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martes, 5 de noviembre de 2013

Karina: la buscaron 26 días




Juan Manuel Martínez no quiere pronunciarse sobre las investigaciones policiales en torno a la desaparición de su hija Karina. Pero al final se le escapa una sola frase: “Intervinieron cuando la niña apareció.”

Esa frase, dicha con pena y luto, resume 26 días. Desde que el 3 de octubre, después de comer, Karina saliera de su hogar en la colonia Vistas del Pedregal y caminara cuadra y media para la pasar la tarde en casa de su amiga Ana, una joven de 21 años, y su bebita; después, al  filo de las siete de la noche, se dirigiera al café internet “Game Over”, un pequeño local sobre la angosta calle de Totolapan, y una vez que saliera de ahí no se la volviera a ver.

La frase engloba los siguientes días, cuando los padres fueron a CAPEA a reportar la desaparición y visitaron e interrogaron a las amigas de la niña, cuando tapizaron el barrio con volantes impresos con el rostro ancho e ingenuo de Karina y notaron que alguien los arrancaba por las noches. Cuando visitaron periódicos y revistas para difundir el caso y pedir ayuda en la búsqueda de la adolescente de 15 años cumplidos, que debía pasar tres extraordinarios para poder inscribirse al bachillerato y así regresar al estudio, la niña que había deseado mucho una fiesta de XV años, con baile, y vestido y todas esas cosas que acompañan la celebración de esa edad, pero debido a la situación económica que había golpeado a su familia tuvo que conformarse con esperar tiempos mejores. La frase abarca la espera burocrática  de una, dos semanas y luego tres semanas, para tramitar la información necesaria del celular que llevaba Karina: teléfonos marcados, mensajes, torre de localización. Y la frase abarca también la falta de pistas e indicios: la ausencia de cámaras de seguridad en la cuadra y media en la que desapareció una adolescente de 15 años, entre las 7 y 9 de la noche del 3 de octubre.

Resume el mediodía del 29 de octubre de 2013, cuando alguna autoridad llamó al teléfono fijo proporcionado por la familia: un número que comparte con otros vecinos. Habían llamado para informar sobre un hallazgo en el paraje 38 de Tlalpan, a 3.5 kilómetros de distancia del hogar familiar, que se cubre en 8 minutos en auto sin tráfico o 45 minutos a pie. El mencionado hallazgo se encontraba junto a la ciclopista, una ruta divertida para andar en bicicleta, aunque los usuarios se han quejado constantemente de los asaltos. Muy cerca de la carretera Picacho Ajusco, esa autopista panorámica, rodeada de bosques, pinos y prados, pero donde es frecuente que criminales avienten cadáveres, debido a que la impunidad es cobijada por el despoblado y la fauna del lugar. Ese mediodía del 29 de octubre, la autoridad refirió que ahí había sido hallado el cuerpo desmembrado de una joven con la misma ropa que llevara Karina: sudadera negra con franjas rosas, tenis, calcetas.


–Intervinieron cuando la niña apareció.– La frase resuena como un eco, con la voz seca y de luto del padre de Karina.

Se calcula que a mediados de esta semana, estarán terminados los estudios para determinar si efectivamente se trata de Karina. Hasta la fecha no hay líneas de investigación sobre quién o quiénes se la llevaron. “No hay sospechosos. No nos dicen nada”.

Ahora, la familia tiene otra espera: la de los resultados. La del luto. Y la de justicia. 


*Texto publicado en El Universal Gráfico el 5 de noviembre de 2013. 


También leer: 

