miércoles, 29 de febrero de 2012

El coqueto: La huella del asesino





Para cuando la policía colombiana descubrió que había decenas de niños asesinados en diversos departamentos (provincias) de ese país, y que podía deberse a un homicida serial, Alfredo Garavito Cubillo ya había torturado y matado a más de un centenar de menores. El peor asesino en serie de América Latina llevaba siete años activo. Pasarían casi tres años más para que lo atraparan en 1999.

Las cifras de Garavito no son claras: unos contabilizan 200 niños asesinados; otros 170; el homicida reconoció 140.

En 2005, el fiscal colombiano Álvaro Vivas Botero, dictó en nuestro país su conferencia magistral “El caso Garavito: homicida serial”, y abordó las coincidencias del caso con los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.

En ese entonces Vivas Botero enfatizó que Garavito había podido actuar con impunidad durante muchos años porque no había comunicación entre las policías de las diferentes provincias de Colombia.

Si hubiera existido esta colaboración, incluso se le hubiera podido detener antes de que empezara a matar, ya que antes había abusado y torturado alrededor de 200 niños. Vivas Botero cuestionó: ¿Existe en la República Mexicana, una base de datos con todos los desaparecidos?, ¿existe intercambio de información entre procuradurías?

En días recientes, la policía mexiquense aprehendió -para luego dejar escapar- al “Coqueto”, presunto violador y asesino que operaba en el Estado de México y el Distrito Federal. Se le vincula con al menos siete feminicidios de jovencitas.

En la Ciudad de México, cuya mancha urbana cubre el Distrito Federal y el Estado de México, si bien hay ejercicios de colaboración entre procuradurías, el caso de “El Coqueto” vuelve a poner el tema en la balanza.

Se han detectado, por ejemplo, casos en que violadores detenidos en el Distrito Federal ya tenían antecedentes en el Estado de México. Pero la procuraduría capitalina se enteró hasta que había asegurado al sospechoso. Con un intercambio pleno de información, se evitarían muchos delitos de alto impacto.

Cabe preguntarse si una colaboración más profunda entre las procuradurías mexiquense y capitalina hubiera permitido una detención más rápida de “El Coqueto”. (Aunque frente al escape del presunto feminicida, quien se fugó por una ventana incluso estando esposado y vigilado, quizá las preguntas deban ser otras.)  



*Columna publicada el miércoles 29 de febrero de 2012 en El Universal Gráfico.


**Leer también: Los otros monstruos



jueves, 23 de febrero de 2012

Petardazos: el quid del porrismo





*Columna publicada originalmente en El Gráfico el 22 de febrero de 2012




Lydiette Carrión


Deveras, deveritas, así de cuates, ¿alguien realmente cree que los porros del Bachilleres 3 puedan hostigar y talonear a su comunidad, sin la complicidad de alguna autoridad? ¿A poco la Secretaría de Seguridad Pública local es tan inepta como para permitir el segundo incidente con petardos en un metro, realizado por el mismo grupo, y en menos de cuatro meses?

Los porros no sólo son una pandilla; también constituyen un jugoso capital para políticos y autoridades, que los han aprovechado en campañas, como grupos de choque en movimientos sociales, etcétera.

El PRI, por ejemplo, en los años ochenta subsidió a los porros mediante la Comisión Nacional del Deporte.

A finales de los años noventa, los porros tuvieron un declive con el cambio de gobierno en el Distrito Federal... hasta que hallaron su entrada en la flamante administración de izquierda.

En los años 2004 y 2005, profesores del CCH Naucalpan documentaron con cámara oculta que los porros de su plantel eran “compitas” de los policías municipales. Por eso, éstos sólo los detenían brevemente cuando los estudiantes los acusaban de las golpizas que les propinaban. Ese mismo año, estudiantes de las prepas 5 y 6 cerraron sus escuelas para demandar la expulsión de los porros. Añadieron -pero nadie les quiso creer-que los porros estaban entregando propaganda de políticos del PRD.

Pero, por si había dudas, ya en 2006, chicos con jerseys de las vocacionales y la universidad acamparon en el plantón de Reforma en apoyo a López Obrador. Los porros siempre han estado cerca del poder institucional. Eso los distingue de las pandillas convencionales.

¿Cómo prevenir el porrismo? Paradójicamente, la solución pasa necesariamente por acabar la criminalización de la juventud.

En la mayoría de los casos, cuando un adolescente llega al porrismo, ya ha sido marginado de su comunidad, de su barrio, del estudio y el trabajo dignos (aunque vaya en una escuela, intuye que sus expectativas no son las de otros). Ya ha perdido la capacidad de soñar con su futuro.
Son varias las autoridades que deben garantizar un futuro a los jóvenes. Pero, cabe preguntarse: ¿Cuántos de esos políticos que han sido beneficiados por los porros realmente renunciarán a ese capital político?



martes, 21 de febrero de 2012

Ventana espinosa


Tomás: un final feliz





*Imagen tomada de la página de Facebook de la organización Por Nuestros hermanos sin voz. 

** Columna "La Rendija" publicada en el Universal Gráfico el miércoles 15 de febrero de 2012


El señor Tomás es como casi cualquier otro ser humano: con virtudes y defectos, y lleno de afecto para su familia. Sin embargo, en su caso, esta familia no es humana; se compone por perros y gatos que, junto a él, comparten la dura realidad de vivir en la calle.

Tomás -que también responde al nombre de Agustín o Pablo- es un hombre mayor en situación de calle. Por años ha sido conocido entre las organizaciones protectoras de animales, ya que desde su situación de calle, ha rescatado a decenas de animales de Tultitlán, Estado de México.

A mediados de enero, sin embargo, el antirrábico y la policía municipal realizaron un extenso operativo para llevarse a sus perros. Un policía amagó al señor Tomás con una pistola. Las autoridades alegaron que había una queja de los vecinos y que los perros habían atacado a personas. Sin embargo, nunca se aportaron evidencias o casos.

Los perros iban a ser sacrificados el 31 de enero. Pero la asociación Nuestros Hermanos sin Voz coordinó una movilización en la que participaron otras organizaciones. Al final, entre todos lograron negociar con las autoridades municipales, y acordaron que los perros serían trasladados a un albergue en el estado de Hidalgo. Al señor Tomás se le permitiría conservar cuatro de ellos en el terreno donde vive.

Durante el tiempo en que Tomás estuvo separado de sus perros, su salud se deterioró bastante. Ahora, los esfuerzos se concentran para que la recupere. La solidaridad que le ha demostrado es el mejor regalo del Día de la Amistad que pudo haber tenido.

Esta historia, hasta ahora, ha tenido un final feliz. Sin embargo, cuando se trata de mascotas, casi nunca lo es. Según protectoras de animales, siete de cada 10 perros regalados -en fechas como Navidad o San Valentín- terminan en las calles. Ni hablar de la suerte de los gatos.

Veterinarios han detectado que la Marquesa es lugar favorito de familias para abandonar a aquellos cachorros que les regalaron en Navidad. Para Semana Santa, los perritos que fueron regalados el 25 de diciembre están vagando por la carretera. Muchos mueren atropellados. Y mientras sufren muchísimo. Además, se genera un problema de salud y seguridad pública.

La solución jamás será la crueldad hacia perros y gatos, sino ser responsables. Empezar por no adoptar una mascota si no se tiene la verdadera intención de que forme parte de nuestra familia por toda la vida.



miércoles, 8 de febrero de 2012

Fue en un cine


Columna "Rendija" publicada en El Gráfico el 8 de febrero de 2012. 


