lunes, 19 de julio de 2010

Gabino Cué, la guerrilla y los loxichas




Hay una máxima de vida que John Dillinger (un famoso ladrón de bancos de EU) solía decir: no tomes decisiones cuando estás desesperado. Sin embargo, se trata de una paradoja cruel; porque es precisamente cuando uno está desesperado, que necesita tomar acciones.

Creo que eso pasó con el pueblo de Oaxaca en la reciente elección.

Y lo que pasó con los mexicanos en la elección de 2000, cuando llegó Vicente Fox a la Presidencia.


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El pasado 4 de julio, el pueblo de Oaxaca votó Gabino Cué para ser gobernador del estado, quien fue impulsado por una alianza entre Convergencia, el PAN y el PRD.

La razón era obvia; el único modo de sancionar (aunque sea moralmente) a Ulises Ruiz Ortiz por la impunidad, los asesinatos, las desapariciones y falta de gobierno que mostró durante el conflicto magisterial de 2006, conflicto cuyos alcances y consecuencias se han presentado hasta ahora.

Frente al fresco recuerdo de los desaparecidos, las barricadas y, sobre todo, la impunidad que prevaleció (a pesar de que casi de forma unánime todos los sectores del país exigieron que Ulises Ruiz fuera removido de su cargo, esto no ocurrió), lo mínimo que pudieron hacer los pobladores de Oaxaca fue votar en contra del PRI.

Era lo mínimo. Y la gente estaba alegre.

Pero de nuevo, no hay que confundir medidas desesperadas con medidas acertadas.

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Hay historias de terror que son políticamente incorrectas para la izquierda mexicana. Son historias que, a pesar de significar el dolor para los sectores más vulnerables de la sociedad, la izquierda constituida decide no solidarizarse, porque ello implicaría ser vinculada a priori con algún grupo guerrillero.

Ese fue el caso del pueblo Loxicha, que en 1996 sufrió el hostigamiento, encarcelamiento, la desaparición forzada y el asesinato de muchos de sus miembros, por la administración de Diódoro Carrasco, y cuyo jefe técnico de gobierno era Gabino Cué.

Al ser acusados de eperristas, los Loxicha se vieron, durante muchos años, desprotegidos por las capas y grupos sociales que tradicionalmente hacen valla contra las violaciones de derechos humanos.

Y es que en esos años noventa, estaba mal visto dentro de la izquierda apoyar cualquier medida que oliera a guerrillero, a menos que esos guerrilleros fueran zapatistas.

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En La Crucecita, Huatulco, la madrugada del 29 de agosto de 1996, hubo un enfrentamiento entre el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y el Ejército. El enfrentamiento fue sangriento. Hubo muertos.

A partir de ahí, con el pretexto de que en la región Loxicha estaba operando el EPR, el gobierno de Diódoro Carrasco militarizó el estado.

El 25 de septiembre de 1996, el Ejército ingresó a la cabecera municipal de San Agustín Loxicha, para buscar “guerrilleros”.

En ese primer operativo fueron detenidos los integrantes del cabildo municipal.

De acuerdo con información de los propios loxichas, se encarcelaron a 12 indígenas , acusados de ser eperristas.

“Ocho fuimos sentenciados a 26, 29, 30 y 31 años de prisión, y cuatro más están sentenciados a 13 años y seis meses de prisión, penas privativas que son totalmente injusto, en repetidas ocasiones hemos dicho que estamos concientes que jamás cometimos delito alguno, los cuatro indígenas en mención ya alcanzan la preliberación, pero por las políticas depredadoras y excluyentes a los que hemos sido sometidos, siguen en prisión”.


Durante 1996-1997 en la región Loxicha fueron detenidas 138 personas, 250 tenían órdenes de detención, 10 personas estaban desaparecidas (posteriormente aparecieron en las cárceles) y 40 fueron asesinadas.


Tan sólo como ejemplo, está el de Selerino Jiménez Almaráz, torturado y asesinado en abril de 1997, por mandato y con la participación directa del priista Lucio Esteban Vázquez por entonces presidente municipal de esa localidad.

Este caso tardó más de ocho años en tener una dosis de justicia, ya que la viuda de Selerino, Estela García Ramírez, no dejó de exigir que se arrestara al responsable del asesinato de su esposo, hasta que llevó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

De hecho, y a raíz de la ola de asesinatos y desapariciones en la región Loxicha, la Procuraduría General de la República abrió el expediente PGR/FEMOSPP/045/2002, que estudia la presunta responsabilidad de Diódoro Carrasco Altamirano, Ernesto Zedillo Ponce de León y demás subalternos [¿esto incluirá a Gabino Cué?] en la desaparición forzada, tortura física y psicológica, ejecuciones extrajudiciales, detenciones ilegales y todo tipo de violaciones a derechos humanos.


Gabino Cué fue parte de ese gobierno.

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Durante su campaña, con tintes socialdemócratas, progresistas, Gabino Cué fue a la región Loxicha.

Reproduzco un boletín de prensa del equipo de campaña de Cué del 6 de mayo de 2010.

“En su quinto día de campaña por la gubernatura, Gabino Cué fue al encuentro de poblaciones indígenas zapotecas, como Santa Catarina Loxicha, con un alto índice de marginación y abandono”.

“Fue en Santa Catarina Loxicha, pueblo zapoteco de la sierra sur, carente de todo, menos de solidaridad y deseos de salir adelante, que se adivina en el rostro risueño de los niños que por su condición económica lucen en el más completo abandono.

“Ver casos como los de Sarita, exclamó el candidato visiblemente conmovido, ‘no sólo nos duelen, nos indignan porque habla de la desigualdad existente en una entidad carente de un mejor sistema de atención a la salud y a la alimentación, lo cual repercute en la nutrición de los pequeños.’

‘Esto no debiera suceder en un estado democrático, donde la prioridad debe ser la salud, la educación y el empleo’, agregó al confirmar que el gobierno que va a encabezar deberá tener una política social de mucha profundidad para enfrentar males relacionados con la pobreza que atacan a Oaxaca como si estuviéramos viviendo en África.

En el boletín, ni una palabra al conflicto que se arrastra desde 1996.



¿Qué fue primero?, ¿el olvido del caso Loxicha debido a su presunta vinculación con el EPR?, ¿o el olvido de que Gabino Cué participó en ello?

Quizá un poco de los dos, aunado a la necesidad del pueblo oaxaqueño de ejercer por lo menos el voto de castigo contra Ulises Ruiz. De tener un poco de esperanza. Ojalá Gabino Cué no traicione esa esperanza.