Sin rastro de Karina, tras visitar a su amiga

Durante septiembre, Karina Martínez Ruiz, de 15 años, la pasó estudiando para presentar tres materias que quedó a deber en la secundaria: inglés, danza y otra asignatura más que la madre, Gloria Ruiz, no recuerda. Quería entrar al bachillerato, pero  la adolescente debía esperar en casa hasta que comenzara  el siguiente ciclo escolar.
Había sido un año difícil; además de los extraordinarios, no tuvo fiesta de XV años porque la situación económica en casa no lo permitió, así que sus padres le prometieron algo especial para cuando cumpliera 16. Sólo le quedaba esperar para retomar  la escuela y organizar el festejo.
Mientras esto se concretaban, durante las tardes Karina visitaba a su vecina Ana, una joven de 21 años, mamá primeriza de una bebé de año y medio.
Fuera de visitar a Ana, Karina no salía mucho. Es más bien tímida y no le gustan las multitudes: incluso prefiere no ir a la tienda cuando está llena de muchachos. Pero recientemente había sacado su cuenta de Facebook y en ocasiones iba al café internet.
El jueves 3 de octubre, Karina se preparó un huevo a la mexicana para comer y después pidió permiso a su madre de ir con Ana. A las 2:30 de la tarde salió de casa, caminó unos pasos hasta la avenida Totolapan, en Vistas del Pedregal, una colonia popular en la delegación Tlalpan, encaramada ya en las faldas del cerro. De hecho, desde algunas partes es posible ver el sur de la ciudad, en aquellos días en los que la contaminación lo permite.
ANA  NO LA PUDO ENCAMINAR
Karina bajó por un andador lleno de árboles hasta la calle de su amiga, quien la recibió con la bebé. Esa tarde la pasaron jugando con la niña. Conforme se hizo tarde, Ana tuvo que ponerse a lavar la ropa y a preparar la cena de la familia. Karina se alistó para irse.
Por lo general, Ana acompaña a su amiga hasta su calle, pero en esta ocasión, entre la cena y la ropa, ya no la pudo encaminar. Pero todavía no estaba oscuro por completo, así que no le preocupó que el farol del andador estuviera fundido. Pasadas las siete de la noche, la adolescente se despidió e inició el regreso a casa.
BÚSQUEDA EN VANO
La señora Gloria llegó a casa hasta las 8 de la noche. Había salido para recoger en la secundaria a otro de sus hijos. Cuando se percató de que Karina no estaba, pensó que seguía con Ana. No marcó al celular de su hija; prefirió bajar hasta la casa de la amiga. Fue hasta entonces que se enteró que Karina había salido una hora antes. La buscó en el café internet, no estaba; la llamó al celular, pero estaba apagado; la buscó con las amigas de la secundaria, pero fue en vano.
Al día siguiente la señora Gloria y su esposo, Juan Manuel Martínez, interpusieron una denuncia en CAPEA. En la colonia Vistas del Pedregal no hay una sola de las 13 mil cámaras que vigilan las calles de la ciudad de México.
La familia de Karina ha colocado volantes en la colonia; aunque muchas veces los arrancan. Entre tíos y primos se han cooperado para mandar hacer unas lonas con la fotografía de Karina. Hasta la fecha las autoridades no han tramitado la sábana de llamadas del celular de Karina, el cual se encuentra apagado desde el 3 de octubre.
De acuerdo con una nota del portal periodístico Animal Político, casi 4 mil personas han sido reportadas como desaparecidas en el DF, pero únicamente 44% regresa a casa.
Recientemente la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió una recomendación en la que enfatizó que en la ciudad no se han implementado protocolos de búsqueda adecuados en el caso de extravío y desaparición de personas.

Publicado en El Universal Gráfico el 29 de octubre de 2013. 

martes, 2 de julio de 2013

Antes de morir, dijo: "Fue Juan"


Eran las 9:30 de la noche cuando el señor Juárez escuchó que alguien se acercaba a la puerta. Debía ser un conocido porque los perros no ladraron.

—¿Quién es?

—Vengo a hablar con Luisa, respondió una voz que reconoció como la de Cuauhtémoc, un sobrino suyo.

Luisa, la hija del señor Juárez, miraba un programa de Juan Pablo II en la televisión.

—Ahí te hablan, le avisó.


Luisa salió a la puerta de la casa. Poco después, el señor Juárez escuchó siete disparos de arma de fuego. Se asomó y vio que su hija agonizaba; antes de morir le dijo: “Fue Juan”.

El asesinato de la abogada Luisa Juárez Miranda, de 54 años, ocurrió el 30 de abril de 2011 en San Agustín Buenavista, un poblado de poco más de 2 mil habitantes en el municipio de Soyaniquilpan de Juárez, estado de México. De acuerdo con sus hermanos, Cristina y Heliodoro Juárez Miranda, las autoridades han sido omisas. Hasta la fecha el asesinato de Luisa está impune.

