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miércoles, 26 de junio de 2013

El héroe de Anita




En 2006, Anita tenía 13 años y terminaba segundo de secundaria en Tultitlán, Estado de México, cuando su madre murió por causas desconocidas. El padrastro se llevó a su hermanita a Puebla, pero a ella la dejó sola.

Lo último que sugirió el padrastro antes de irse fue acudir con una parienta de él: Eliset, hijastra de un matrimonio anterior.

Anita se fue a vivir con la familia: Eliset de 29 años, su esposo, cinco hijos y Dulce, otra jovencita que trabajaba para la mujer contestando siete líneas telefónicas. Todos vivían en una casa grande, de cinco recámaras en Coacalco, Estado de México.

Al mes de haber llegado, Anita tenía que limpiar la casa ella sola y atender a los cinco hijos. “Terminé levantándome a las cinco de la mañana para que me diera tiempo de todo”.

Un día Dulce escapó. Eliset habló con Anita: le explicó que en realidad ella era prostituta y se anunciaba en los periódicos, que quienes llamaban a las diferentes líneas telefónicas eran sus clientes y que como Dulce no estaba, ahora Anita respondería las llamadas: daría los precios y convencería a los clientes.

Dulce regresó tiempo después y luego se volvió a ir. Eliset llevó a su cuarto a Anita, para hablar:

–Tenemos muchas deudas, además el papá de tus hermanos está muy enfermo y si no lo operan se muere–, la chantajeó. –Tus hermanos ya perdieron a su mamá, ¿y ahora van a perder a su papá también?

Anita tenía 14 años cuando pisó por primera vez un hotel.

Eliset y su esposo explotaron a Anita en hoteles de todo el Estado de México y el Distrito Federal. “Había veces que ni siquiera me dejaban ir al baño, porque íbamos a hoteles por toda la región, desde la frontera con Querétaro, hasta el sur, por Xochimilco”, recuerda la joven.

En ocasiones la adolescente se rebelaba y la mujer la encerraba. La última vez la mantuvo así por dos días, hasta que Anita entró en crisis, rompió un vidrio de la ventana para escapar, pero no cupo entre los barrotes. Entonces tomó un pedazo de vidrio y se cortó los brazos. “No quería morirme, quería que me sacaran de ahí”, explica, y muestra su cicatriz. Embarró la sangre en las paredes y gritó hasta que la liberaron.

Cuando Anita tenía 15 años, su hermana llamó por teléfono. Anita le preguntó por el padrastro y la operación.

–¿Cuál operación?–, respondió la hermanita. Todo había sido mentira.

En diciembre de 2008, Eliset llevó a Anita a un hotel de la colonia Álamos en el Distrito Federal. El cliente ofrecía 4 mil pesos por tener sexo sin preservativo. Anita se opuso. Tras una larga discusión, Eliset tomó su lugar, pero al terminar el hombre pidió “unos minutos” con la adolescente.

–Mira, niña, si te vas a dedicar a esto tienes que hacer lo que el cliente te pida porque estoy pagando– le sermoneó.

Anita salió llorando de la habitación. Un camarero la vio y le preguntó qué le pasaba.  Ella le pidió ayuda.  El muchacho –que Anita calcula tenía alrededor de 23 años entonces– aceptó. La escondió en un cuarto, le dio una sudadera y pidió un taxi de sitio.

Eliset y su marido estaban dando vueltas alrededor del hotel. Cuando llegó el taxi, el muchacho le dijo: “a la de tres, corre…”.  Se escabulleron.

Esa noche el muchacho perdió su trabajo: se fue siete horas antes de que terminara su turno. Pero acompañó a Anita al búnker de la PGJ capitalina y luego a la agencia 59.  La policía detuvo a la pareja. Eliset fue condenada a cinco años de cárcel por el delito de corrupción de menores; al esposo, a 13 años, por lenocinio. Paradójicamente él ya está libre. La mujer está por salir.

