jueves, 19 de agosto de 2010

La cabeza detrás del #Shalalalá



Pobre Aleks Syntek, este músico anuncia que dejará su cuenta de twitter por un tiempo, debido a la intolerancia que “unas decenas” de personas mostraron frente a su última composición: El futuro es milenario.

En efecto, un día después de que se diera a conocer la canción “oficial” del Bicentenario, las palabras: Aleks Syntek y #shalalalá se volvieron trend topics en México, sobre todo, para criticar y burlarse de la canción.

Una vez que Syntek anunciara su salida de twitter pues se creó un hash tag: #sufrocomosyntek.

Nada más para el recuerdo, algunos tuits al respecto:

@Saberfra “Aleks Syntek: me retiro de twitter por la controversia generada...Cuál controversia!? todos estamos de acuerdo que la rola está del nabo”.

@naniieLXO “Mamá, en la escuela me dicen 'cancion de Aleks Syntek'! / Porque? / Que porque estoy de la chingada! #anotherjoke xDD”.

Inclusive el periodista José Cárdenas tuiteó: “para aquellos de piel sensible un consejo: no se metan a twitter c.c.p. @syntekoficial”.

Y poco antes Pepe Cárdenas (que se encontraba en su noticiero de radio Fórmula) informó: “Buscamos al ‘exquisito’ de AleksSyntek para entrevistarlo y nos dicen en su office q su agenda está llena, q en 6 meses #avolar @syntekoficial”.

Hasta aquí con el escarnio. De hecho, ya me siento culpable de repetir el drama. Y es que en el fondo, desde mi perspectiva, el señor Aleks Syntek ni siquiera es el responsable.

Creo, a riesgo de equivocarme que Syntek nunca midió las condiciones en las que se estaban desarrollando los preparativos del Bicentenario; no calculó los ánimos, ni de la prensa ni de la gente, en torno a una fiesta que está costando al erario 2 mil 900 millones de pesos, y un poquito más.

Me imagino que el equipo de productores se condujeron sin conocer los reiterados cuestionamientos que prensa y especialistas han hecho en los últimos meses sobre los costos del Bicentenario, sobre el hecho de que el productor máximo sea el australiano Richard Birch (y no un mexicano), el hecho de que se creó ex profeso, con recursos del erario, una empresa que nos costó a todos, hasta ahora (y contando) 580 millones de pesos más IVA.

Quizá Syntek no sabía que apenas la semana pasada nos habían anunciado que el monumento del Bicentenario, el cual debería celebrar nuestra independencia, estará listo hasta el último tercio de 2011; y será construido con acero finlandés que será trabajado en Italia, cuarzo brasileño que también será cortado en Italia, y con sincronizadores de viento alemanes.

Quizá tampoco sabía que el costo del monumento, que originalmente se había calculado de 390 millones de pesos, casi se duplicó; al llegar a los 690 millones de pesos.

Digamos que las aguas no eran las adecuadas para escuchar la canción oficial del Bicentenario. Pero si a uno le suma la cereza del pastel… “shalalalá”… pues el resultado es previsible.

Lo más dramático: Syntek ni siquiera compuso la letra.

Durante la conferencia de prensa, se dio a conocer que los responsables de la canción fueron Jaime López (sí, el de las memorables Chilanga banda y Calle de la soledad) y Syntek. Ambos aclararon que mientras Syntek se concentró en la música, López (sí, Jaime López) escribió la letra.

Entonces, cabe preguntarse: ¿quién decidió la utilización de “shalalalá”?

Jaime López, por cierto, mostró un lado oscuro. Aquí algunas de las declaraciones que hizo:

Al preguntársele su opinión respecto a componer esa canción del Bicentenario, dada su trayectoria como un artista crítico al sistema, contestó: Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, y la música que se merecen”.

Añadió: “sólo Hacienda conocerá cuánto me pagaron” por esto. Pero pueden estar seguros: “sus impuestos están trabajando”, añadió sarcástico.

Y es que, dijo, “uno de los problemas de este país es que de menosprecia el trabajo intelectual”.

Para López, la historia milenaria prehispánica no es México. “Lo que me disgusta como mexicano son todos esos traumas históricos”.

“A mí hay una palabra que no me agrada; creo que este país no es milenario; es centenario”.

“Yo no creo que los olmecas hayan sido México. Yo no estoy de acuerdo en que lo milenario es el pasado”.


En el fondo, esta nota chistosa, chabacana, melodramática para un músico pop (el cual personalmente no me cae mal, aunque no me gusta su música, porque no me gusta el pop) no es sino la punta del iceberg de un drama nacional: cómo llega México a los 200 años de su independencia y a los 100 años de su revolución.

Qué grupo se ha apropiado de la conmemoración y cómo. Y por qué se ha concentrado en hacer una gran fiesta, como quinceañera, y ha puesto poco énfasis en la reflexión: qué piensa el mexicano sobre sus héroes; sobre Hidalgo, Juárez, Zapata, Villa. Qué le puede decir a ese mexicano una fiesta con carros alegóricos sobre personas que pelearon, mataron y murieron por una idea de país que… ¿cuál es esa idea de país?

Entre tanto carro alegórico, música, ruido y gasto con cargo al erario... es difícil ver esas ideas, objetivos...