Antes de ser asesinada, Luisa se dedicaba a cuidar a su papá y llevaba dos asuntos legales, ambos vinculados con despojo de tierras entre familiares.

En el primero defendía a un hombre llamado Eugenio, tío político de Juan, quien había falsificado la firma de su pariente para hacerse de unas tierras. Además, lo había hecho mientras era comisario ejidal, lo que es ilegal.

En el segundo defendía a Adolfo, un campesino analfabeta que, en una ocasión, cuando fue a cobrar el dinero que le daban del programa Procampo descubrió que su hija lo había despojado de su tierra.

Ambos casos eran fáciles de ganar y tenían audiencias en mayo de 2011. “Y a mi hermana la mataron el 30 de abril”, sentencia Heliodoro.

El homicidio de Luisa fue tomado por el MP de Jilotepec, estado de México. Ahí pasó 2 meses y medio. En julio fue trasladado a Toluca y descentralizado a Lerma.

Al inicio estuvo bien, “comenzaron a trabajar”, pero repentinamente, a decir de Cristina, las cosas comenzaron a entorpecerse sin razón aparente.

La primera ministerio que llevó el caso en Lerma le gritaba al papá de Luisa que le dijera quién la había matado. El señor ya había declarado en Jilotepec que escuchó la voz de Cuauhtémoc. Pero la servidora le decía que le molestaba mucho trabajar “con viejitos”. Los ministeriales llamaron a declarar a testigos no importantes, pero a los clave como Cuauhtémoc hasta la fecha no los han requerido. Juan, por ejemplo, rindió su declaración un año después del asesinato, explica Cristina.

Mientras tanto, el expediente se hacía perdedizo. En agosto de 2012 dijeron a los hermanos que había sido reasignado a feminicidios. Pero ahí les respondieron que no tenían la carpeta. Interpusieron una denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.

El expediente por fin apareció de nuevo en Lerma; las autoridades aseguraron que lo habían reasignado a esas oficinas desde feminicidios, “pero no hay un solo oficio que demuestre que alguna vez había estado ahí”, explica Cristina.

Los familiares de Luisa presionaron para que se hicieran estudios periciales. En Jilotepec, habían hecho una autopsia, pero no los estudios correspondientes. Apenas hace dos meses (dos años y medio después del asesinato) les entregaron el estudio de mecánica de lesiones y se enteraron que la abogada había forcejeado antes de morir. Supieron que había sido mordida y que se defendió.

Por ello, infieren, que probablemente Luisa rasguñó al agresor. Sin embargo, jamás se hicieron los estudios correspondientes, como raspado de uñas; tampoco se buscaron huellas. Por todo ello, sintetiza Heliodoro: “Nosotros creemos que hay tráfico de influencias en el caso de mi hermana”.

Texto publicado en El Universal Gráfico el 26 de junio de 2013

martes, 16 de abril de 2013

Barbie: La buscaron por todo el país... estaba a unos kilómetros de casa





“La autoridad puede presumir que encontró a Barbie, pero la verdad no fueron ellos”. Así resume Lourdes Muñiz el desenlace del secuestro de su hija de 17 años, ocurrido el 8 de agosto de 2011. Apenas en febrero de este año, la familia conoció la suerte que corrió su nena.

A inicios de 2013, mientras esperaban que los atendiera el procurador mexiquense, la señora Lourdes platicaba con otras madres de desaparecidos. Una de ellas sugirió:

–Vayan a Barrientos, porque ahí hay una lista de 25 niñas que no han sido identificadas.

Desde septiembre de 2011, tanto la procuraduría mexiquense como la Procuraduría General de la República habían mandado sendos oficios a todos los semefos, hospitales y cárceles, pero la señora Lourdes y su esposo, Alejandro Reyes, decidieron buscar otra vez.

En el Estado de México hay cerca de 50 semefos. Comenzaron con los dos más cercanos al domicilio de Barbie: Cuautitlán Izcalli y Cuautitlán México.  Lourdes recabó seis casos que coincidían con su hija por edad y sexo. En Cuautitlán México, en particular halló el de una niña de 17 años, localizada el primero de octubre de 2011.