El viernes 3 de febrero, cuatro estudiantes de secundaria -dos niños y dos niñas de entre 13 y 14 años- tuvieron el permiso de sus papás para ir, por primera vez, solos al cine. Era su primer ejercicio de independencia. Nunca pensaron que terminaría tan mal.

Dejaron las mochilas en casa de uno de ellos, caminaron al metro y viajaron una estación. Llegaron al Cinemex Pabellón del Valle, localizado en un pequeñito centro comercial cuyos principales atractivos son un Chedraui en la planta baja y, por supuesto, el cine en el tercer piso. La película: Viaje II La Isla Misteriosa. Función: 3:40 de la tarde.

Al iniciar la película, una pareja de novios de entre 20 y 25 años empezó a causar alboroto. Una de las niñas de secundaria les pidió que se callaran. La mujer la agredió verbalmente. Se hicieron de palabras.

Pero el novio de la joven tuvo una respuesta desmesurada y violenta: se levantó de su asiento y golpeó con el puño cerrado a la niña. Le rompió los lentes, le cerró el ojo y le causó derrame ocular; además le cortó el párpado y el pómulo. Lesionó la retina, y actualmente, se corre el riesgo de desprendimiento.

Los agresores huyeron de la sala, sin que nadie lo impidiera.

Uno de los chicos, también de 14 años, los persiguió: gritó que alguien lo detuviera, pero nunca apreció ningún policía de la plaza. El chico desistió y regresó a ayudar a su amiga.

Mientras tanto, en la dulcería del cine, una joven le regaló un poco de hielo a la chica agredida. En el establecimiento no había botiquín médico; alguien les obsequió en el Chedraui unas muestras gratuitas de analgésico.

Los chicos hablaron con el gerente del cine, Víctor Fernández. Éste nunca llamó al personal de seguridad ni tampoco les proporcionó ayuda médica. Se limitó a darles unos pases de cortesía, e insistió en que la empresa no se haría responsable de lo sucedido. Explicó que el cine no cuenta con personal de seguridad; excepto aquel que contrata la plaza comercial.

Los padres de la menor agredida solicitaron ver las cintas de seguridad para identificar al hombre que la golpeó. Pero el gerente Fernández les dijo que para ello debían contar con una orden judicial. Actualmente los padres de la niña ya presentaron denuncia ante el MP. Tienen pocas expectativas de éxito. Por cierto, en la escuela, algunos padres de familia culparon a la niña, por haber pedido a la pareja que guardara silencio.

martes, 7 de febrero de 2012

Tarde de lectura entre entrevistas

Me gustan los libros. Me gusta el café. (experimentando con la función de subir posts desde el teléfono)

La rídicula estela de luz

¿A poco no parece un edificio enano y sin chiste?

Casitas del Sur, a la ONU


*Columna publicada en el Universal Gráfico el 1 de febrero de 2012.


Este mes se cumplieron tres años desde la desaparición de 11 niños de Casitas del Sur, albergue  administrado por la Iglesia Cristiana Restaurada.
Ahí, la Procuraduría capitalina (PGJDF) enviaba a pequeños cuyos padres se hallaban en procesos judiciales. Hasta ahora, sólo un niño ha sido recuperado.

Se comprobó que casos similares se habían presentado en Monterrey y Cancún. Se trataba de una red que operaba en varios estados de la República.

En ese entonces, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) advirtió que el problema de fondo es que ninguna institución —ni la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso), la PGJDF o cualquier otra— tenía un padrón de niños en albergues y mucho menos supervisaba su bienestar.

Ahora, si bien se han establecido protocolos para resolver este problema en el DF,  ni la Sedeso ni la PGJ los han implementado a cabalidad, acusa la CDHDF.
En septiembre de 2009, entrevisté vía telefónica a Mayte Bello Azamar, quien se quedó a cargo de dos sobrinas que vivieron por cinco años en Casitas del Sur. Ella decía:  “La más chiquita, de ocho años [en ese entonces], viene traumada… Quisiera que me platicara bien, pero nada. Se agacha y se queda callada”.

La sobrina más grande, de 13 años, le platicaba que si no cantaban “lo de su religión” (de la Iglesia Restaurada) tenían que hacer planas de escritura. “Mi hermana decía que estaban bien. Pero cada fin de año les decían que sus hijas reprobaban”. Después descubrió que sus sobrinas no tenían registros escolares en la SEP.

La asistencia privada fue el negocio redondo de este grupo criminal. Además del tráfico de niños, Reinsac AC (a la cual pertenecía Casitas del Sur) recibía donaciones de empresas como Walmart de México, Muebles Troncoso, Fundación Sólo por Ayudar IAP (constituida en 1985 por Lolita Ayala). No sólo embaucó a la PGJ, sino a varias fundaciones altruistas que actuaron de buena fe. Y por supuesto, los familiares de varios niños debían pagar cuotas.

En 2009, el caso fue presentado por familiares de los niños desaparecidos ante la ONU. En abril de 2011, la CDHDF lo llevó al Grupo de Trabajo sobre Desaparición Forzada e Involuntaria de Personas de la ONU. ¿Qué quiere decir esto? Que el Estado mexicano puede ser responsabilizado e incluso juzgado por estos hechos.

Ojalá y antes de que esto suceda, el gobierno de verdad se haga cargo y los encuentre.

lunes, 6 de febrero de 2012

Nuevo León, cuando el desaparecido es un "poli"


Los policías no son inmunes a la desaparición forzada, con casos donde las autoridades encubrieron o participaron en el secuestro de sus compañeros.



Reportaje publicado en Milenio Semanal en diciembre de 2011

El agente Giovany Urbina Aguilera terminó su turno. Salió del módulo de Licencias, donde laboraba, en el parque Tucán, en Valle Verde, Monterrey, y se dirigió a donde había estacionado su auto. Minutos después, como relataría luego a los familiares, un amigo y compañero de Giovany también salió del módulo y, ya en la calle, un muchacho que ponía papel polarizado a los autos le preguntó si había visto “el levantón”. La camioneta Cherokee blanca modelo 1996 de Giovany ya no se encontraba allí. Eran pasadas las cuatro de la tarde del viernes 26 de septiembre de 2008.

Más adelante, otros testigos señalarían que Giovany, de entonces 25 años, había sido secuestrado por personas que llevaban chalecos con insignias de la Agencia Federal de Investigación (AFI) y que portaban armas largas. Bajaron de una camioneta Yukon y obligaron al joven agente a subirse a su propioa Cherokee. Ese mismo día, un poco más temprano, fue el último en que se vio a Julián Urbina Torres y a Julián Eduy Aguilera, padre y hermano de Giovany, respectivamente. Ambos se desempeñaban también como agentes de tránsito. Lo último que se supo de ellos es que a las tres de la tarde de ese mismo viernes entregaron sus motocicletas en las oficinas de la Secretaría de Vialidad y Tránsito de Monterrey para dirigirse a su camioneta Ford Ranger azul modelo 1987. Un testigo advirtió que se les vio hablando con dos sujetos para después subir los cuatro a la Ranger azul.

El caso de Giovany Urbina ha sido atraído por el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias (GTDFI) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pues se encontraron elementos suficientes para considerar que las autoridades participaron en el hecho. El organismo también atrajo los casos de Juan Manuel Ortiz Rodríguez, policía municipal de Apodaca, desaparecido el 27 de febrero de 2009, y los de José Luna Ramírez y José Everardo Lara Hernández, agentes del municipio de Santa Catarina, desaparecidos el dos de mayo de 2007. Se espera que el GTDFI atraiga, eventualmente, el caso de Julián y Eduy.