Durante estos años Anita ha estado en las fundaciones Camino a Casa y Reintegra. En unas semanas entrará a la universidad, a Ciencias de la Comunicación. No ha vuelto a ver al muchacho que la salvó. Sólo sabe que su nombre es David.

Texto publicado en El Universal Gráfico el 18 de junio de 2013

jueves, 20 de septiembre de 2012

Salió por el pan y jamás regresó a casa


  
–Mamá, quiero un pan tostado con mi café.
–Ya te preparé una torta para el desayuno.
–Pero es que quiero un pan tostado.

La señora Cecilia cedió al antojo de su hija Esmeralda. De su monedero sacó un billete de 20 pesos y lo dio a la pequeña de seis años, que tenía apenas unos días de haber ingresado a primero de primaria en el turno vespertino.

El pasado 5 de septiembre, a las 9:00 am las únicas en casa eran Esmeralda, su mamá y su hermanita de brazos. El resto de los niños van a la escuela en la mañana y el papá trabaja desde temprano en la Central de Abastos.

Encaramado en el cerro y sin otro acceso que un andador peatonal, el hogar de Esmeralda tendría una vista hermosa si no fuera ensordecedora. La autopista México-Puebla ruge abajo, parcialmente bloqueada por las construcciones. La de Esmeralda es la última casa. Hacia arriba, ya no hay nada, sólo campo y tiraderos.

La niña bajó el centenar de escalones hasta la Francisco Villa, una callecita tranquila y con solo dos accesos en Los Reyes la Paz, Estado de México. Sorteó algunos espacios sin peldaños y llenos de lodo, y otros en los que una plaga de azotadores ha hecho difícil caminar sin aplastarlos. Una vez en la calle, caminó menos de 2 metros hasta la primera tienda. No tenían el pan tostado que le gusta, así que fue a un segundo comercio, a una casa de distancia. Por fin realizó su compra. El dependiente de la primera tienda la escuchó chanclear de regreso: llevaba los zapatos grandes de una de sus hermanas.

Pero en los 4 o 5 pasos que separaban las tiendas del andador, la niña desapareció.

*
La señora Cecilia Simón Basilio miró a su hija descender la larga escalera. La perdería de vista por cinco minutos. Se metió un momento a la casa a atender a su bebé. Cuando volvió a salir, Esmeralda ya se había tardado, así que le pidió a un vecinito que jugaba por ahí que bajara. Éste regresó y le dijo que Esmeralda no estaba en la calle. Cecilia encargó a su bebé a una vecina y fue a buscarla. Inmediatamente los vecinos comenzaron a ayudarla. Llamaron una patrulla que jamás llegó. Alguien sugirió a la madre que fuera a la Asociación de Niños Robados, a dos horas de trayecto. Cecilia fue, le tomaron el caso pero le explicaron que debía poner una denuncia primero. Regresó a su casa, donde su esposo, Miguel Ángel Ramírez, ya la esperaba.

Esa tarde, en todo el Estado de México se difundió un rumor: en ciudad Neza unos individuos andaban golpeando y matando gente. Se trató de una mentira, pero debido a ella, los padres no pudieron trasladarse ese día a la procuraduría de Los Reyes la Paz. La denuncia quedó registrada el jueves 6. Los ministeriales pidieron que regresaran hasta el viernes. “¡Cómo que hasta el viernes!”. La familia no sabía qué hacer. Los vecinos amenazaron “¡se trata de una niñita, no de un adulto. Si no los atienden, cerramos la calle”. Finalmente la procuraduría dio cauce a la denuncia. Pero, explica la señora Cecilia, hasta ahora solo se han dedicado a interrogar a la familia. Han amenazado a los padres. El señor exclama: “Si yo tuviera algo que ver con la desaparición, ¿usted se imaginaría que la estaría buscando? Lo único que pedimos a la persona que se la llevó es que la regrese sana y salva. Que dejen a mi niña linda aquí cerca, ella sabrá regresar a casa”.