El lunes 25 de febrero, se presentó en Barrientos, donde los registros son más detallados. Le dijeron: “oiga, es que no sabíamos de su caso. No tenemos fotografía de su hija. ¿Qué no fue a Odisea?”. Claro que había ido a Odisea. Más aún, desde enero de 2013, la PGJEM ofrecía una recompensa de 300 mil  pesos.

Vio las fotografías del caso de Cuatitlán México. Con mucha dificultad –por el estado en que se hallaron– logró distinguir la ropa: pants azules, playera de rayas rojas y azules, tenis Converse, chamarra negra. La ropa que su hija llevaba el día del secuestro.

También vio la fotografía del cráneo. Se distinguían los dientes, y con sólo verlos supo que eran los de su hija. Así que buscó los registros de ortodoncia para que los cotejaran. A los pocos días, de manera extraoficial, la policía comentó que había una alta probabilidad de que fuera Barbie, la nena que habían buscado por todo el país, ya que a esas alturas la familia había seguido pitazos, extorsiones y pistas falsas por prácticamente todos los estados de la República: Puebla, Monterrey, Tijuana, el Bajío...

Y Entonces…  Lourdes mira a su esposo y le indica que continúe con la narración.

“…Entonces…”, recapitula el señor Alejandro Reyes, se procedió a hacer todos los trámites de localización y exhumación del cuerpo, enterrado en la fosa común de un pequeño panteón en el Estado de México.

En teoría era una diligencia sencilla. Sólo se debería excavar un espacio de entre 2 y 3 metros cuadrados por seis metros de profundidad. Los policías ministeriales calcularon que el asunto estaría terminado en poco tiempo. Comenzaron el lunes 25  de febrero, pero para el miércoles habían excavado aproximadamente 64 metros cuadrados, por 64 metros de profundidad sin éxito.

“Para que te des una idea, eso es una alberca olímpica. Es muchísimo”, explica el señor Reyes.

“Habían encontrado mezclas de cadáveres, y no solo de fosa común, sino de fosas particulares sin ningún registro o control.  El cuerpo de justicia dejó sus labores y se dedicó por tres días a excavar, porque no confiaban en la gente del panteón; temían que debido al desorden y probable corrupción en el manejo de restos humanos, les dieran otra osamenta.  “Les dije que me lo imaginaba como una fosa de Hitler”, recuerda Lourdes. “Y me dijeron, ‘sí, señora. Así es’”.

“Llegaron con las manos llagadas, con ampollas por estar cargando carretas, porque no podían meter maquinaria. La verdad fue una labor muy reconocible y muy ardua, por parte de ellos”.

El jueves 28 de febrero, finalmente encontraron la osamenta, pero no su ropa ni efectos personales, los cuales servirían para investigar el caso, que sigue impune. El señor Reyes recuerda: de 10 personas interrogadas por el caso de mi nena, seis mintieron en sus declaraciones ministeriales. A ninguna se le preguntó qué hizo el 8 de agosto de 2011, cuando fue secuestrada.

En ocasiones, matiza  el señor Reyes, ni siquiera se trata de falta de disposición de los ministeriales, sino de las condiciones en que trabajan. Como ejemplo, una vez reclamaron a los agentes antisecuestros por qué no habían enviado determinado oficio. Éstos respondieron que no tenían computadora. “Ellos trabajan con sus laptops personales todas desvencijadas”, dice Lourdes. La familia de Barbie terminó  por comprarles una.


***
La mañana del 8 de agosto de 2011, María Bárbara Reyes Muñiz salió de su casa alrededor del mediodía. Se comunicó con su mamá mediante el servicio de mensajería de Blackberry, y le dijo que iba con “una amiga de la escuela” al centro comercial Luna Park. Tuvo comunicación con su novio a las dos de la tarde, pero después ya no contestó los mensajes de nadie. Alrededor de las cinco, preocupada, la mamá pidió a sus otras hijas que la acompañaran a Luna Park. Buscaron a Barbie en las tiendas, el cine, mostraron fotos a los policías. Nadie la había visto. Pasaban de las 7 de la noche y la mamá salía del centro comercial cuando llegó el primer mensaje del secuestro. “Mira la cosa esta así […],quero 500mil pesos para mañana a las 11 no estas para poner condiciones y no me importa hablar contigo hasta mañana. Obviamente nada de policías […]” (SIC).