No existen estadísticas oficiales sobre el número de desapariciones forzadas en el país; tampoco las hay sobre estas desapariciones en Nuevo León. Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (Cadhac) da hoy seguimiento a 114 casos en ese estado; en 35 por ciento de ellos se han presentado elementos que indican la participación, por acción u omisión, de algún servidor público. Pero el problema es nacional. De acuerdo con el GTDFI, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos registró un aumento sostenido en el número de quejas sobre desapariciones forzadas, ya que pasó de cuatro en 2006 a 77 en 2010. Sin embargo, en ese lapso sólo se le informó acerca de dos sentencias condenatorias en contra de funcionarios públicos por ese delito en todo el país.


A MARCHAS FORZADAS

Cada persona que ha tenido la desdicha de tener desaparecido a un familiar constata que las investigaciones del Ministerio Público (MP) son siempre a marchas forzadas, y dependen en su mayor parte de las indagaciones que hacen los propios familiares. Para mayor agravio, Giovany recibía por su trabajo un sueldo neto de dos mil 250 pesos a la quincena, el mismo monto que su padre y su hermano. Según la prensa, actualmente sus familiares no reciben ningún tipo de ayuda económica por parte de la institución en la que laboraban. La dependencia catalogó el caso como abandono laboral y dejó a las esposas de Julián y Eduy a la deriva.

En noviembre de 2008, Gloria, esposa de Julián y madre de Eduy y Giovany, presentó a las autoridades la sábana de registro de llamadas del Nextel que Eduy llevaba el día que desapareció. El aparato continuó funcionando hasta el dos de octubre, pero las autoridades no investigaron de forma inmediata ni los números marcados, ni la localización del Nextel (determinada por las antenas de recepción). Según registros del caso (a los que M Semanal tuvo acceso), el MP no sólo no utilizó esta información, sino que dejó pasar un año entero antes de solicitar la información de los otros teléfonos celulares que llevaban las víctimas. Por desvaríos burocráticos, los datos fueron entregados mucho después.

Las llamadas telefónicas no fueron el único indicio que las autoridades desperdiciaron. Algunos de los testigos fueron llamados a declarar hasta un año después de los hechos; además, las pocas pruebas periciales fueron contaminadas por mal manejo.

El 23 de abril de 2009, casi siete meses después de la desaparición, fue asegurada de nuevo la Cherokee blanca de Giovany. Las placas originales habían sido removidas y se encontraron al día siguiente en un Tsuru blanco, localizado en un lote de autos. Pasaría un año más para que las autoridades se enteraran de que el Tsuru había sido propiedad del estado de Nuevo León, y que tenía reporte de robo desde marzo de 2008. El 15 de enero de 2010, la Dirección de Tránsito de Monterrey remitió al corralón una camioneta Ford azul. El MP determinó que se trataba del mismo vehículo en el que habían desaparecido Julián y su hijo Eduy.

La camioneta llevaba un año y medio abandonada frente a una escuela primaria, a pesar de que los vecinos la habían reportado meses atrás. El 28 de enero de 2010 el personal de agencia del MP realizó una recolección de indicios al interior de la camioneta: fueron encontrados casquillos de armas y lo que parecían ser huellas de sangre; sin embargo, posteriormente, la agencia determinó que las pruebas fueron contaminadas con huellas del personal de la fiscalía.

Actualmente el caso se encuentra varado. Los rastros se enfrían cada año que pasa. Sólo queda un indicio vago en las declaraciones de los testigos: la presión que imprimen grupos criminales a un “poli” en la última cadena de mando para obtener una licencia sin papeles.


POLICÍAS EN LA MIRA

El dos de mayo de 2007 desaparecieron tres elementos municipales: Omar Cabello Cabrera, José Everardo Lara Hernández y José René Luna Ramírez. Los dos últimos casos fueron atraídos por el GTDFI.

Lara Hernández, que entonces tenía 23 años de edad, fue plagiado cerca de las 8:20 de la mañana, a dos cuadras de la Secretaría de Policía y Vialidad de Santa Catarina. Fue interceptado en las avenidas Culebra y Miguel Alemán cuando viajaba en su auto Mercury. Tres sujetos vestidos de color oscuro y con armas largas bajaron de una camioneta Suburban verde oscuro, y a punta de pistola se lo llevaron. José Everardo tenía siete meses de casado.

Por su parte, Luna Ramírez salió de su casa poco antes de las siete de la mañana para dirigirse a su trabajo cuando fue secuestrado por dos sujetos vestidos con pantalones negros, botas tipo policía y chalecos con las siglas AFI, quienes descendieron de un vehículo blanco. Atestiguaron los hechos dos personas, quienes incluso alcanzaron a apuntar la numeración de las placas.

Ambos casos quedaron radicados en el MP Número Dos del Cuarto Distrito Judicial de Nuevo León (Santa Catarina). Ambos fueron escoltas del entonces alcalde de Santa Catarina, Dionisio Herrera Duque (quien en 2011 fue inhabilitado por desvío de recursos); habían participado en un enfrentamiento armado suscitado el 28 de abril, es decir, apenas cinco días antes de su desaparición.

Maximina Hernández Maldonado, madre de Everardo, declaró a la prensa que éste había pedido su cambio porque no le gustaba la forma de ser de Herrera Duque. Poco después de que le concedieron el cambio laboral, desapareció. El MP no hizo diligencia alguna durante los primeros dos años. Cinco años después, las indagaciones son casi nulas, o aún peor: en la inspección ocular realizada en el vehículo de Everardo el día que éste desapareció, el MP omitió detallar el destino de una serie objetos: una hoja que a simple vista parecía formar parte de una denuncia, monedas y una botella. Nada fue recabado. El MP sólo recogió un aro con cinco llaves, y un llavero tipo con los colores del equipo de futbol Tigres.

El 17 de mayo de 2007 compareció Víctor Alejandro García Hernández, compañero de Everardo. Aseguró que lo había visto por última vez la noche del 30 de abril, cuando fueron a tomar unas cervezas junto con otro compañero de nombre Jesús Eligio Mena. Esa noche se habría suscitado una discusión entre los tres. Al día siguiente García Hernández fue asesinado. Se le encontró muerto junto con otros dos hombres en la colonia El Obispo, en los límites municipales de San Pedro Garza García. Mena, el tercer hombre de la discusión del 30 de abril, cayó en contradicciones. En una primera entrevista dijo a la policía ministerial que había sido dado de baja el cinco junio de 2007, pero después, al comparecer frente al MP, aseguró que seguía como elemento activo de esa corporación.

El 14 de octubre de 2011 una nota del diario El Norte informó que Jesús Eligio Mena era uno de los 46 policías del municipio de Santa Catarina detenidos y procesados presuntamente por realizar tareas de espionaje para grupos criminales (actividad conocida como “halconeo”).

Los casos de José René y José Everardo siguen detenidos.



EL VALOR DE UNA FIRMA

En el caso de Juan Manuel Ortiz Rodríguez existen indicios de que su jefe directo falsificó su firma la noche de su desaparición. Aquél, de entonces 33 años, era policía municipal de Apodaca, Nuevo León. Había iniciado su turno a las siete de la noche del 26 de febrero de 2009. A las dos de la mañana del 27, llamó a su madre y le dijo que se encontraba patrullando.

