Cuando se equivoca, la Procuraduría del DF se comporta como gato panza pa´ arriba.
La semana pasada, después de anunciar la detención de Pedro Castellanos González y Ana Betsaida Duarte Acosta como -ahora sí- los presuntos responsables del feminicidio de Julia Marichal, el procurador Miguel Mancera anunció que se pondría en libertad al sobrino de Julia, Mauricio, quien llevaba arraigado casi un mes.
A la hora de anunciar su libertad, el procurador enfatizó que Mauricio fue detenido porque habían sido hallados elementos en su contra: que se contradijo al ser interrogado, que entró a la casa de Julia en su ausencia, que hay correos electrónicos que dan cuenta de peleas entre sobrino y tía. En otras palabras, la procu no ofreció ni un "usted disculpe".
Lo que no dijo Mancera ante los medios es que, antes de ser liberado, Mauricio fue amenazado: policías ministeriales le dijeron que, si emprendía algún tipo de acción legal o mediática en contra de las autoridades, lo pasaría mal. Incluso podría ser secuestrado.
También olvidó mencionar las irregularidades de procedimiento en las que cayeron las autoridades: las trabas que pusieron a la familia para acreditar una abogada particular (le dijeron que para qué, si ya tenía un defensor de oficio), quien jamás tuvo acceso al expediente de 1800 fojas; la presión sicológica a la que fue sometido Mauricio; la intención de hacerlo firmar comparecencias sin fecha ni hora...
En la conferencia no se mencionó el golpe económico que significó la defensa de Mauricio o el hecho de que la familia quedó devastada y pulverizada.
No se trata de pasar por alto los aciertos de la Procuraduría: los actuales sospechosos se encuentran detenidos porque las autoridades emplearon adecuadas herramientas de investigación: rastreo de tarjetas y llamadas, búsqueda de pruebas científicas, móvil y oportunidad.
Sin embargo, parece que sus primeros reflejos siempre son primitivos: presionar a los seres cercanos de la víctima (e incluso llegar hasta la tortura) para buscar confesiones.
Como en el chiste: hay un concurso mundial de policías, ganará el departamento que encuentre a la zorra primero, y los judiciales mexicanos presentan un elefante todo golpeado, con tehuacán chorreándole por la trompa, que grita a todo pulmón: "¡yo soy la zorra, soy la zorra!".
Columna "Rendija", publicada en El Gráfico el miércoles 4 de enero de 2012.
También: Claroscuros del caso Marichal
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