A las nueve de la noche, recibieron otro mensaje:

“Tu crees que somos pendejos o que, vivo demasiado cerca como para no notar que ya hiciste tu desmadre […], si quieres a tu hija te necesito en 5 horas en queretaro con la camioneta y sus papeles asi como el matiz y sus papeles […] solo te quiero a ti, tus hijas […]” (SIC).

El señor Reyes Aceves se trasladó al ministerio público. Regresó a casa con un negociador de la policía. Enviaron un mensaje a los secuestradores entre las 11:30 y las 12 de la noche, pero éstos ya no respondieron.

**Texto publicado en El Universal Gráfico el 15 de abril de 2013.

***Más información: "Barbie: con la ley en contra".

martes, 24 de julio de 2012

La historia Cécile

Lydiette Carrión

Había una vez una joven  perfecta. Espigada, un rostro precioso enmarcado por unos bucles color chocolate. Aunado a un caminar elegante, detenía el tráfico. Pero Cécile Acosta no era sólo una niña bonita. Estudiaba piano, danza. Conforme fue creciendo, ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, se graduó con honores y después realizó una maestría en etnología; se diversificó: practicó el yoga y se convirtió en maestra de esta disciplina; conoció las danzas, la filosofía  de India y se enamoró de ese país.

Cécile tenía la rara cualidad de que, a pesar de su talento y belleza, era sencilla y mostraba empatía hacia los demás. Conocía lo que era trabajar desde muy joven, había mesereado para pagarse la escuela, tomaba el pesero como todos los demás. Sin embargo, al verla caminar, uno no podía dejar de pensar: a esta chica le va a ir muy bien en la vida. Lo tiene todo, y además se lo merece. 

En algún momento, Cécile conoció a Martín Manrique, un matemático, que proviene de una de las familias más distinguidas y poderosas del ámbito intelectual mexicano. 

Parecía un cuento de hadas, pero no lo fue. Aunque Cécile quería a Martín -más aún, lo admiraba; dicen sus amigos cercanos que se refería a él como un genio- fue una relación intermitente, difícil. En 2007 tuvieron hermosa niña, pero poco después la relación comenzó a deteriorarse rápidamente.  

Manrique la golpeó. Los amigos cercanos de Cecile advierten también que la aisló de su familia. Hizo acusaciones contra  la pareja y la madre de Cécile, si bien éstas luego fue desechadas por un perito experto. Ambos pusieron fin a la relación, y acordaron que la niña pasaría un año con el padre y otro año con la madre, para que la pequeña no prescindiera de ninguno.

Siguieron años bien difíciles para ella: soledad, alejada de su familia debido a las acusaciones de Manrique, con poco dinero y haciendo los malabares de toda madre soltera.

En junio de 2011,  Manrique se fue a la India a estudiar un doctorado en matemáticas. Se mudó con la pequeña (corría su año del acuerdo), que estaba por cumplir seis años, a la Universidad de Kalasalingam, al sur de ese país.

Para estar cerca de su hija, Cécile consiguió una beca para estudiar danza hindú en  la Universidad de Arte y Cultura Kerala Kalamandam. Estaban en ciudades distintitas; Cécile viajaba cada 15 días un trayecto de 15 horas y en el que tenía que tomar varios transportes, para visitar a su pequeña. Según el acuerdo extraoficial de la expareja la niña debería regresar con su madre a partir de agosto de 2012. 
“¿A dónde llegaron las cosas para que estos deseos y proyectos terminaran en tragedia? Aún no se saben”, escribieron la madre y hermanos de Cécile, quienes están seguros de que Manrique la mató.

El 4 abril, Cécile visitó a su hija; el 9 de ese mes, debía emprender el regreso a su ciudad. Pero, según la revista Gatopardo, días después de la fecha fijada, el actual novio de Cécile buscó a Manrique para decirle que Cécile nunca había regresado. Hasta entonces se reportaron los hechos a la policía. El lunes 16 de abril, la familia de Cécile en México se enteró a través de la prensa. Apenas habían comenzado a organizar una campaña para su búsqueda cuando, al día siguiente, la policía había determinado que los restos calcinados de una mujer hallados en otra localidad pertenecían a la mexicana desaparecida, y que Manrique era el responsable. La policía india presentó una serie de pruebas: huellas del auto, un pedazo de plástico que corresponde al carro de Manrique, una confesión firmada en inglés.  Al momento de su muerte, Cécile tenía 36 años.