Juan Manuel debía terminar su turno a las siete de la mañana; jamás llegó a casa. La familia llamó a la delegación de Policía y las autoridades aseguraron que había entregado su turno. Al revisar el documento que se encontraba en la delegación para avalar el dato, los familiares se percataron de que la firma había sido falsificada: Juan Manuel no había hecho entrega de su arma ni de su patrulla.

Más aún, en un sitio donde laboran decenas de personas, sólo el jefe directo, de apellido Ovalle, y otro elemento de nombre Ezequiel, declararon haberlo visto en la mañana del 27 de febrero. Una vez que los familiares señalaron que la firma del desaparecido había sido falsificada, el MP se dio a la tarea de reproducir de forma idéntica varias declaraciones ministeriales de elementos policiacos. En éstas aseguraban que los policías no firman ningún documento al concluir su turno. En otras palabras, se pretendía restar valor a la irregularidad en la que incurrió el comandante de turno por la posible falsificación de la firma del desaparecido.

Un día después de la desaparición la patrulla fue hallada en una brecha. La Policía aseguró que dio con su paradero debido a una llamada anónima. En el interior de la unidad se encontraban las armas de Juan Manuel.

De acuerdo con extractos del expediente, el jefe directo de Juan Manuel, el comandante Ovalle, rindió su declaración ministerial hasta el nueve de octubre de 2009; es decir, casi ocho meses después. Encima, se contradijo: advirtió que había visto a la víctima por última vez el 26 de febrero (un día antes de su desaparición), pero luego añadió que Juan Manuel le entregó su pistola Beretta el 27 por la mañana.

Meses más tarde, el MP no había localizado a otros dos compañeros de Juan Manuel que habrían sido claves en el caso. Uno de ellos, el encargado de las radios, había estado en contacto con la víctima durante toda la noche. El jefe de Juan Manuel, quien falsificó la firma e incurrió en contradicciones, jamás fue sancionado o procesado.

Juan Manuel continúa desaparecido. Dejó dos niñas. A una de ella ni siquiera la vio nacer.

Las observaciones preliminares del GTDFI tras su visita a México en marzo de 2011, alertan de que sólo en siete estados de la República se contempla el delito de desaparición forzada: Aguascalientes, Chiapas, Chihuahua, Durango, Distrito Federal, Nayarit y Oaxaca. En los 25 restantes no se encuentra tipificado. En Nuevo León se encuentra a punto de aprobarse una iniciativa para tipificar el delito de desaparición forzada en el código penal. En estos momentos, casos como los de Juan Manuel, la familia Urbina, José Everardo y José René no pueden procesarse como desaparición forzada porque el delito simplemente no existe como tal en el código local; los casos son consignados como desaparición, falsedad de declaraciones o secuestro.

La iniciativa en Nuevo León se encuentra “congelada” desde hace ya casi un mes en el Ejecutivo local.

Lydiette Carrión

jueves, 26 de enero de 2012

El delito de la vergüenza





Columna publicada originalmente el 18 de enero de 2012 en El Universal Gráfico


Cuando se trata de violación o abuso sexual, las víctimas se enfrentan, quizá, a una de las decisiones más difíciles de sus vidas: denunciar o no hacerlo. Mientras algunas oficinas de derechos humanos y de ayuda a las mujeres instan a lo primero, la familia y los amigos en ocasiones recomiendan no hacerlo. Aquí dos historias que ilustran las dos opciones.

Cuando tenía 16 años, Marianela (no es su verdadero nombre, para proteger su identidad) sufrió un intento de violación, por parte de un desconocido que la subió a fuerza a su camioneta. Decidió denunciar. Cuando lo hicieron se dio cuenta que el suyo era uno de muchos casos similares que se habían dado por donde ella vivía, en el sur de la ciudad de México: andaba suelto un violador serial.

Pero, al buscar al agresor, Marianela lo confundió con otra persona. No sólo fue ella. Otras dos niñas también lo identificaron erróneamente. El parecido entre un inocente y el culpable era sorprendente. Cuando se dieron cuenta, lo enmendaron. Lograron sacar al hombre que habían confundido de la cárcel, pero se pasaron tres años más en procesos legales. Gracias a ella el verdadero culpable está en la cárcel. Pero Marianela dice que no volvería a denunciar.

Segundo caso: En el Estado de México, Rocío (tampoco es su verdadero nombre) fue atacada junto con otra amiga cuando regresaban iban rumbo a su domicilio. Decidieron no denunciar. Pero Rocío quedó embarazada. Actualmente se encuentra envuelta en una serie de procesos: está tratando de probar su residencia en el Distrito Federal para acceder a la práctica de un legrado. Tuvo que presentar la denuncia.

El delito de violación es el que más vergüenza causa a la víctima. Y se complica más cuando el agresor es algún conocido, lo cual ocurre -según varios estudios- en más de la mitad de los casos. Las víctimas más frecuentes son menores de edad, quienes tienen menos herramientas para enfrentar esta situación.

La opción de denunciar no es fácil. En ocasiones, el paso por los ministerios públicos y los juzgados es casi una segunda vejación. Por ello nadie puede decirle a una víctima qué hacer. Lo cierto es que la denuncia permite tener más posibilidades de detener a culpables y transformar una sociedad que sigue echando la culpa a las víctimas de su propia violación.

miércoles, 18 de enero de 2012

Anexos y desamparo


*Columna "La Rendija", publicada en el Gráfico el 11 de enero de 2012


Hay una frase que queda grabada en la memoria de todo egresado de anexo en el país: “A ver, hijo de su pinche madre”.
A los anexos —que se ofertan como centros de recuperación para adictos y el que es internado ahí no puede salir por propio pie— caen todos aquellos que se han convertido en “problema” para alguien.
Se trata de población que nadie quiere atender. Muchos son adictos a las drogas o el alcohol; una gran mayoría tiene algún tipo de enfermedad psiquiátrica; otros fueron expulsados del núcleo familiar desde muy pequeños y no tienen herramientas para mantenerse.
La familia se pregunta, ¿cómo ayudar a un hijo adicto, que no quiere buscar ayuda? La oferta del gobierno local y federal en atención de adicciones y enfermedades mentales es escasa y parcial.
Entonces, después de un viacrucis, la familia decide internarlo en un anexo. Parece que la policía capitalina también tomó la misma decisión.
Estos lugares no cuentan con ningún tipo de control. No tienen expertos sobre salud mental y son frecuentes las quejas por maltrato y tortura. Vaya, ni siquiera están reconocidos por los grupos de 12 pasos, de donde sacan su nombre.
En diciembre de 2009, se dio a conocer que el anexo "Los Elegidos de Dios", en Iztapalapa, mantenía a sus “pacientes” a la fuerza: bajo condiciones infrahumanas, los obligaban a trabajar sin sueldo. Era todo un negocio y la policía y funcionarios de la delegación Venustiano Carranza colaboran en los operativos para “internar” a más indigentes.
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal acaba de emitir su recomendación 13/2011 al respecto. Pero no son sólo los anexos.
En el caso de Casitas del Sur se dio el mismo mecanismo. La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal enviaba a esta instancia privada a los niños que estaban en medio de alguna querella legal. Las autoridades no realizaron nunca un seguimiento de las condiciones del albergue. En 2009 se dio a conocer la desaparición de 11 niños.
El problema central es que no existe presupuesto y políticas para atender a la población vulnerable: niños abandonados, jóvenes adictos, población callejera. El gobierno deja el asunto a las instituciones privadas y no sistematiza ningún tipo de supervisión.
Hasta que no se resuelva el problema de fondo, seguiremos leyendo estas historias de terror.

viernes, 6 de enero de 2012

Marichal y el elefante


Cuando se equivoca, la Procuraduría del DF se comporta como gato panza pa´ arriba.