La hermana mayor de Esmeralda sube el centenar de escalones. Debe ir en secundaria. Lleva el uniforme impecable, el pelo perfectamente peinado. Cuando escucha que hablan de su hermanita, no dice nada, pero un lágrima rueda por su mejilla. Esta familia no sabe qué hacer. 





Texto publicado en El Universal Gráfico el martes 18 de septiembre. Poco después  fue localizado el cuerpo de la pequeña Emeralda. 

jueves, 29 de marzo de 2012

La SEP, a juicio



* Columna "Rendija", publicada el 14 de marzo de 2012 en El Universal Gráfico.


Un terrible caso de abuso sexual contra 35 niños en edad preescolar podría costarle a la SEP varios millones de pesos. Y además podría establecer un precedente inédito para que los niños sean escuchados, de verdad, en los tribunales mexicanos.
El 15 de junio de 2011, Saúl Blancas, intendente del jardín de niños “Andrés Oscoy Rodríguez”, en Iztapalapa, fue detenido. Dos niñas de seis años lo habían acusado de haber abusado de ellas. Conforme se ampliaron las investigaciones, las autoridades concluyeron que tres personas más estaban implicadas. Entre ellas, la directora del jardín de niños (quien por cierto, recibió una “jubilación exprés” por parte de la SEP cuando se destapó el escándalo). También se advirtió que al menos 35 niños habían sido violados. Las familias de 13 pequeños decidieron llevar el proceso hasta sus últimas consecuencias.
En los tribunales de nuestro país, los menores no suelen ser escuchados. Por lo general, son obligados a prestar sus declaraciones sin ningún tipo de protección para su edad. No es raro que niños pequeños deban carearse con el procesado; no importa si son víctimas de violación o testigos de delitos graves, como un homicidio. Pero el caso del kínder de Iztapalapa podría ayudar a revertir esta situación.
La organización civil Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) está ayudando a las familias de los niños afectados. Se interpuso un amparo que logró que testimonios fueran tomados de acuerdo a estándares internacionales. Estándares, por cierto, que no están contemplados en las leyes mexicanas.
Poco tiempo después, la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió un protocolo para que se proteja a los niños.
Hace un par de semanas la propia Secretaría de Educación Pública tuvo que comparecer por lo que pasó en el kínder. Los defensores de los niños han exigido que se enjuicie al Estado mexicano, y en particular a la SEP, porque los cuatro acusados eran servidores públicos en ejercicio de sus funciones al momento en que abusaron sexualmente de los niños. Además, los abusos se efectuaron en un plantel público.
Si la SEP es hallada responsable, también se trataría de algo inédito. Lo más importante es que nos daría herramientas a los ciudadanos para exigir un mayor control sobre quién cuida a nuestros niños. Y de caer en negligencia, podremos tener más certeza de que las autoridades no se vayan impunes.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Fue en un cine


Columna "Rendija" publicada en El Gráfico el 8 de febrero de 2012. 


El viernes 3 de febrero, cuatro estudiantes de secundaria -dos niños y dos niñas de entre 13 y 14 años- tuvieron el permiso de sus papás para ir, por primera vez, solos al cine. Era su primer ejercicio de independencia. Nunca pensaron que terminaría tan mal.

Dejaron las mochilas en casa de uno de ellos, caminaron al metro y viajaron una estación. Llegaron al Cinemex Pabellón del Valle, localizado en un pequeñito centro comercial cuyos principales atractivos son un Chedraui en la planta baja y, por supuesto, el cine en el tercer piso. La película: Viaje II La Isla Misteriosa. Función: 3:40 de la tarde.

Al iniciar la película, una pareja de novios de entre 20 y 25 años empezó a causar alboroto. Una de las niñas de secundaria les pidió que se callaran. La mujer la agredió verbalmente. Se hicieron de palabras.

