lunes, 17 de mayo de 2010

¿Amenazas de muerte desde la clandestinidad?

En los últimos días, las Células Autónomas de Revolución Inmediata – Praxedis G. Guerrero, reivindicaron tres atentados contra banqueros automáticos en la Ciudad de México, efectuados en semanas recientes. También aprovecharon para asumir la autoría de unas amenazas de muerte al embajador de Argentina en México. Esto último debido al arresto de cinco anarquistas en aquel país.

Pensé inicialmente no escribir sobre ello en el blog. Pero luego pensé: qué diablos. No me puedo aguantar.

La última vez que en México un grupo clandestino amenazó de muerte públicamente a una persona fue el Comando La Patria es Primero, perteneciente a Tendencia Democrática Revolucionaria (que a su vez fue una escisión del EPR, en 1999).

En ese entonces, La Patria es Primero reivindicó dos ejecuciones: la primera, el 6 de julio de 2005, cuando fue asesinado Rubén Robles Catalán, quien fuera jefe de gobierno, durante el gobierno de Rubén Figueroa, y quien fue considerado uno de los responsables directos de la masacre de Aguas Blancas.

La segunda ocurrió el 14 de septiembre de 2005. Esta vez fue muerto Miguel Ángel Mesino Mesino, dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS). TDR alegó que Mesino Mesino era un miembro de un grupo guerrillero (el EPR) que se había dirigido al lado oscuro; y en la actualidad sólo utilizaba su poder para el tráfico de madera preciosa y hacer negocios con narcotraficantes.

Aparte de la agitación política y social que se desencadenó en Guerrero, se presentaron otros aspectos secundarios: la ejecución de Mesino se prestó mediáticamente como una especie de confirmación de los señalamientos de la policía en Guerrero de que la OCSS era una organización fachada de guerrilleros.

Además las ejecuciones(en particular el de Mesino Mesino) generaron un fuerte repudio social, tanto entre la gente de a pie, como entre las organizaciones de izquierda y promovieron una fractura entre organizaciones clandestinas que duró muchos años (y probablemente continúe).

Por esos días, TDR además hizo pública una “lista negra” de futuros candidatos a ajusticiamiento, entre los que se encontraban, por supuesto, el ex gobernador Rubén Figueroa. Esa lista, por cierto, jamás se hizo se efectiva. Nadie más fue muerto.


Hace unos días, las células Praxedis G. Guerrero escribieron: “retomamos la autoría de las Amenazas de muerte que hemos hecho contra el Embajador de argentina en México vía interned (ósea mails) advirtiendo de que de no ser liberad@s l@s 5 compas detendid@s en Argentina tras la acción solidaria con Giannis Dimitrakis, procederíamos a su Eliminación Física por el representante del estado argentino en México. Mismas las cuales enviamos dos días después de la detención de los compas” (SIC).

Mientras los anarquistas (que por cierto filtran cada vez más movimientos sociales y generan simpatías, sobre todo en los sectores más jóvenes de la sociedad) retoman una acción que las guerrillas solían usar en los años setenta, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) ya viene de regreso de esas prácticas.

Este lunes, el EPR se pronunció por la desaparición del abogado y ex candidato presidencial Diego Fernández de Cevallos.

En un comunicado, lamentó y se solidarizó con la familia, y advirtió que su organización ha sentido en carne propia la ansiedad que ocasiona la desaparición forzada.

El EPR sabe, después de tener 40 años en la clandestinidad, que no hay una acción que despierte más antipatía entre la población, que las amenazas directas a personas físicas. No es lo mismo atentar contra un concepto abstracto como el Estado, el sistema financiero o bancario, que amenazar de muerte (y cumplirlo) a una persona.

El EPR lo sabe bien, después de haber pasado por un periodo de purgas intestinas en los años ochenta, lo que le costó la pérdida de legitimidad ante organizaciones y movimientos sociales y gente de a pie, de esa que no lee a Marx.