La semana pasada, después de anunciar la detención de Pedro Castellanos González y Ana Betsaida Duarte Acosta como -ahora sí- los presuntos responsables del feminicidio de Julia Marichal, el procurador Miguel Mancera anunció que se pondría en libertad al sobrino de Julia, Mauricio, quien llevaba arraigado casi un mes.

A la hora de anunciar su libertad, el procurador enfatizó que Mauricio fue detenido porque habían sido hallados elementos en su contra: que se contradijo al ser interrogado, que entró a la casa de Julia en su ausencia, que hay correos electrónicos que dan cuenta de peleas entre sobrino y tía. En otras palabras, la procu no ofreció ni un "usted disculpe".

Lo que no dijo Mancera ante los medios es que, antes de ser liberado, Mauricio fue amenazado: policías ministeriales le dijeron que, si emprendía algún tipo de acción legal o mediática en contra de las autoridades, lo pasaría mal. Incluso podría ser secuestrado.

También olvidó mencionar las irregularidades de procedimiento en las que cayeron las autoridades: las trabas que pusieron a la familia para acreditar una abogada particular (le dijeron que para qué, si ya tenía un defensor de oficio), quien jamás tuvo acceso al expediente de 1800 fojas; la presión sicológica a la que fue sometido Mauricio; la intención de hacerlo firmar comparecencias sin fecha ni hora...

En la conferencia no se mencionó el golpe económico que significó la defensa de Mauricio o el hecho de que la familia quedó devastada y pulverizada.
No se trata de pasar por alto los aciertos de la Procuraduría: los actuales sospechosos se encuentran detenidos porque las autoridades emplearon adecuadas herramientas de investigación: rastreo de tarjetas y llamadas, búsqueda de pruebas científicas, móvil y oportunidad.

Sin embargo, parece que sus primeros reflejos siempre son primitivos: presionar a los seres cercanos de la víctima (e incluso llegar hasta la tortura) para buscar confesiones.

Como en el chiste: hay un concurso mundial de policías, ganará el departamento que encuentre a la zorra primero, y los judiciales mexicanos presentan un elefante todo golpeado, con tehuacán chorreándole por la trompa, que grita a todo pulmón: "¡yo soy la zorra, soy la zorra!".


Columna "Rendija", publicada en El Gráfico el miércoles 4 de enero de 2012.


También: Claroscuros del caso Marichal


martes, 3 de enero de 2012

El año en que Elizabeth Short se convirtió en perfume


El hallazgo fue combustible para una ciudad que había encontrado un placer compulsivo en su propia decadencia. El cuerpo de la mujer, colocado en un terreno baldío sobre la Avenida South Norton de Los Ángeles, fue descubierto primero por Betty Bersinger, una mujer que caminaba con su hijita de tres años.

La “chica muerta” estaba diseccionada en dos por la cintura. Las dos mitades de su cuerpo, drenadas de sangre y lavadas, colocadas de forma cuidadosa sobre la hierba. Su rostro desfigurado por los golpes mostraba una sonrisa macabra: dos heridas que partían desde las comisuras de la boca se prolongaban hasta casi hasta las orejas. La nariz rota a puñetazos. Los que alguna vez fueron unos bellos ojos azules estaban desfigurados por los golpes. Los senos ostentaban quemaduras de cigarros. Uno de ellos cortado, casi desprendido del pecho.


 La segunda parte del cuerpo se encontraba unos centímetros más abajo. Sus piernas estaban separadas de forma pornográfica; pero sus rodillas habían sido fracturadas. Sus órganos reproductivos, extirpados y desaparecidos para siempre. Un pedazo de piel en forma de triángulo había sido removido de su muslo izquierdo.

 Pocos días después, el cuerpo que Betty Bersinger confundió de primera impresión con un maniquí fue identificado como Elizabeth Short, de veintidós años, aspirante a actriz, conocida en el mundillo periférico a Hollywood. La prensa la bautizó como la “Dalia Negra”, ya que tenía un atractivo look tipo mujer fatal, con un lustroso cabello negro, y le gustaba vestir ropa ajustada.

 El asesino o los asesinos de Elizabeth Short nunca fueron detenidos. Existen decenas de libros que claman haber desentrañado el misterio. La historia también ha inspirado imágenes, una que otra banda de rock, libros. El más notorio de estos últimos es La Dalia Negra, de James Ellroy (1987), que a su vez inspiró él filme de Brian de Palma con el mismo nombre (2006). (En 2005, Donald H. Wolfe publicó el libro de no ficción Los archivos de la Dalia Negra, el cual es considerado por muchos una de las investigaciones más rigurosas, ya que reveló, por primera vez desde el asesinato en 1947, documentos que nunca fueron hechos públicos. Entre ellos, una nota médica que advierte que Betty Short estaba embarazada al momento de su muerte. Wolfe concluye que la banda del mafioso Bugsy Siegel mató a la Dalia Negra, por órdenes del magnate Norman Chandler, quien la habría dejado embarazada y quería librarse de ella cuando aquélla se negó a abortar.)

  Del crimen al sexo 

El fenómeno más perturbador en torno a la Dalia Negra no es lo intrincado de su asesinato, sino la devastadora certeza de que esta joven que siempre aspiró a la fama, a convertirse en objeto de fama y deseo, sólo consiguió su objetivo debido a su muerte: a la forma en que fue torturada durante días debido a la exposición pública de su cadáver y a la develación sistemática de su intimidad que hizo la prensa.

 La Dalia Negra se convirtió paulatinamente en la pin-up girl de esa oscura ciudad de Los Ángeles en los años cuarenta. Su historia truculenta y oscurecida, con grandes lagunas narrativas que sólo echaban a volar la imaginación del público fue convirtiéndola en ese oscuro objeto de deseo. Y es que la prensa contó por entregas su historia: una más del inmenso ejército de jovencitas que llegaban a Los Ángeles con la esperanza de convertirse en estrellas; sin un trabajo fijo, con una debilidad por los hombres en uniformes; visitadora asidua de bares; con muchos conocidos, pero sin amigos cercanos; prostituta eventual… La Dalia Negra se convirtió paulatinamente en la pin-up girl de esa oscura ciudad de Los Ángeles en los años cuarenta. Su historia truculenta y oscurecida, con grandes lagunas narrativas que sólo echaban a volar la imaginación del público fue convirtiéndola en ese oscuro objeto de deseo.

 Pocos parecen sentirse realmente incómodos con el uso público, el encumbramiento de la Dalia Negra como inspiración de fantasías oscuras, en las que se entremezclan sexo y muerte; sexo y tortura; sexo y crimen. En su novela, James Ellroy relata cómo en los clubes más oscuros e infames la población femenina comienza a imitar el estilo de la Dalia Negra: su ropa entallada, su cabello. Sólo se alza una voz que recrimina, que apunta lo que todos parecen no advertir: una mujer le dice a su pareja, a quien encuentra con otra, una dalia negra wannabe: “Ella luce como la chica muerta”, le dice: “Qué tan enfermo puede ser eso?” 