La familia de Manrique ha alegado que las pruebas son “sembradas” y la confesión fue hecha bajo tortura. La familia de Césile asegura que se trata de un asesinato anunciado, dada la violencia al interior de la pareja; los amigos de Cécile temen que el poder y el prestigio de la familia de Manrique muevan la balanza a su favor. 

Texto publicado en El Universal Gráfico el 24 de julio de 2012.


Actualización:
Este mismo 24 de julio, la familia de Cécile informó que Martín Manrique ha sido liberado bajo fianza. 

miércoles, 25 de abril de 2012

Mariana: ¿suicidio o feminicidio?



* Historia publicada en El Universal Gráfico el 10 de abril de 2012

Julio César Hernández Ballinas telefoneó a su suegra, Irinea Buendía, y le dijo: Tu hija Mariana se suicidó. La hallé colgada. Era el filo de las 7 de la mañana del 28 de junio de 2010.
Irinea, otra de sus hijas y el esposo de ésta se trasladaron en menos de media hora al hogar de Mariana, en el municipio de Chimalhuacán. Encontraron la casa abierta. Ballinas (como todos llaman a Julio César) se había ido. Aunque era policía judicial, dejó la escena del crimen sin resguardo.
Irinea entró hasta la recámara y encontró el cadáver de su hija Mariana recostado en la cama. Presentaba rigidez y lesiones: rasguños en el cuello, en la frente y moretones en las piernas. El pelo estaba revuelto, y su cuerpo había sido bañado y secado: tenía esas arrugas que deja el haber pasado mucho tiempo en el agua. Los pies estaban descalzos y limpios, mientras que el piso estaba sucio.
Irinea y sus familiares tomaron fotografías de baja resolución con la cámara de su celular. En la recámara había una bolsa con documentos importantes y maletas con ropa: los preparativos de Mariana para dejar a su esposo. Se iba por las golpizas que aquél le propinaba, la violencia y las amenazas de muerte que le hacía –incluso Ballinas le hablaba a Irinea y le decía que iba a matar a Mariana.
A los pocos minutos llegó Ballinas con los agentes ministeriales. Irinea lo cuestionó por haber movido el cuerpo, ya que existe un protocolo de cadena de resguardo, el cual Julio César conocía por ser policía judicial.
En su declaración, Ballinas dijo que llegó antes de las 7 de la mañana de trabajar. Como nadie le abrió, entró por una ventana (que, por cierto, siempre permanecía cerrada) y encontró a Mariana colgada. Trató de resucitarla, la acostó en la cama y le masajeó las piernas. (En una segunda declaración, por cierto, dijo que había pasado la noche con una amante.)
Sin embargo, Irinea constató que a las 7:30 de la mañana el cuerpo ya presentaba rigor mortis. Los análisis practicados un par de horas más tarde indicaron que llevaba entre 8 y 10 horas sin vida; había muerto entre las 11 y las 12 de la noche. ¿Ballinas acaso había tratado de “revivir” un cuerpo frío con rigor mortis?, cuestiona la familia.
El cuerpo de su hija no fue lo único que no encuadraba con la versión del suicidio: dos toallas húmedas, un celular, un control de televisión y cuchillos en el baño, así como botellas de esmalte tiradas en el piso. No había un solo bote de basura en toda la casa. Y uno de los tambos de agua-- siempre llenos—había sido vaciado.
Los ministeriales levantaron el cadáver en 10 minutos. Las fotografías tomadas por los peritos estaban desenfocadas, sin mejor calidad las del celular de Irinea y describieron la postura del cadáver en dos párrafos, explica el abogado Rodolfo Martínez. Inclusive, añade, son contradictorios los peritajes sobre la mecánica de asfixia que mató a Mariana.
Las pruebas están viciadas de origen, resume la señora Irinea: “en la averiguación previa no señalan que el cuerpo de mi hija fue movido. No se cumplió con el protocolo de investigación, no se recopilaron indicios, no se recuperó el cordón, con el que supuestamente se había ahorcado, sino hasta 11 meses después. Tampoco se hizo raspado de uñas”.
Creer en la ley
Mariana creía en la ley. Era pasante de abogado por la UNAM e iba a iniciar su tesis de titulación, explica su madre. Desde 2006, trabajó en el Centro de Justicia de Chimalhuacán. Ahí conoció a Ballinas, quien la convenció de dejar de trabajar después de casarse.
Pero la ley le ha fallado a Mariana y a su madre. “Denuncié las omisiones en la averiguación previa”. Hace unos meses, una juez decretó el no ejercicio de la acción penal en contra de Ballinas. Actualmente, la familia ha interpuesto un amparo indirecto contra las deficiencias en la investigación. Irinea espera que ahora sí la justicia no le falle a Mariana.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Los otros monstruos