Pero el novio de la joven tuvo una respuesta desmesurada y violenta: se levantó de su asiento y golpeó con el puño cerrado a la niña. Le rompió los lentes, le cerró el ojo y le causó derrame ocular; además le cortó el párpado y el pómulo. Lesionó la retina, y actualmente, se corre el riesgo de desprendimiento.

Los agresores huyeron de la sala, sin que nadie lo impidiera.

Uno de los chicos, también de 14 años, los persiguió: gritó que alguien lo detuviera, pero nunca apreció ningún policía de la plaza. El chico desistió y regresó a ayudar a su amiga.

Mientras tanto, en la dulcería del cine, una joven le regaló un poco de hielo a la chica agredida. En el establecimiento no había botiquín médico; alguien les obsequió en el Chedraui unas muestras gratuitas de analgésico.

Los chicos hablaron con el gerente del cine, Víctor Fernández. Éste nunca llamó al personal de seguridad ni tampoco les proporcionó ayuda médica. Se limitó a darles unos pases de cortesía, e insistió en que la empresa no se haría responsable de lo sucedido. Explicó que el cine no cuenta con personal de seguridad; excepto aquel que contrata la plaza comercial.

Los padres de la menor agredida solicitaron ver las cintas de seguridad para identificar al hombre que la golpeó. Pero el gerente Fernández les dijo que para ello debían contar con una orden judicial. Actualmente los padres de la niña ya presentaron denuncia ante el MP. Tienen pocas expectativas de éxito. Por cierto, en la escuela, algunos padres de familia culparon a la niña, por haber pedido a la pareja que guardara silencio.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La desaparición de Fanny



*Texto publicado originalmente en Milenio Semanal.


Una noche de hace siete años Silvia Stephanie Sánchez fue aparentemente secuestrada. Hasta hoy se ignora su paradero. Ante la indolencia de las autoridades, su madre prosigue su búsqueda.


Lydiette Carrión

A siete años de que su hija Fanny fuera raptada, Silvia Elida Ortiz está cansada. Pero las mantas que ha colocado por la ciudad de Torreón aún le ruegan a su captor: “Sabemos que las autoridades no harán nada... Que nos deje verla si está viva. Si le hizo un daño mayor que me lo diga también. Ya no le diremos nada. Sólo déjanos verla de nuevo”.

El cinco de noviembre de 2004, Silvia Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz, entonces de 16 años, salió de un juego de basquetbol en el Colegio Español. Para devolver un discman se dirigió, con su mochila rosa en forma de conejo al hombro, a casa de un amigo del barrio donde había vivido hasta un par de meses antes, cuando se mudó junto con su familia a las afueras de Torreón. No lo encontró. Se dirigió a casa de otra amiga del rumbo y le pidió dos pesos a la mamá para el camión de regreso: le habían robado su monedero en la escuela. La señora vio a la chica dirigirse hacia la parada de la calle 28 y Matamoros. Eran cerca de las 20:30 horas. Desde entonces nadie sabe de ella.

La hipótesis más aceptada por las autoridades federales apunta a que Fanny fue secuestrada por gente del crimen organizado y vive actualmente como mujer de algún mafioso, aunque no se descartan otras líneas de investigación.

En marzo de 2010, Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña, titular entonces de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Relacionados con Actos de Violencia en Contra de las Mujeres (Fevim), describió la historia de Fanny como un caso “paradigmático”. Frente a medios locales, Pérez Duarte declaró: “Hasta donde yo lo conocí no es un asunto de tráfico propiamente, pero es muy similar a eso sacar a una niña menor de edad de su medio para que sea compañera, concubina de una bola de mafiosos”, dijo, y añadió: “¿Para qué se la llevaron? Para ser la concubina de uno de estos desgraciados. A mí no me pueden decir que ella se fue sola”.