Pero la pin-up girl cumple demasiado bien con las aspiraciones dramáticas y estéticas de la época: bella… de una forma extraña, torcida. Llena de claroscuros y altos contrastes, moralmente ambivalente, prostituta amateur, aspirante a estrella del cine, rodeada del bullicioso mundo nocturno de Los Ángeles, sus grandes magnates, sus mafiosos… Mas no es posible dejar de preguntarse si Elizabeth Short supiera de los sueños húmedos que su historia causó, ¿no se sentiría doblemente vejada? En la actualidad el de Short sería calificado como un feminicidio. Más aún, sería el feminicidio perfecto, ya que cumple, como si se tratara de un caso para manuales, con cada una de las aristas de la tipificación legal: crimen con carga discriminatoria, utilización del cuerpo como forma de castigo contra la mujer, violencia sexual, tortura, disposición y exposición del cuerpo en la vía pública.

 Sueños en botella 


 Este año, la casa de moda Givenchy anunció con bombo y platillo, la creación de su nueva fragancia femenina “Dahlia Noir” (Dalia Negra). Los perfumes siempre venden sueños, anhelos, encerrados en botellitas de cristal. Dahlia Noir no es la excepción.

La imagen del perfume está personificado por la modelo Mariacarla Boscono, con cabello y ropa negros, quien mira a la cámara con ojos mórbidos, envuelta en oscuras telas vaporosas. El perfume está dirigido a la mujer.

¿Qué sueños compra una mujer en esta botellita? ¿Hay alguna pulsión oculta —de esas que tanto gustaban a Freud— que la hace aspirante a ser una víctima pública del sadismo? No es la primera vez que una casa de modas se basa en la muerte sádica de mujeres para lanzar un producto dirigido a las propias mujeres. El año pasado la casa Mac Rodarte lanzó una línea de cosméticos inspirada en las muertas de Juárez. Pero, debido a las protestas públicas, la línea fue cancelada en México.

 Sin embargo, el asesinato de Elizabeth Short está demasiado lejano en el tiempo para inspirar indignación social. Desde 1947 la Dalia Negra inició su viaje para ser despojada, capa por capa, de su condición de sujeto y alcanzar por completo el de objeto de deseo. No es casualidad que sea poco lo que se sabe acerca de Elizabeth cuando era niña, cuando era adolescente: qué postres le gustaban o si tenía una mascota. Los detalles de su vida que no están vinculados con el escándalo y con el sexo han sido poco a poco borrados de su biografía “oficial”, hasta convertirse en un maniquí que sólo caminaba por las calles de Los Ángeles de los años cuarenta.

 Y en esta mecánica, el infortunio final, la tortura, la pulsión del sexo entremezclada con la muerte, es el detonante clave para volverse en objeto de deseo y como estadio final, en mercancía (es “redituable” ser víctima de un asesinato violento). Elizabeth Short, en términos reales, se convirtió en perfume.

 *Publicado en Replicante
** Imagen del inicio fue tomada de este sitio

 Para leer más sobre moda y sadismo: Muertas de Juárez: Deathfashion



 **La fotocomposición final  fue tomada de este blog

viernes, 30 de diciembre de 2011

La muerte del chaneque




Gente del campo y la ciudad. Abogados y campesinos. Indígenas nahuas y mestizos universitarios. Todos tienen algo qué decir de los chaneques y los aluxes. Unos creen declaradamente; otros más creen... pero nomás poquito. Los más dirán que no creen, pero relatarán, con voz emocionada, alguna historia de primera, segunda o tercera mano, que “les consta” y no pueden explicar... Y, con amargura en la voz, acusan los viejos: los niños de hoy ya no creen en chaneques.

Sierra Negra de Puebla. Un universitario mira las cimas de los cerros elevarse triunfantes sobre la niebla. Se siente “como en la isla de King Kong”, dice. No es un lugar para científicos rabiosos. La montaña es cerrada, húmeda y fría. Exacerba los sentidos. Un grupo de espeleólogos lleva varios años explorando las cavernas de la zona: Los Chaneques, La Casa de Niebla, La Casa de Cristal, La Cueva de Agua y El Encanto. Geólogos, universitarios y espeleólogos despliegan el rigor técnico de sus mapas topográficos y mediciones del subsuelo. Pero el manto citadino no los protege del mito de los chaneques o “los innombrables”, como les dicen en Iztaxochitla.

En ocasiones —relatan uno, dos, tres universitarios— se han perdido a tres pasos de la vereda. Algunos dirán que son las condiciones climatológicas: con lluvia o neblina el paisaje se vuelve extraño. A veces no se alcanza a ver más de medio metro enfrente de uno. Pero la mayoría coincide: no sólo es eso. Porque, después de verse perdido por horas, alguno realizará el ritual que les mostró Juanita, una señora del lugar, para cuando hayan entrado a la dimensión de los chaneques y no puedan salir: una oración en nahua a “los innombrables”, y luego partir una hoja con un machete o navaja... el camino, dicen, se muestra de inmediato.

Arturo, un biólogo de 37 años, cuenta una historia más. No fue el protagonista, sino, asegura, testigo directo. Hace unos seis años, el 23 de diciembre, dos espeleólogos, Lorenzo y Gabriela, caminaban por la sierra. Iban a alcanzar a sus compañeros, que acampaban en el paraje El Chantoro, pero se proponían antes explorar una cueva llamada El Encanto. Antes de llegar a la comunidad más cercana, Iztaxochitla, se encontraron con unas señoras vestidas “de manera peculiar” —como citadinas, pues. Una de ellas le dijo a Lencho: “Yo a ti te conozco: te gusta visitar cuevas, pero en esta ocasión no vas a entrar. Ni te lo imagines que vas a entrar”. Lo mismo le dijeron a Gabriela.

Cuando llegaron a Iztaxochitla le contaron lo sucedido a Juanita. Ésta les dijo: “Yo que ustedes les hacía caso, porque esas mujeres son los enviados de ‘los innombrables’”. Gabriela y Lencho prosiguieron su camino. Llegaron al campamento al anochecer. Al día siguiente Gaby amaneció muy enferma; tanto, que no pudo ni salir de su tienda. Los demás comenzaron a prepararse para ingresar a El Encanto: casco, arnés, cabos de seguridad. Debajo del overol llevaban un traje de neopreno, ya que la cueva lleva mucha agua, y muy fría. Cuando comenzaron a descender, Lencho sintió un terrible dolor en el vientre. Como de apendicitis, pensó, consternado. Salió de inmediato. En cuanto se quitó el neopreno se dio cuenta de que una piedrita de carburo (el combustible que antes se utilizaba en las lámparas para cuevas) había caído entre el neopreno y su piel; con el sudor, el carburo hizo reacción y le quemó el vientre y parte del pecho.

Ni Gaby ni Lorenzo bajaron ese día a las cuevas. Entre los compañeros se cuestionaban, entre broma y no broma: ¿fue coincidencia o fueron los chaneques?

EL GRAN CHANEQUE
En 1897, el topógrafo Ismael Loya descubrió una gran estatua en la cima del volcán San Martín Pajapan, del sistema montañoso de los Tuxtlas, Veracruz; sobre ella, en 1968 el arqueólogo veracruzano Alfonso Medellín escribió que los indígenas popolucas y nahuas siempre supieron de su existencia, y que la “nombraban Chane, ‘el chaneque’ o nuestro ‘padre San Martín’ (...) algo que se respeta, se teme, se propicia y se venera”.