*Columna publicada en el Universal Gráfico el 7 de marzo de 2012


Sobre El Coqueto, no hay duda: es un monstruo. Un asesino serial nos recuerda que todos somos vulnerables a un ataque; no importa lo cuidadosos que seamos. Pero estos monstruos no son los únicos; ni siquiera los más peligrosos.

Un juez federal concedió el amparo a varias organizaciones de derechos humanos, para que en el Estado de México se implemente una alerta de género que investigue y prevenga la violencia contra las mujeres: secuestros, feminicidios y desapariciones.

Las organizaciones hicieron hincapié en las desapariciones. En el Edomex, casi la mitad de las mujeres desparecidas tienen entre 10 y 20 años. Esto sugiere la presencia de redes criminales dedicadas a levantar jovencitas para explotarlas sexualmente.

El grueso de los casos está impune. Y se suma otro factor: la trata de personas no puede investigarse en un solo estado.

Esmeralda Castillo Rincón fue secuestrada en mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua. En octubre pasado, una persona declaró que había tenido contacto con ella en un bar. Ésta le dijo que sería trasladada a La Merced (DF), y que por favor le avisara a sus padres.

La familia pidió a las autoridades de Chihuahua que rastrearan a la joven. Mas éstas parecen no haber hecho nada. La familia llegó al DF con sus propios medios a buscar a su hija.

En noviembre de 2004, Silvia Stephanie Sánchez-Viesca, entonces de 16 años, fue secuestrada en Torreón, Coahuila. Sigue desaparecida. Hay dos líneas de investigación: que vive con un mafioso o que la mataron. En 2009, uno de los sospechosos, Rodolfo García Vargas, fue asesinado en el Distrito Federal. Le encontraron fotografías de una mujer descuartizada. Hasta la fecha estas imágenes no han podido ser inspeccionadas por las autoridades norteñas.

Los infiernos que viven las mujeres explotadas por estas redes no le piden nada a El Coqueto en crueldad y sadismo. Pero existe un factor extra: sus monstruos ganan mucho dinero. Mientras, sus familias se enfrentan a la misma negligencia y posible corrupción que vimos en el caso del feminicida serial. Por ello es urgente exigir que se implemente esta alerta de género.

Amparo, madre de Ceci -una de las víctimas de El Coqueto-, dice algo cierto: somos más los buenos que los malos. Pero habrá que añadir: si los buenos nos quedamos cruzados de brazos, los malos nos van a ganar.   


miércoles, 29 de febrero de 2012

El coqueto: La huella del asesino





Para cuando la policía colombiana descubrió que había decenas de niños asesinados en diversos departamentos (provincias) de ese país, y que podía deberse a un homicida serial, Alfredo Garavito Cubillo ya había torturado y matado a más de un centenar de menores. El peor asesino en serie de América Latina llevaba siete años activo. Pasarían casi tres años más para que lo atraparan en 1999.

Las cifras de Garavito no son claras: unos contabilizan 200 niños asesinados; otros 170; el homicida reconoció 140.

En 2005, el fiscal colombiano Álvaro Vivas Botero, dictó en nuestro país su conferencia magistral “El caso Garavito: homicida serial”, y abordó las coincidencias del caso con los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.

En ese entonces Vivas Botero enfatizó que Garavito había podido actuar con impunidad durante muchos años porque no había comunicación entre las policías de las diferentes provincias de Colombia.