VICIADO DE ORIGEN

Uno por uno, los individuos señalados por las investigaciones como responsables del secuestro han sido vinculados con actos legalmente comprometedores o han sido asesinados. Alfredo García, El Gigio, falleció en una balacera en Nuevo Laredo, se relata en el Diagnóstico de las Condiciones de Vulnerabilidad que Propician la Trata de Personas en México, realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social en 2009, aunque el principal sospechoso es Jesús Ramón Ruelas García, El Moyo o Chuyín, quien hace unos años fue detenido en Nuevo Laredo por la portación de armas de fuego, de acuerdo con Silvia Elida Ortiz, aunque rápidamente fue puesto en libertad. El Moyo era sobrino de Rodolfo García Vargas, El Rudy, y de la hermana de éste, La Cony, quienes han sido señalados por medios locales como los responsables de abrir la plaza a uno de los cárteles de la droga en Torreón.

La misma noche en que Fanny desapareció El Rudy y La Cony preinauguraron el bar Club Fox en la esquina donde la niña fue vista por última vez. Había muchas camionetas con placas de Tamaulipas. En una de éstas, apuntan las investigaciones, se la llevaron.

En el diagnóstico referido se advierte que la encargada del bar tenía relación con “el comandante René de León, del Grupo Antisecuestros de Torreón, y que es tía del Moyo o Chuyín. La averiguación se vició y no tuvo frutos en el grupo antisecuestros, que por cierto tuvo un gran descalabro” cuando su director, Enrique Ruiz Arévalo, fue secuestrado el 15 de mayo de 2007 y no se volvió a saber de él sino hasta que apareció en un video, torturado y declarando sobre presuntos vínculos de autoridades locales con integrantes del crimen organizado.

El Moyo y miembros de su familia asediaban a Fanny cuando ella vivía en esa zona de la ciudad. Le gritaban cuando la veían en la calle y la llamaban “presumida” y “altanera” porque no les respondía. También la llamaban por teléfono. Seis meses antes de su desaparición, desde un coche, le sacaron fotografías. Una vez la defendió nada menos que el boxeador Marco Antonio Veneno Rubio, quien, al ser testigo del hostigamiento que sufría la niña en la calle, los increpó: “A ella no”. Y, por esa vez, la dejaron en paz. En otra ocasión Fanny fue a la tienda en compañía de un amigo de su hermano. Comenzaron a molestarla y el joven también trató de defenderla. Hasta que le rompieron el brazo.

PRIMEROS INDICIOS

El Moyo fue llamado a declarar. De acuerdo con el reportaje del periodista Quitzé Fernández, “La niña a quien se tragó la noche” —publicado en Semanario del diario localVanguardia en 2007—, Jesús Ramón Ruelas García declaró por primera vez el 27 de diciembre de 2004. Entonces El Moyo dijo que ese cinco de noviembre de 2004 había estado en el Sams Club haciendo compras con su esposa. Pero durante su segunda declaración, el 29 de octubre de 2005, aseguró que sólo había dicho eso por presión de las autoridades. Testigos que presentó El Moyo en descargo desmintieron posteriormente haber estado con él la noche del cinco de noviembre.

La procuraduría estatal inició hasta 2006 la averiguación previa L1-AE-004/2006. Con el paso del tiempo formularon tres hipótesis: que Fanny fue asesinada y sepultada en el fraccionamiento San Rodolfo, propiedad de El Rudy, en Torreón; que es víctima de explotación sexual comercial y, finalmente, que fue secuestrada para ser pareja de un importante líder de la delincuencia organizada. Esta última versión ha sido fortalecida por las investigaciones federales.

Hasta mayo de 2007, tres años después de su desaparición, la entonces Fevim (ahora Fevimtra) atrajo por fin la investigación para dar con Fanny. Ese mismo año miembros de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) que participaban en el caso se trasladaron a Torreón. Un día, relata Silvia Elida Ortiz, los agentes se fueron a comer unas gorditas. Cuando regresaron al carro les habían dejado un sobre en el parabrisas. Dentro había una foto con un mensaje: “Ya no la busquen, ya no se llama Stephanie. Ahora se llama Claudia”.