En los Tuxtlas la gente del campo relata cómo en los caminos solitarios, cerca de la laguna Encantada de la Cueva del Diablo, todavía se siguen escuchando las voces de niños pequeños. Pero no hay nadie. Son los chaneques, dicen. Elsa, instructora de yoga de 58 años, vive en Cancún, Quintana Roo, pero creció en Veracruz: Xalapa, Santiago y San Andrés Tuxtla. En su primera infancia vivió en el rancho Perseverancia, Loma Bonita (colindando con Oaxaca). Ahí, asegura, conoció un chaneque. Tendría unos cuatro años cuando, cuenta, hizo un amiguito. Era un hombrecito negro, del tamaño de ella misma, sin camisa y con pantalón azul. “Me platicaba que había personas que vivían debajo del agua”. Cuancuanco era su nombre.

Un día la mamá de Elsa se dio cuenta de esto y se lo platicó a su compadre, un señor de apellido Navarrete. “Esto es muy peligroso”, le dijo el señor, “porque los chaneques pierden a los niños”. La familia mandó traer un cura y fueron exorcizados el rancho, la casa señorial y los alrededores. Desde entonces, cuenta Elsa, no volvió a ver a Cuancuanco.

—¿Y los aluxes?

—Son iguales que los chaneques. Cuidan la milpa, pero también debes pedirles permiso para entrar al monte. Cuando acá (en la Península) se pierde una persona en el campo, antes de llamar a Protección Civil, la mayoría llama a un curandero para pedirle permiso a los aluxes de pasar a buscar. De otra forma, aunque esa persona esté enfrente de ti, no la podrás ver.

UNA TACITA DE CAFÉ
La señora Teresa es una abogada originaria del Distrito Federal (DF) que vivió varios años en Mérida. “En la zona maya, nadie duda de la existencia de los aluxes”, sentencia. “No importa la clase social a la que pertenezca la gente”. Del DF se llevó, entre otras cosas, un horno de microondas que “no funcionó cuando llegué a Mérida. Originalmente pensé que se había estropeado con el viaje. Así que lo regalé. Y un día, en un Carrefour, ofrecían unos hornitos de microondas y me compré uno. Llegué con mi nuera a la casa. Pusimos dos tazas de agua para hacernos un té y funcionó. Pero a la mañana siguiente ya no encendió. Lo regresamos a la tienda, pero ahí funcionaba perfectamente”.

Llamaron a un electricista. La instalación eléctrica de la casa estaba bien; el horno estaba bien. El electricista concluyó: son los aluxes. Recomendó a Teresa que se deshiciera del horno. Si los aluxes no quieren horno, mejor no tenerlo. Llamaron a un segundo electricista. Recomendó lo mismo. Teresa se deshizo del horno y no volvió a tener problemas. Fue muy feliz durante su estancia en Mérida, y su jardín siempre estuvo esplendoroso. Ya de regreso en el DF una vez compró una figurita de un aluxe en una feria: “Todos los días le sirvo una tacita de café. Y todos los días se evapora”.

BOSQUE AGONIZANTE
El historiador rumano Mircea Eliade escribió en El mito del eterno retorno (1951) que los mitos siguen vigentes porque en ellos el hombre repite el acto de fundación, elevándolo a acto cosmogónico mediante los ritos de los objetos venerados. Así, los mitos y leyendas populares —en este caso prehispánicas— no son sólo historias, sino que forman parte del cemento que cohesiona un pacto social y un elemento que lo renueva. La antropóloga Luisa Paré Ouellet y la bióloga Elena Lazos escribieron en el año 2000 el estudio Miradas indígenas sobre una naturaleza entristecida. Percepciones del deterioro ambiental entre nahuas del sur de Veracruz, donde concluyen que el mito de los chaneques controlaba socialmente el cuidado de los recursos naturales, los bosques y selvas, e imponía normas de sustentabilidad para los pobladores. “Estos duendes no sólo existen en los Tuxtlas, zona famosa por sus brujos y chaneques; son comunes a prácticamente todas las regiones boscosas de América Latina e incluso del mundo. Aparecen en muchas culturas bajo distintos nombres, con una heterogeneidad de formas y actitudes, pero todas sus expresiones nos reflejan parte del espíritu humano”. Pero “Ora ya nadie cree”, relata el testimonio de don Hilario, recopilado por las investigadoras. “Antes para agarrar agua había que pedir permiso. Sus dueños (en alusión a los chaneques) ya no quieren que mates animales. No puedes matar hembras, ni pequeñitos. Pobres venados, cómo se han acabado”.

Si bien los chaneques y los aluxes permanecen, algo se trastoca al desvanecerse las selvas y bosques que una vez protegieron: la Sierra Negra sufre un deterioro irreversible, y los ediles de la región han identificado como delitos más frecuentes el robo de vehículos y la tala clandestina. Los espeleólogos advierten de la tala sistemática de la sierra para la siembra de maíz, cultivo que deja yerma la tierra en una o dos temporadas.

En Los Tuxtlas está la selva húmeda localizada más al norte del continente americano. Desde 1980 la sierra de Santa Marta o de Soteapan —ahí donde reinaba en la cima del volcán el Gran Chaneque— fue declarada Zona de Protección Ambiental, y en 1998 fue reclasificada como reserva de la biósfera; sin embargo, la deforestación, debida sobre todo a actividades de ganadería, nunca se detuvo. Estudios de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) consideran que se ha perdido el 90 por ciento de las selvas y bosques de niebla de Los Tuxtlas. Y los núcleos de bosque que quedan se encuentran fragmentados: porciones de bosque aquí y allá divididas por pastizales. Esta fragmentación ha provocado la desaparición de unas 10 especies de anfibios y reptiles en los últimos 10 años, como lo anunció en abril pasado un comunicado de la UNAM. También ha desaparecido el jaguar, que no cuenta con el espacio necesario para sobrevivir: el Gran Chaneque que dejó de caminar su sierra.

CREENCIA QUE SE RECICLA
El antropólogo Elio Masferrer Kan es quizá uno de los más reconocidos expertos sobre antropología de las religiones. Es Presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, y de 1979 a 1984 ocupó el cargo de Investigador Asociado del Instituto Indigenista Interamericano, organismo especializado de la Organización de los Estados Americanos. Masferrer Kan relata que los chaneques tenían la función de cuidar el bosque, pero que ya no hay bosque, y entonces han pasado de ser protectores a ser figuras amenazantes. Lo mismo ha ocurrido con otro personaje de la sierra norte de Puebla: Juan del Bosque.

—¿Qué tipo de problemas conlleva esto?

—De tipo sociológico. Un personaje que antes se veía protector ahora es amenazante. Está molesto porque destruyeron el ecosistema que tenía que proteger. Lo mismo pasa con los nahuales. Hay algunos antropólogos que investigaron a los nahuales en la ciudad, donde también pasaron de ser figuras muy poderosas a ser muy amenazantes. Se encontraron relatos en las colonias populares que atribuían a los nahuales el robo de tubería, por ejemplo. Todo esto forma parte del proceso de reciclaje de los personajes.

—¿Por qué personas de la ciudad también relatan historias de chaneques?

—Lo que pasa es que muchas veces la gente puede tener determinadas creencias, pero no las quiere hacer explícitas. A un científico le dará pena creer en esas cosas, por lo que tendrá un comportamiento totalmente ambiguo. Pero son un conjunto de creencias compartidas por todos los mexicanos.

—Entonces ¿está vigente el mito del chaneque?

—Sí. Por supuesto. Y hay otros: los que se van de rodillas, pidiendo a la Virgen, o los que creen en San Judas Tadeo. La gente cree, y esto sigue regulando los comportamientos en el país. Hay un dicho popular que dice: “Las brujas no existen; pero de que las hay, las hay”.

