lunes, 1 de noviembre de 2010

Cuando dejé de celebrar el Día de Muertos (Guardería ABC)



 Estuve toda una semana pensando este texto, dedicado a los 49 bebés que murieron en el incendio de la Guardería ABC.

Pretendía explicar cómo estas muertes son el eslabón perdido, o más bien invisible (invisibilizado), entre la muerte y la corrupción en México, corrupción que fue ventilada en días pasados por Transparencia Internacional.

Quería explicar que cuando en México se habla de corrupción no sólo se habla de mordidas al policía por pasarse un alto.

La corrupción que se refleja en los índices internacionales va más allá. Es aquella que permite que los altos mandos federales puedan subrogar a quien sea, y a quien pueda pagar, una guardería, sin importar las condiciones de seguridad que ésta tenga.

La corrupción, esa que mata, es aquella que, a través de una ley poco entendida, poco clara y poco respetada, permite que queden libres  todos aquellos responsables de negligencia criminal.

Todos los que permitieron que una guardería siguiera operando sin salidas de seguridad, sin alarmas contra incendio, sin extinguidores y junto a una gasolinería y a una bodega repleta de papeles.

La corrupción que más ofende a México incluye a los más altos tribunales.

Aquellos que aceptan que existe un “desorden generalizado” en el sistema de subrogación de guarderías, pero no implementan ninguna medida o sanción a los altos funcionarios que actuaron con negligencia criminal, y dar así, aunque sea un poco de certeza a los padres y madres trabajadores de este país.

Le di vueltas sesudamente para hablar de la guardería ABC. Pero, junto a este drama, aparecieron otros, muchos más. Todos ellos compartían tres componentes en común: la impunidad, la corrupción y la muerte.

Estaban, uno junto a otro, los casos de Pasta de Conchos, los asesinatos de periodistas, casos expuestos en la penumbra de datos filtrados, pero jamás resueltos de forma satisfactoria.

Estaban las matanzas de jóvenes y adolescentes en Ciudad Juárez que, si bien se daban en otro contexto, la impunidad y la falta de respuestas dejaba el mismo sabor amargo en la boca de los familiares.

Estaban las regiones sin ley, como San Juan Copala, donde se dan asesinatos de forma cotidiana y las autoridades no mueven un dedo para terminar con una situación insostenible.

Y así… a donde miré esta semana había otro caso. Estaban los de siempre, aquellos que se han vuelto parte del imaginario, por seguir abiertos, oscuros e irresueltos desde hace décadas, como los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez; como el número incontable de migrantes que han perdido la vida o han desaparecido, mientras caminan por el territorio mexicano.

Hasta que mi computadora, mi pluma, mis palabras se saturaron. Y sólo quedó una página en negro, estos días de muertos. Estos días de guardar.

La  famosa actitud de fiesta ante la muerte del mexicano, por lo menos este año en mí se ha extinguido. Espero que sea momentáneo, pero hoy, sólo queda el silencio.