sábado, 26 de diciembre de 2009

Regalo post navideno

Hace unos dias llego la segunda parte de la entrevista a una celula del Frente de Liberacion Animal. Pero yo ando lejos, asi que sera publicada de regreso a la Ciudad de Mexico. Lo curioso es que el tema se empalmo con un regalo de Navidad que un gran amigo me hizo: “El hombre que fue jueves” de Gilbert K. Chesterton.

Por lo que llevo leido, la historia relata la aventura de un policia-filosofo que infiltra el comite central de los anarquistas en Europa. En su primera noche en contacto (debido a la indiscrecion de un militante) es elegido miembro del comite central.

Debo decir que en medio de aeropuertos y aviones, “El hombre que fue jueves” me arranco risitas, ahogadas por la conciencia de que es incorrecto reirme sola.

Baste este parrafo como regalo post navideno:

--Oigame usted. Voy a contarle algo que le divertira. Cuando me hice neoanarquista, intente todos los disfraces respetables: por ejemplo, me vestia yo de Obispo. Leia todo lo que dicen nuestras publicaciones anarquistas sobre los obispos, desde “El Vampiro de la supersticion” hasta “Sacerdotes de presa”. De aqui saque la nocion de que los obispos son unos seres extranos y terribles que ocultan a la humanidad unos crueles secretos. Pero yo me enganaba. La primera vez que pise un salon con mis botas episcopales y exclame con voz de trueno: “Humillate, humillate, oh presuntuosa razon humana”, todos adivinaron, no se como, que yo no tenia nada de Obispo y fui atrapado. Entonces me disfrace de millonario, pero me puse a defender el capital con tanto talento, que todos se dieron cuenta de que era yo un pobre diablo. Intente el disfraz de comandante. Yo soy humanitario, pero tengo bastante capacidad mental para entender la posicion delos que, con Nietzsche, admiran la violencia, el orgullo, la Guerra feroz dela naturaleza, y todo eso que usted ya sabe. Me converti, pues, en comandante. Y todo el dia desenvainaba mi espada y gritaba: “Sangre!” como quien pide vino. Repetia yo frecuentemente: “Perezcan los debiles, es la ley!”. Pero parece que los comandantes no hacen nada de eso. Y claro, me cogieron otra vez. Entonces, deseperado acudi al presidente del Consejo Central Anarquista, que es el hombre mas notable de Europa.

--Como se llama?—dijo Syme.
--Inutil, no lo conoce usted. En esto consiste su grandeza. Cesar y Napoleon agotaron su genio para que se hablara de ellos, y lo han logrado. Pero este aplica su genio a que no se hable de el, y tambien lo ha conseguido. Pero no puede usted estar a su lado cinco minutos sin sentir que Cesar y Napoleon son unos ninos comparados con el.

Callo un instante. Estaba palido, y con emocion que se reflejaba en su voz continuo:
--Sus consejos, con toda la sal de un epigrama, son a la vez tan practicos como el Banco de Inglaterra. Le pregunte: “Que disfraz debo adopter?”. El me miro con su cara enorme, indescifrable. “Quieres un disfraz seguro? Un traje que te haga aparecer como inofensivo?” Un traje en el que nadie pueda adivinar que llevas escondida una bomba?” Asenti. Entonces, exaltando su voz de leon: “Pues disfrazate de anarquista, torpe!”, rugio, haciendo retemblar la estancia. “Y no habra quien tenga miedo de ti”… Segui su consejo y nunca tuve que arrepentirme. Y he predicado dia y noche sangre y matanzas a esas pobres mujeres, y bien sabe Dios que me confiarian los cochecitos en que sacan a paseo a sus nenes...