lunes, 4 de enero de 2010

Macho B


En el verano de 1996, un cazador y su esposa descubrieron al que ha sido el último jaguar en el desierto de Arizona, y el último jaguar salvaje en territorio de Estados Unidos.

Iban cazando leones de montaña. Guardaron los rifles y sacaron la cámara de video. Se enamoraron de este animal. Y junto con ellos, una parte importante de la comunidad del sur de Arizona.

En primer lugar porque se trata de un felino de la selva presente en el desierto de América del norte, compartiendo su territorio con leones de montaña y osos negros. Además, aunque hasta mediados del siglo XX todavía se le había visto de manera relativamente frecuente en la región, su presencia cada vez fue más esporádica y escasa, hasta que se llegó a determinar que había desaparecido. El último reporte de jaguares en la zona había sido de 1986.

La comunidad se emocionó con el descubrimiento, y bautizó al jaguar “Macho B”.

Junto con grupos conservacionistas, biólogos y el propio gobierno local, el cazador y su esposa emprendieron un proyecto de monitoreo en un área semi montañosa cerca de la frontera con México.

Colocaron varias cámaras que tomarían fotografías cada vez que detectaran movimiento o calor durante varios años. Así descubrieron que había dos jaguares.

El equipo logró estudiar patrones de comportamiento no sólo del jaguar, sino de los otros animales: leones de montaña, gatos monteses, venados, jabalíes y el rey de ese ecosistema: el oso negro.

También lograron identificar patrones de conducta de otro animal: el hombre. Fueron fotografiados, por lo general si saberlo: jinetes, hikers, cazadores, inmigrantes indocumentados, miembros de la patrulla fronteriza, traficantes de droga al menudeo (mulas), e incluso amantes de la naturaleza que toman sus paseos totalmente desnudos. (Parece que el sur de Arizona todavía guarda la herencia hippie setentera de los que fueron a fundar comunas en medio del desierto.)

En un mismo lugar, fueron fotografiados por la misma cámara: caminantes, inmigrantes, osos, leones, un jaguar, jabalíes.

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Yo tuve una pequeña aventura en esa región.

En el verano de 2009, salí a hacer una caminata de 14 kilómetros (ida y vuelta) sola, con la única compañía de la perra de mi hermano L. Inició en Madera Canyon, en las faldas de las montañas Santa Rita, que conforman un descanso de frescor y verdor en medio del asesino calor del desierto en los meses de agosto.

D y yo caminamos muy felices las cinco millas desde madera Canyon hasta la cima de la montaña. Pero de regreso, a la mitad del trayecto, D sufrió un golpe de calor.

El golpe de calor es un problema relativamente común en los perros con dueños ineptos. Resulta que el sistema de enfriamiento de los humanos (por medio del sudor) es mucho más efectivo que el de nuestros compañeros los perros, quienes se refrescan por la lengua, mediante el jadeo. Eso hace que ellos requieran más intervalos de descanso en largas caminatas o carreras.

D. pesa más de 30 kilos. Sólo la podía cargar por trayectos, y me cayó la noche en medio de la montaña.

El Parque Nacional de las montañas Santa Rita no es como ir a caminar al Desierto de los leones (donde el peligro son los maleantes). No. Ahí arriba hay osos, jabalíes, leones de montaña. Conforme fue cayendo la noche y yo ya no podía seguir cargando a D… entré en un pequeño pánico. La dejé en medio del camino para ir a pedir ayuda.

Hablé a L., quien de inmediato salió en camino. Mientras, regresé con D para darle agua y ponerle unos hielos en la panza (los dueños de una cabaña me dijeron que debía enfriar a como diera lugar a la perra).

Me cayó la noche en plena montaña. De ida habíamos visto muchos venados. Tantos que incluso me pusieron nerviosa. En la oscuridad mi imaginación se trasladó a los osos negros.

Cuando volví con D., olía chistoso. L. nos encontró y cargó a D. fuera del bosque. Una vez en casa, nos dimos cuenta que el olor era de zorrillo. Aparentemente D tuvo un desafortunado encuentro con uno de esos animales crepusculares en mi ausencia.

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El homicidio “imprudencial” de Macho B

En los últimos años, mientras las autoridades levantaban el muro fronterizo entre Sonora y Arizona, grupos ambientalistas de ambos lados de la frontera comenzaron a alzar la voz y a denunciar que este muro no sólo afectaría los patrones de migración de personas, sino que sería un terrible impacto para el equilibrio de un sistema tan delicado como es el del desierto de Sonora-Arizona.

El norte de Sonora y el sur de Arizona forman una unidad ecológica y ambiental que no puede ser dividida sólo por una frontera, pues se trata del mismo desierto. Un desierto delicado y complejo por su estructura, ya que en él no sólo se encuentran los animales típicos de zonas áridas, como alacranes, serpientes, coyotes. En las dispersas cadenas montañosas en la región ocurre lo que se llaman “islas climáticas”: en medio de ese maravilloso desierto, en las montañas hay pequeños ecosistemas que son muy diferentes del desierto: hay profundos, si bien pequeños bosques de coníferas, las cuales pueden ser sorprendidos por tormentas de nieve incluso en noviembre. Ahí hay venados, osos, zorros, ardillas, zorrillos.

También hay montañas, cañones y sumideros semiáridos, en donde conviven animales de ambos de mundos… y como la propia presencia del jaguar indica: hay animales que son considerados propios de las regiones semiselváticas.

En medio de esta discusión se encontró Macho B. En el año de 2009, en medio de la interminable protesta de ambientalistas en contra del muro entre Sonora y Arizona, Macho B fue capturado por el departamento de “Game and Fish” de Arizona, y como resultado de un mal manejo del animal, éste murió. Todo el manejo gubernamental fue sujeto a fuerte críticas por parte de la prensa, de la comunidad y los grupos ambientalistas.

Del otro jaguar que había sido identificado en la región, nadie sabe nada. El tema del jaguar quedó fuera de la discusión del impacto ecológico del muro en la región.

Todavía hay jaguares en el lado mexicano. Los ambientalistas también trabajan muy duro para evitar que este bello animal desaparezca del complejo, mortal y profundo desierto de Sonora-Arizona.

Ese noviembre, durante las celebraciones de “All Souls Day” (una versión gringa del Día de Muertos) mucha gente de la región dedicó su pensamiento, sus fotos y sus disfraces a la memoria de Macho B.


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D. se recuperó del orín de zorrillo, de su golpe de calor y de las ampollas en las patitas. Lo más sorprendente es que no me guarda rencor. Cada vez que la veo, sólo puedo abrazarla y decirle de nuevo que lo siento y que la quiero mucho.




* Este es un relato "de oídas" de los hechos ocurridos en esa región. No es una reconstrucción exhaustiva de los hechos. Para información adecuada, favor de consultar los diarios locales.

Ver: Macho B info oficial


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