miércoles, 23 de septiembre de 2009

aNArKIstaS (crónicas de mi infancia marxista)



Mi acercamiento con el anarquismo en la infancia y adolescencia siempre estuvo sesgado. Para la niña de un padre que estudió en la Universidad Patricio Lumumba, en Moscú durante los años sesenta, hablar del anarquismo era hablar de niñerías. “El anarquismo”, decía mi papá, “es el cuento de hadas del socialismo”. El socialismo, entonces, era paso ineludible para llegar al edén que parecía ser el comunismo, momento en el que, por fin, el Estado ya no sería necesario. En ese comunismo los deseos de marxistas y anarquistas se verían cumplidos.

El anarquismo, decía mi papá, pretendía “saltarse” el paso por el socialismo y llegar a un comunismo sin antes haber construido las bases necesarias para que esa sociedad pudiera sostenerse.

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Cuando estudiaba para mis exámenes extraordinarios en el Colegio de Ciencias y Humanidades, J. me ayudó a resolver una guía para el examen de historia de México. Leímos sobre Ricardo Flores Magón. Tuvimos una discusión seria porque yo lo ataqué cuando empezó a hablar elogiosamente de Flores Magón. Fue mi culpa. Con soberbia, le dije, jamás sin reflexionar o siquiera estudiar sobre el anarquismo, que éste era el “cuento de hadas” del socialismo.

Pasé mi examen extraordinario gracias a la guía resuelta por J.

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Fue hasta el segundo año en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que en una clase sobre la guerra civil española, entendí la importancia y el alma que el pensamiento anarquista tiene en algunos países.

Guadalupe Ferrer, profesora de Historia y, en ese entonces directora de TV UNAM, acostumbraba exhibir películas para reforzar los periodos históricos que estudiábamos. Sobre la guerra civil, vimos una que relataba la manera en que los comunistas o aquellos cercanos a la Unión Soviética abandonaron a los anarquistas. Los dejaron solos por ser anarquistas.

En ese momento sentí un poco de vergüenza de mi herencia familiar, profundamente ortodoxa, pro soviética. Después de todo, los rusos no eran los héroes. Eran responsables, en gran medida, de las décadas en las que España estuvo bajo la dictadura de Franco.

También aprendí que el pueblo español (sobre todo el rural) tiene una natural inclinación hacia el anarquismo, pensamiento que, a diferencia del que promulgaban los marxistas ortodoxos en entonces, ponía énfasis en que la liberación de un pueblo debe hacerse por el pueblo mismo. Y para ello la labor del activista es de educación.

Por ese entonces me enamoré de una frase de Bakunin: "Libertad sin socialismo es privilegio, injusticia; Socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad".

¿Qué pasó con esos anarquistas españoles? Algunos llegaron a México y trajeron sus ideas que encontraron eco en el anarquismo que planteaban personajes como Flores Magón, y que retomaban el comunismo en el que vivían algunos grupos originarios en México antes de la llegada de los españoles. Se conjugó con un anarquismo comunitario, rural, horizontal.

Uno de eso refugiados españoles fundó una biblioteca de estudios anarquistas situada cerca del metro Balderas.

Después de revisar el periodo de la guerra civil español decidí ir a la biblioteca de la que ya me habían hablado mucho. Pero cuando llegué, el exiliado español ya había muerto.

Pero en la biblioteca había cientos de pasquines, folletitos, revistas de todos los países que hablaban sobre anarquismo. Ya no era el anarquismo teórico de Bakunin o el discurso de búsqueda de la educación para la emancipación del pueblo que, por ejemplo, exponía Ricardo Flores Magón (al cual, después de haber superado mi propio cuento de hadas del socialismo, admiro profundamente), sino era este anarquismo que busca su estética en los picos y botas del punk inglés, que escucha el punk desenfrenado de The Clash, hasta llegar al punk español. Era un anarquismo muy joven, muy rabioso, muy adolescente. A veces, la mayoría de las veces, muy drogo, muy atascado, muy iletrado.

Hace unos días pregunté por la biblioteca. Ya no existe. Pero ese anarquismo sigue vivo, ahora mezclado (a veces contaminado) con una sensibilidad muy especial en torno a los problemas ecológicos. A veces, ese anarquismo desaparece y sólo queda un referente. Lo que queda es más cercano a los personajes que se plantean en la película 12 monos.

De nuevo, puedo escuchar a mi padre diciendo que aquí el problema es la falta de educación y formación de las personas. Que si hay una educación marxista sólida, no se deben caer en errores como ése.

Hace unas tres o cuatro semanas, cada martes específicamente (como Fabiola Cancino me hizo notar), hay una explosión en la Ciudad de México. Las acciones no han sido reivindicadas por grupos armados de corte marxista, sino por diferentes células de anarquistas ecologistas. Un grupo en especial (llamado Práxedis Guerrero) parece tener un discurso más estudiado, más cercano a una teoría clásica del anarquismo.

Dice A. Jiménez que se la están jugando. Lofredo dice en su Postada que "esta vertiente insurreccional del anarquismo todavía debe demostrar su carácter revolucionario que con la exclusiva producción de nuevos sabotajes no alcanzará".

Otros dicen por ahí que, en la naturaleza del anarquismo, se encuentra su debilidad.

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Esta naturaleza estaría definida porque aquellos que la abrazan son muy jóvenes, casi niños. Son, en su mayoría, muy pobres y han sido marginados de las oportunidades desde la infancia. Su reacción contra el sistema es más a flor de piel (por ello esta necesidad de hacer “acciones directas” constantes, como el enfrentamiento a policías). Cuando aseguran que el sistema los oprime, saben de lo que están hablando. No es sólo un discurso.

Tienen, por lo mismo debilidades orgánicas: son menos estudiados, por lo que sus acciones conllevan menos reflexión. Tan cerca de la calle, muchos de ellos estarán más cerca de la droga y del reventón que de la revolución, la creación y la emancipación.
Esta rabia (este amor y rabia) los vuelve sectarios y a la vez, son repudiados por el resto de la sociedad, incluso por muchos que deberían ser sus aliados naturales.

Sin embargo, esa misma cualidad los hace profundamente sensibles a la realidad. Estos martes explosivos parecen ser un recordatorio (como alarma de reloj) de que las cosas en el país no están nada bien.

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Pasé por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Algunos simpatizantes del anarco veganismo ni siquiera creían que fueran verdaderos anarquistas los que harían atentados. Dicen que los protectores de animales son siempre muy pacíficos. La otra gran debilidad, el grueso de los chavos no lee.


*La biblioteca todavía existe. Pero se encuentra archivada, en búsqueda de capital para rentar un nuevo local...