domingo, 30 de agosto de 2009

Ven y mira (crónicas de una infancia marxista)



La primera y única vez que vi “Ven y mira” fue en la televisión. Probablemente el canal 22. Yo tendría aproximadamente 11 años.

Mi papá estaba emocionado y aseguró sin titubear que se trataba de la mejor película que describía el drama de la segunda guerra mundial. Se sentó a verla conmigo y me señaló cada detalle sobre la hechura del filme; insistió en que apreciara la calidad de las actuaciones, provenientes de un país, en el que, para ser actor había que estudiar muchos años, y no ser una chavita con nariz operada de Televisa.

Me señaló la belleza del montaje (proveniente de la cultura que, de hecho, había inventado el lenguaje cinematográfico), los recursos fílmicos; pero sobre todo, recalcó una y otra vez que la Segunda Guerra había terminado gracias al valor del pueblo soviético:

--Cuando yo vivía en la URSS—decía--, no había una sola familia que no hubiera perdido por lo menos a un familiar en la guerra”.

La URSS se desbarrancó hace más de 20 años y evidenció una serie de fallas, vacíos y actos de terror en el régimen soviético.

Hoy no hay guerra fría. Sólo interminables series de televisión y películas sobre la mafia rusa que evidencian la podredumbre que se creó durante el régimen socialista. Algunas, excelentes, otras francamente ridículas.

“Ven y mira” sigue siendo para muchos un recurso fílmico de la propaganda soviética. Mandada a hacer expresamente por el Partido Comunista, para el aniversario XL del fin de la II guerra mundial.

Todos los años voy y miro en el cine una película nueva sobre el Holocausto. Voy y miro en series de televisión o bajo la firma de Steven Spielberg el drama de algún Abraham, de alguna Esther, que padecieron el yugo nazi y fueron liberados por los aliados. (No he hallado ningún filme, es más, ningún cómic que relate cómo los judíos han exterminado al pueblo palestino; porque, el discurso oficial es que los judíos siguen siendo victimizados por los terroristas árabes).

También, algunas otras películas retoman la crueldad de los soviéticos en Polonia (la cual fue verdad y es una cuenta pendiente del pueblo ruso) o hacia los grupos de gitanos en la Europa del este.

Hay pocas películas de Hollywood que expliquen cómo antes de entrar a la guerra, los magnates estadunidenses apoyaban la política de limpieza social de Hitler. O cómo éste fue apoyado por la Iglesia Católica romana.

El pueblo gitano no tiene tanto dinero ni tanta estructura para poder hacer una película anual que recuerde el exterminio al que fueron sujetos.

Sobre los experimentos médicos que los japoneses realizaron contra poblaciones chinas tampoco hay muchas películas. (Sólo recuerdo una, que se exhibió en un ciclo de cine de violencia extrema en la Facultad de Filosofía hace algunos años. La película se jactaba de haber matado a un gato de verdad para filmar una de las escenas.)

Los libros de historia sobre este periodo señalan la traición y la crueldad de Stalin. Mencionan de pasada que 20 millones de soviéticos murieron tratando de detener –sin equipo, sin táctica de guerra, ya que Stalin ya había descabezado a la mayoría de los grandes generales del Ejército rojo—la avanzada nazi.

La historia, como siempre, la escribe el vencedor. Son pocos los textos que retomen la visión de los vencidos.

Me emociona pensar en volver a ver “Ven y mira”. Por razones diversas: porque, no lo puedo negar, vengo de una familia que era profundamente pro soviética. Mis padres fueron a las Olimpiadas en Moscú en el ochenta, y me trajeron un osito Misha de peluche. También me trajeron estuchados de azúcar y cartas que me mandaron unos niños rusos, que nunca conocí ni conoceré.

En ese entonces, la unidad habitacional donde crecí estaba llena de niños chilenos, argentinos, uruguayos; hijos de exiliados políticos de aquellos países.

Ven y mira es recordar que todo eso que vivimos como planeta, la guerra fría, las dictaduras en América Latina, la lucha propagandística, fue verdad. No todo es como ahora. Mis antiguos vecinos ya no son hijos de exiliados, son chicos argenmex, y viven muy bien en México, un país que siempre abre sus puertas a la gente de piel clara. Algunos incluso, votaron por Vicente Fox.

El muro de Berlín ya no existe. Y atribuir alguna cualidad a la ex Unión Soviética es incurrir en un acto atroz de desconocimiento de la historia, o simplemente, estar pasado de moda.

Creo que todavía no hay lejanía suficiente para entender el final de la guerra fría, los errores evidentes del sistema soviético, pero también las cosas que sí hizo bien. No hay perspectiva histórica. No sé si Ven y mira proporcione alguna perspectiva, pero sigo pensando que, si bien no es la película que mejor retrata la II guerra mundial (como decía mi papá), pienso que es una gran película, con un montaje excelente, unas actuaciones de primera y un guión impecable.

Y, sí, 20 millones de soviéticos murieron tratando de detener la invasión, independientemente de que Stalin haya sido un tipejo. Hay que reconocer eso al pueblo ruso.

Ver también: Ven y mira, balas de verdad