lunes, 18 de julio de 2005

En Almoloya, leer es considerada una actividad peligrosa

Una de las "medidas de seguridad" en el penal federal de la Palma, como parte de los operativos realizados en ese penal federal desde el asesinato de "El Pollo", es la restricción a la lectura. Desde enero de este año, a Almoloya no entran periódicos, revistas o libros.

Apenas hace tres semanas se comenzó a permitir el ingreso de cartas personales y se volvió a implementar el préstamo de libros de la biblioteca del penal.
Esta biblioteca cuenta con una lista de cien libros aproximadamente, que en un carrito van pasando de celda en celda. Su variedad es bastante completa: los títulos incluyen clásicos de la literatura, divulgación de la ciencia, autoayuda, bestsellers e incluso marxismo. Por cierto, muchos ejemplares de esta última categoría cuentan con el sello de la extinta Dirección Federal de Seguridad.
Sin embargo no todos los presos pueden acceder a toda la lectura. El "área educativa" de cada penal federal, siguiendo el ejemplo de Abascal y sin considerar que los internos son mayores de edad, deciden si un libro es acorde o no con el nivel académico e intelectual del interno, por lo que se les puede negar el acceso a cierto material.
Otras de las medidas para evitar el relajamiento de la disciplina en Almoloya incluyen: el preso se encuentra en su celda 22 horas y 45 minutos al día. Sale al patio una hora y baja al comedor 15 minutos.
Se suspendió el trabajo, y apenas hace tres semanas se reanudaron los talleres de rehabilitación: pintura, círculos de lectura etcétera.