejado de pagar Infonavit, IMSS y todas las prestaciones desde cinco años antes. Ello a pesar de que la empresa les seguía descontando las cuotas respectivas.

Actualmente, de acuerdo con los juicios laborales entablados, los trabajadores ya han ganado la maquinaria como compensación. Pero, después de nueve años, ésta es obsoleta y se encuentra dañada por todo ese tiempo sin uso.

Lo que buscan ahora es que les den el predio donde se hallaba la fábrica, en la calle de Azares número 95, Colonia Santa María Insurgentes. Pero la defensa patronal ha alegado que ese predio no es propiedad de Plaschinski, sino de una inmobiliaria llamada Borda.

Sin embargo, durante estos nueve años, no se ha presentado representante de la inmobiliaria, por lo que los trabajadores presumen que el predio sí pertenece a su ex patrón.

“¿Por qué nos hace esto?”, cuestiona Ramiro Rodríguez Patiño, refiriéndose a su antiguo patrón, Jorge Plaschinski. “Este señor no considera el sufrimiento que ha generado. Hay compañeros que ya fallecieron, y él apuesta a que nos olvidemos de esto”, dice el trabajador, de 58 años de edad, que ingresó a la empresa desde 1978.

En nueve años, cuatro de los trabajadores ya fallecieron. Sus familias nunca recibieron la liquidación.


EL SINDICATO TRAICIONÓ

Desde el principio, los 200 trabajadores se dividieron en tres grupos: los trabajadores de confianza, los sindicalizados y los que con el tiempo todos llamaron los “disidentes” (que eran trabajadores sindicalizados pero que no creyeron en éste).

El sindicato no ha hecho nada a favor de los trabajadores, asevera Rosa Hernández Juárez. Durante cinco años “el patrón dejó de pagar seguro social e Infonavit, a pesar de que se los descontaban a los trabajadores. Y nadie del sindicato dijo nada”.

Isaac Eliseo Peña es un hombre ya mayor. Explica que entró a la empresa en 1971. “La huelga, pues fue patronal, porque nomás nos engañaron. Dijeron que, yéndonos a la huelga se aseguraba el pasivo laboral”. Pero no fue así.

“Nosotros fuimos los primeros que no creímos en el sindicato”. Porque “fuimos a una reunión, y el síndico de la quiebra dijo que ahí no tenía nada qué ver el sindicato. Y los [líderes sindicales] ya no hablaron ni nada. Se quedaron calladitos.

“Saliendo de ahí, nos fuimos a buscar una persona que nos ayudara. Por eso nos dicen los disidentes”. Actualmente, este grupo es el que más ha trabajado por que la demanda se gane a favor de todos los trabajadores, coinciden los trabajadores de los tres grupos. Y también concuerdan en que el sindicato no ha hecho nada.

--¿Qué van a hacer?
--Organizarnos—dice Pablo Galindo. –Queremos unión, porque estos cuates ya se han pasado de listos.

Por eso, se han reunido para poder juntar por lo menos el 50 por ciento de trabajadores más uno y así, dejar de ser tres grupos, y convertirse en uno solo.

Una versión de este texto se publicó en el diario El Periódico el martes 17 de noviembre de 2009.