lunes, 25 de febrero de 2013

Desde los ojos de la hija del tratante





En abril de 2011, las procuradurías del Estado de México y Puebla desmantelaron una banda que presuntamente levantó a dos jovencitas de 14 años en el estado de México, las mantenía cautivas y las obligaba, bajo amenazas y golpes, a prostituirse en bares poblanos.

El Gráfico ha publicado la historia de las adolescentes rescatadas y cómo hasta la fecha no han podido regresar a la escuela y viven sin protección de las autoridades en el mismo pueblo de donde fueron raptadas. En esta ocasión se pone a consideración los testimonios de otras víctimas: las hijas de uno de los tratantes, quienes, si bien no fueron explotadas, sí pasaron una parte de su infancia expuestas de manera cotidiana a los ires y venires de un prostíbulo donde explotaron a jovencitas, apenas un par de años más grandes que ellas.

Esta es la visión de Blanca, de entonces 11 años y Adela, de 13, hijas de José N N, detenido y acusado desde abril de 2011 de delincuencia organizada, lenocinio y corrupción de menores. Su declaración se encuentra en la causa penal 2/2011 con sede en San Andrés Cholula, Puebla. Hasta la fecha, ninguna organización ha logrado dar seguimiento del paradero y bienestar de estas dos niñas. Adela: “Desde que yo me acuerdo vivía con mis papás y mis tres hermanos. Pero cuando tenía como 10 años mi mamá nos llevó a vivir a mis hermanitos y a mí a Veracruz, a casa de mi abuelita. Mi papá se quedó a vivir en Los Reyes de Juárez, Puebla. Como a las tres semanas mi mamá nos dijo que se iba a ir a vivir a Estados Unidos para ganar dinero y podernos comprar cosas. Cuando mi mamá se fue mi papá nos trajo de regreso a vivir con él.

“Mi papá tiene un bar al lado de la casa que se llama El Rey. A mí me molesta porque hay muchos borrachos y luego hacen mucho ruido”.

Blanca: “Mi papá todos los días abre su bar a la hora que él quiere, pero es siempre después de las ocho, también hay como nueve muchachas que bailan con borrachos y toman cerveza con refresco. Yo esto lo he visto en las mañanas y en las noches, porque a veces me asomo al bar.

“Cuando me voy a la escuela veo a las muchachas que están bien tomadas y tienen cervezas en las mesas. En las mañanas veo esto porque mi papá cierra bien tarde el bar, como a las ocho de la mañana. La otra vez vi algo bien chistoso, porque un señor apenas iba a entrar y su esposa ya lo había ido a traer con la chancla.

“A mí me gusta ir al bar cuando no hay gente porque a veces me encuentro dinero tirado en el piso. He visto que adentro hay como 10 cuartos y cada uno tiene una cama y una mesa, y mi papá me ha dicho que esos cuartos se los da a las muchachas para que se queden a dormir. Pero yo sólo he visto a dos muchachas que se quedan: a una que le dicen Adriana, pero la apodan El Gato con Botas y otra que se llama Sandra.

“Hace rato yo andaba jugando en el bar con mis hermanos, las muchachas estaban tomando cerveza y bailando en un tubo con los señores, cuando vi mucha gente que entró al bar. Mi tía Guadalupe Sánchez, que estaba durmiendo en uno de los cuartos, despertó y nos dijo que nos tapáramos bien. Las personas que entraron eran como policías y pues ya nos trajeron para acá.

“También quiero decir que ahí —junto al bar— vive mi abuelita, que se llama Margarita, es la mamá de mi papá, y ayer en la noche —cuando nos trajeron acá— mi abuelita se fue a esconder a un gallinero que tiene en su casa, con una muchacha que creo es de Tecamachalco. Ella tiene más de 20 años porque ya no se ve chiquita y llegó a trabajar al bar casi desde que mi mamá se fue a Estados Unidos, entonces yo tenía siete años y ya voy para los 11. Esta muchacha vive con mi abuelita, pero trabaja en el bar, en la barra, pero a veces también la veo bailando y tomando con los clientes. Pero no sé por qué se haya ido a esconder con mi abuelita al gallinero, sólo sé que ella se salió del bar cuando llegaron las personas y antes de que la vieran se fue”.

Publicado en El Gráfico el 12 de febrero de 2013