Silvia Elida Ortiz explica que se hicieron estudios de la fotografía y determinaron que sí se trataba de Fanny. “Sin embargo, yo no la reconozco”, dice la madre. En septiembre de 2007 Alicia Pérez Duarte les informó que Fanny había sido ubicada en un condado de Texas, Estados Unidos, y que era madre de una niña. Agentes federales incluso dijeron verla en persona. Sólo los separaba una calle. “Ella (Pérez Duarte) me dijo: ‘Tu hija la tiene uno de los jefes del cártel. La tiene como su mujer’. Y yo le dije: ‘Pues tráiganla’. Pero me respondieron que era muy peligroso”. Y añade: “¿Cómo pueden decirme eso? ¿A quién recurro entonces?”.

En el mes de octubre Pérez Duarte citó a los padres para pedirles que arreglaran sus papeles para viajar a Estados Unidos. Pero cuando todo estaba listo la fiscal les dijo que esperaran un poco más, que iba a solicitar apoyo de Eduardo Medina Mora, en ese entonces titular de la Procuradoría General de la República. La ayuda nunca llegó.

En diciembre de ese 2007 la madre de Fanny le envió un mensaje de texto a la fiscal y ésta le regresó el nombre de la comunidad en la que se suponía se hallaba Fanny: Pharr, Texas. “Vayan ustedes”, decía el mensaje. Y los padres fueron, solos y con sus medios personales. Pharr resultó una población de 46 mil personas. No encontraron nada. De regreso a México, cuando intentaron comunicarse con Pérez Duarte, se enteraron que había renunciado.

Texas no fue la única línea de investigación de las autoridades federales. En agosto de 2007, la SIEDO envió el oficio número SIEDO/UEIS/7882/2007, donde se informó que un testigo había tenido comunicación con una persona que se hizo llamar Jenny y cuyos rasgos físicos eran los de Silvia Stephanie, en el negocio One Mart, ubicado en la Avenida 71, Indian School, en Phoenix, Arizona, aunque la familia jamás lo supo. Hoy la Procuraduría de Coahuila lleva el caso. Desde 2008, Fevimtra sólo es coadyuvante.


MUERTE EN EL DF

Desde hace unos unos cuatro años las autoridades le dijeron que buscaban a Rodolfo García Vargas, El Rudy, tío del principal sospechoso y dueño del bar en cuyos alrededoresFanny fue vista por última vez, explica Elida Ortiz,. Pero el nueve de julio de 2009, El Rudy, entonces de 40 años de edad, fue asesinado en la Ciudad de México. Entonces los medios reportaron que las autoridades lo encontraron agonizando al interior de un domicilio en la colonia San Juan de Aragón, delegación Gustavo A. Madero. Había sido baleado en la cabeza, una pierna y un brazo. Fue trasladado al Hospital General Balbuena por la ambulancia A8066 del ERUM. Murió minutos después. Junto a él había un recado que decía: “Pinole por harina”. Las autoridades lo atribuyeron a un asunto de drogas, pero en la casa había una serie de fotografías de una mujer descuartizada. La Fiscalía de Homicidios de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal lleva el caso de El Rudy; en tanto, Elida Ortiz advierte que hasta la fecha las autoridades a cargo de investigar la desaparición de su hija no han tenido acceso a esas fotografías: la policía del Distrito Federal no se las ha dado.

“A mí estas cosas no se me hacen razonables”, dice Silvia Elida. “Entiendo que cada estado tiene libertad de investigación. Pero aquí estamos hablando de delincuencia organizada”. Apenas hace ocho meses agentes trasladaron a la mamá de Fanny a las oficinas de la SIEDO en la Ciudad de México para reconfirmar declaraciones, datos y nombres de posibles responsables. A estos últimos ni siquiera los han llamado a declarar.

