miércoles, 7 de abril de 2010

Paulette y la pureza de la historia policiaca

¿Por qué los humanos leemos thrillers, vemos películas policiacas, o de terror? ¿Por qué casi todo microbusero guarda el Alarma o El Gráfico debajo de su asiento, para ver alternativamente mujeres semidesnudas y fotos de atropellados y asesinados?

De acuerdo con los sociólogos del cine, el hombre ve esas historias porque de este modo exorciza o conjura la posibilidad de que le ocurran. Saber que esto le pasó a alguien más alivia la tensión o el temor de que nos pase a nosotros.

También explican los sociólogos de la violencia en el cine: los seres humanos van a zoológico a ver al león; y no a los corderos. En las historias policiacas, la gente se concentra en el criminal, en el monstruo; la víctima queda sin rostro.

Este es el mecanismo del éxito de películas de asesinos seriales y thrillers.

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La muerte de Paulette ha sido más comentada y analizada por la sociedad que la entrevista de Scherer al Mayo Zambada; que el intento de homicidio de Salvador Cabañas… ha relegado en los medios casos emblemáticos de la impartición de justicia en México, como el de Alberta y Teresa, o los impunes homicidios de decenas de periodistas por el crimen organizado, los abusos de que son objeto cientos de ciudadanos, por el Ejército, en el marco de la lucha contra el narcotráfico.

Más allá de teorías de la conspiración, esto se debe a su pureza como historia policiaca.

La de Paulette inició como toda cobertura emergente en las cercanías de Semana Santa. La historia se prestaba para suplir la falta de información en el periodo vacacional: una niña de cuatro años, bonita, güerita, simbolizó desde el principio lo que habremos de llamar el síndrome de “los ricos también lloran”: una sociedad “de jodidos” (como la describió el Tigre Azcárraga hace ya una década) puede observar cómo a la gente acomodada también le ocurren desgracias.

Paulette acaparó inmediatamente la atención.

Pero el desarrollo de la historia dio para más: el hallazgo inverosímil del cadáver debajo de su propio colchón; el melodrama familiar; el comportamiento mediático de la madre y su presunto romance con su entrenador; el arraigo de los padres y las dos nanas desarrollaron la condena social hacia la madre y el desprecio unánime hacia el padre.

Posteriormente vinieron las mutuas acusaciones entre cónyuges: las infidelidades, las deudas económicas, las sospechas. El caso Paulette representa la pureza de la nota policiaca en su máxima expresión: pasiones, crimen, móviles mezquinos.


A eso hay que sumarle la aportación “a la mexicana” de la deplorable actuación de la Procuraduría del Estado de México; el inverosímil hallazgo del cuerpo de la niña 10 días después de su desaparición, debajo del colchón… las últimas declaraciones del procurador Bazbaz (del cual ya varios grupos han pedido su destitución) en las que pone en duda que Paulette fuera asesinada…

Todo esto ha sido desmenuzado hasta el cansancio por analistas. Pero, ¿se trata sólo de “alimentar el morbo”, como condenan muchos?

ENTRE EL ALARMA Y DOSTOYEVSKY

La historia policiaca retrata de la forma más fiel las pasiones de la raza humana. Esto no se logra en ningún otro género. Pero, de nuevo, hay niveles.

¿Qué hizo Dostoyevsky con la historia de un asesino? Creó Crimen y Castigo, El idiota, Demonios.

¿Qué hizo Flaubert con una nota roja (de sus tiempos) que salió en el periódico, sobre el suicidio de una mujer de clase media? Escribió Madame Bovary.

Más cercano al periodismo. ¿Qué hizo Truman Capote con el cuádruple homicidio de una familia rural que cimbró a la sociedad norteamericana en su tiempo? Fundó el nuevo periodismo estadunidense con su libro “A sangre fría”.

En la cobertura del caso Paulette extraño cosas: ¿Quién era esta niña en realidad?, ¿le gustaba Winnie Pooh o le gustaban las princesas de Disney?, ¿iba Paulette a la escuela? Si es así, ¿cómo se encuentran sus amiguitas en el jardín de niños y que les han dicho sus papás para explicarles que Paulette está muerta? ¿Qué le dijeron a sus primos o primas, a su hermana?

Quisiera saber si el procurador del Estado de México ha podido dormir estos días. ¿Está acaso indignado porque hay un infanticida suelto?, ¿Hay acaso alguien en el gobierno del Estado de México que le preocupe dejar libre a un o una infanticida?

Más a profundidad, con el tiempo, quisiera conocer los resortes de esta capa media alta, casi alta de la sociedad: cómo era la vida cotidiana de la familia Gebara Farah.


LOS OTROS NIÑOS

También extraño una nota que me explique quiénes eran Martín y Bryan Almanza Salazar, de 9 y 5 años de edad, asesinados en un retén militar hace dos días en Nuevo Laredo. ¿Iban a la escuela?, ¿quién los extraña?, ¿cuál era su caricatura favorita?, ¿qué querían ser de grandes?, ¿a qué equipo de futbol le iban?, ¿murieron de inmediato?

También quisiera quién era el menor de edad que, en 2008, cayó al Río Santiago, en Guadalajara Jalisco, y murió intoxicado con arsénico. Esto generó una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos a Conagua, la cual, fue denunciado este miércoles, fue rechazada.

¿Qué edad tenía este niño del cual no sabemos ni su nombre?*, ¿Sabía que iba a morir?, ¿qué quería ser cuando fuera grande?, ¿Quién lo lloró?

* El nombre del niño era Miguel Ángel López Rocha