LA CASA DE NIEBLA
Iztaxochitla, Sierra Negra de Puebla, abril de 2011. Édgar, Omar y Ulises, jóvenes universitarios, quieren explorar una cueva. La entrada (un hoyo que desemboca a lo desconocido) se encuentra junto a un cerro. Deben descender una suerte de rampa natural para acercarse a la entrada. La estrategia: colocar una cuerda para recorrer con seguridad la rampa y colocar una segunda cuerda para el tiro de la entrada. Mientras están colocando la cuerda de la rampa el cielo se nubla por completo y empieza a llover. Unos minutos después, a unos 30 metros de distancia, cae un árbol. El ruido los asusta. La lluvia los cala, la niebla desciende, todo el ambiente se enrarece, pero siguen trabajando. Omar conecta su descensor (comúnmente llamado “marimba”) a la cuerda y comienza a bajar por la rampa. Se está acercando al tiro de entrada cuando, a unos cuantos metros de él, se desgaja un pedazo del cerro y cae en la cueva. El ruido es ensordecedor. Omar relata: “Termina el bullicio, ¿sigo aquí? La conciencia vuelve, pero se va y da paso al pánico (...) Salgo como puedo, con lo que puedo...”.

Abandonaron la exploración. Conforme se fueron alejando del lugar, dicen, la lluvia cesó, salió el sol y vieron un arcoiris. Al día siguiente regresaron. Pudieron entrar. Nombraron al sitio “La Casa de Niebla”, porque la neblina desciende y parece ser tragada por la cueva. Cuando regresaron a Iztaxochitla, Juanita les dijo que lo que pasó fue que en las cuevas donde hay neblina viven “los innombrables”: los chaneques.

Lydiette Carrión

*Publicado en Milenio Semanal

jueves, 22 de diciembre de 2011

Luto y tortura. Las dos caras del 2 de octubre

Lydiette Carrión


A partir de ahora es oficial: la bandera mexicana deberá izarse a media asta cada 2 de octubre, en señal de luto por los estudiantes asesinados en la plaza de las Tres Culturas en 1968. Pero el tema de los estudiantes y la represión no termina.

Este martes, el mismo día en que se publicó el decreto del 2 de octubre en Diario Oficial de la Federación, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) emitió la recomendación 10/2011, en el que documenta los casos de cinco personas que sufrieron tortura en manos de la policía capitalina. Uno de ellos es Víctor Herrera Govea, golpeado primero por granaderos y después por policías judiciales durante la marcha del 2 de octubre de 2009.

Víctor es un chavo de ideas anarquistas, que ese año (2009) fue a la marcha de los estudiantes. A la altura de Bellas Artes, varios manifestantes comenzaron a apedrear las vitrinas de un Oxxo y se enfrentaron con granaderos. Hay videos de los hechos, y en ellos nunca aparece Víctor. En cambio sí se aprecia a otro joven vestido de amarillo, quien fue detenido por policías y casi inmediatamente soltado.

Si bien no se comprobó la participación de Víctor, los granaderos lo detuvieron y lo golpearon. Los hechos fueron grabados por estudiantes. El video fue subido a Youtube. Ahí se aprecia a Víctor con el rostro, la playera y el pelo llenos de sangre, agarrado del cinturón por un policía; de frente a las cámaras lo deja ir.

Sin embargo, después de la marcha, judiciales vestidos de civil lo arrestaron. Éstos declararon que lo habían detenido infraganti robando el Oxxo. Lo volvieron a golpear. Según la recomendación de la CDHDF, uno de ellos le golpeó la cabeza en una jardinera, cuando ya estaba detenido.

A pesar de que Víctor no aparece en ninguno de los videos del saqueo al Oxxo, en 2010 una juez determinó que Víctor era culpable. Lo condenó a dos años 9 meses de cárcel y 90 días de multa (4 mil 932 pesos), además de 6 mil 500 por los daños a la tienda Oxxo y 2 mil 2 pesos por el valor de los objetos “robados”.

La familia de Víctor decidió no impugnar la sentencia para sacar a su hijo de la cárcel. Llevaba ya un año preso en el Reclusorio Norte. La recomendación de la CDHDF es un poco de justicia frente al abuso que jueces y policías cometieron contra Víctor.

Columna "rendija" publicada en El Universal Gráfico el 22 de diciembre de 2011

También:

Víctor Herrera y Emmanuel: breve historia de terror sobre los penales del Distrito Federal
Víctor Herrera Govea: sentencia condenatoria
Víctor y la acción directa

martes, 20 de diciembre de 2011

Claroscuros del caso Marichal


*Imagen tomada de Facebook. Perfil "Palo de Ron".


Torcer un poquito las palabras ayuda a generar “presuntos culpables”.

Con el nuevo tipo penal que sanciona el delito de feminicidio en el Distrito Federal, las autoridades han buscado ser eficientes. No cabe duda, por ejemplo, que hicieron un buen trabajo en el caso de las periodistas Marcela Yarce y Rocío González, quienes el pasado 31 de agosto fueron asesinadas.

Pero ese éxito puede impulsar a las autoridades a violar los procedimientos penales y los derechos de los implicados, en aras de seguir presentando ante la prensa un récord de “eficiencia”.

El caso del feminicidio de Julia Marichal, actriz destacada en el ámbito artístico e intelectual de nuestro país, parece ser campo fértil para que la procuraduría sienta la necesidad de presentar un culpable lo más pronto posible.

Mauricio Marichal, de 30 años, era sobrino de Julia, y trabajaba para ordenar el archivo Juan de la Cabada, padre de Julia y quien fue un relevante escritor e intelectual.

Mauricio fue arraigado. El procurador Miguel Ángel Mancera informó que “es investigado por los objetos que se le encontraron entre sus pertenencias como bolsas de plástico, cinta canela, un cuchillo y un cúter”.

Sin embargo, la declaración de Mancera es, en el mejor de los casos, imprecisa. Estos objetos fueron hallados en el hogar de Julia Marichal, en el archivo donde Mauricio trabajaba. Pero Mauricio no vivía ahí; no se hallaron estas cosas en su mochila, ni en su hogar.

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal formuló medidas precautorias dirigidas al juez que emitió la orden de arraigo contra Mauricio. Si bien, sólo un juez puede determinar si Mauricio es culpable o inocente, todos debemos exigir un proceso justo, porque cualquiera puede verse involucrado en una situación similar. Basta recordar el caso de la estudiante Mariel Solís, quien fue presentada a los medios acusada de homicidio, y posteriormente se demostró su inocencia.

La familia de Julia y Mauricio ha estado marcada por el talento, pero también ha sido víctima de la violencia con anterioridad. Diez años atrás, otro primo de Mauricio fue asesinado. Nunca hallaron al culpable.

PD

Las otras víctimas del asesinato de Julia fueron sus mascotas: 4 perros y 4 gatitos pasaron casi 10 días sin comida o agua, ya que las autoridades impedían su auxilio. Finalmente, defensores de los animales solicitaron el apoyo de Hugo Camacho, jefe de la Brigada de Vigilancia Animal de la SSP del GDF. Los perritos fueron felizmente rescatados. Pero los gatos de Julia se escaparon; nadie sabe dónde están.

*Columna "Rendija" publicada en el Universal Gráfico el miércoles 14 de diciembre de 2011.




Leer también: "Marichal y el elefante"