Así llegó el séptimo aniversario del secuestro de su hija. A la familia Sánchez-Viesca Ortiz sólo le quedó poner sus lonas en Torreón, con un mensaje a los responsables. Una de ellas fue colocada en el lugar donde desapareció su hija y otras dos en las salidas de la ciudad. La primera no duró más que un día. Alguien la retiró: los familiares de los presuntos responsables siguen viviendo en esa zona.

EL PEOR DESENLACE

“Yo tuve a mi hija hasta los 16 años”, dice Silvia. “Yo sé quién es mi hija hasta los 16 años: una muchachita que estaba en su casa, que odiaba que le tiraran piropos. Ella mandaba al carajo a los muchachos. Era una chamaquita que tenía miedo de tener una relación; demasiado seria, que ni siquiera bailaba en las fiestas”.

Silvia Elida relata que los hermanos de Fanny le dicen: “Hay que ser positivos”, cuando ella externa la posibilidad de que su hija esté muerta. “Sí, hay que ser positivos”, añade la mamá. “Pero ella no hubiera aguantado esa clase de vida. Sé del síndrome de Estocolmo. Ella (podría) estar con un canijo que la tuviera bien sometida. Pero también pudo estar con un canijo que la pudo haber matado. Y, bueno, me dicen las autoridades: está viva. ¿Cómo se atreven a decir que está viva y no me la traen?”.

“Con estos señalamientos, ¿no le da miedo que pueda haber represalias contra su familia?”, pregunta la reportera. “¿Tú crees que yo tengo miedo? No tengo miedo. Ni mi familia tiene miedo. Pero a la fecha no creo que (a los responsables) les vayan a hacer nada. La maestra Teresa Ulloa, de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres (y Niñas en América Latina), me está ayudando con el caso. Independientemente de eso, yo voy a seguir pegando mantas en esta área”.


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Coahuila, zona del silencio

Reportaje: Fanny, la niña a quien se tragó la noche. Vanguardia Por Quitzé Fernández.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Del pobrismo y el eclipse

Hay una premisa en periodismo que dice más o menos así: la información más importante para la humanidad es que salga el sol, cada día. Pero que salga el sol no es noticia. La noticia es el eclipse.

De esta máxima, que resumirá criterios editoriales de la mayoría de los editores y reporteros del mundo, se explica una acusación constante por parte de la sociedad: los periódicos no informan la “verdad”.


Hoy me tocó cubrir un evento que, hasta ahora ha recibido poca difusión en los medios. Según la UNICEF y el Coneval los hogares mexicanos que reportaron que un niño o adolescente sólo hizo una comida al día o dejó de comer todo un día pasó de cinco en 2008 a 14 por ciento en 2009.

Es decir, 14 de cada cien hogares mexicanos vieron a sus hijos brincarse una comida, o irse a dormir sin cenar por falta de recursos. En un año, el número de estas familias casi se triplicó.

El mismo reporte que entre las familias pobres aumentó el porcentaje de aquellas que tuvieron que dejar de llevar a sus hijos al doctor o comprarles medicinas.

Cosas, ya saben, de este concepto llamado pobreza que, está comprobado, cuando aparece en la portada de un diario, la circulación de éste disminuye.

Otra premisa del periodismo: la pobreza no vende.

Hay otras explicaciones matizadas. Dirán algunos editores, reporteros. El pobrismo, qué güeva. No explica el fenómeno. Es sólo mostrar lo patético por mostrarlo.

En parte, hay algo de razón. Explicar fenómenos es difícil. Muchas de las veces la denuncia sólo queda como reality, una forma de periodismo escandaloso.

Pero, ojo, hay otras estridencias periodísticas que sí venden. Por ejemplo, gritar a los cuatro vientos: El Ejército busca a sicario de 12 años que le disputa la plaza a los Beltrán Leyva.


En este caso, al periodismo parece no importarle la estridencia. Pero ojo: la violencia sí vende. La pobreza, no.

Y al cabo de unos años, esos niños que se fueron a dormir sin cenar, un par o demasiadas veces, quizá se vuelvan noticia. Quizá se vuelvan sicarios.