Si hubiera existido esta colaboración, incluso se le hubiera podido detener antes de que empezara a matar, ya que antes había abusado y torturado alrededor de 200 niños. Vivas Botero cuestionó: ¿Existe en la República Mexicana, una base de datos con todos los desaparecidos?, ¿existe intercambio de información entre procuradurías?

En días recientes, la policía mexiquense aprehendió -para luego dejar escapar- al “Coqueto”, presunto violador y asesino que operaba en el Estado de México y el Distrito Federal. Se le vincula con al menos siete feminicidios de jovencitas.

En la Ciudad de México, cuya mancha urbana cubre el Distrito Federal y el Estado de México, si bien hay ejercicios de colaboración entre procuradurías, el caso de “El Coqueto” vuelve a poner el tema en la balanza.

Se han detectado, por ejemplo, casos en que violadores detenidos en el Distrito Federal ya tenían antecedentes en el Estado de México. Pero la procuraduría capitalina se enteró hasta que había asegurado al sospechoso. Con un intercambio pleno de información, se evitarían muchos delitos de alto impacto.

Cabe preguntarse si una colaboración más profunda entre las procuradurías mexiquense y capitalina hubiera permitido una detención más rápida de “El Coqueto”. (Aunque frente al escape del presunto feminicida, quien se fugó por una ventana incluso estando esposado y vigilado, quizá las preguntas deban ser otras.)  



*Columna publicada el miércoles 29 de febrero de 2012 en El Universal Gráfico.


**Leer también: Los otros monstruos



martes, 3 de enero de 2012

El año en que Elizabeth Short se convirtió en perfume


El hallazgo fue combustible para una ciudad que había encontrado un placer compulsivo en su propia decadencia. El cuerpo de la mujer, colocado en un terreno baldío sobre la Avenida South Norton de Los Ángeles, fue descubierto primero por Betty Bersinger, una mujer que caminaba con su hijita de tres años.

La “chica muerta” estaba diseccionada en dos por la cintura. Las dos mitades de su cuerpo, drenadas de sangre y lavadas, colocadas de forma cuidadosa sobre la hierba. Su rostro desfigurado por los golpes mostraba una sonrisa macabra: dos heridas que partían desde las comisuras de la boca se prolongaban hasta casi hasta las orejas. La nariz rota a puñetazos. Los que alguna vez fueron unos bellos ojos azules estaban desfigurados por los golpes. Los senos ostentaban quemaduras de cigarros. Uno de ellos cortado, casi desprendido del pecho.


 La segunda parte del cuerpo se encontraba unos centímetros más abajo. Sus piernas estaban separadas de forma pornográfica; pero sus rodillas habían sido fracturadas. Sus órganos reproductivos, extirpados y desaparecidos para siempre. Un pedazo de piel en forma de triángulo había sido removido de su muslo izquierdo.

 Pocos días después, el cuerpo que Betty Bersinger confundió de primera impresión con un maniquí fue identificado como Elizabeth Short, de veintidós años, aspirante a actriz, conocida en el mundillo periférico a Hollywood. La prensa la bautizó como la “Dalia Negra”, ya que tenía un atractivo look tipo mujer fatal, con un lustroso cabello negro, y le gustaba vestir ropa ajustada.

 El asesino o los asesinos de Elizabeth Short nunca fueron detenidos. Existen decenas de libros que claman haber desentrañado el misterio. La historia también ha inspirado imágenes, una que otra banda de rock, libros. El más notorio de estos últimos es La Dalia Negra, de James Ellroy (1987), que a su vez inspiró él filme de Brian de Palma con el mismo nombre (2006). (En 2005, Donald H. Wolfe publicó el libro de no ficción Los archivos de la Dalia Negra, el cual es considerado por muchos una de las investigaciones más rigurosas, ya que reveló, por primera vez desde el asesinato en 1947, documentos que nunca fueron hechos públicos. Entre ellos, una nota médica que advierte que Betty Short estaba embarazada al momento de su muerte. Wolfe concluye que la banda del mafioso Bugsy Siegel mató a la Dalia Negra, por órdenes del magnate Norman Chandler, quien la habría dejado embarazada y quería librarse de ella cuando aquélla se negó a abortar.)

  Del crimen al sexo 

El fenómeno más perturbador en torno a la Dalia Negra no es lo intrincado de su asesinato, sino la devastadora certeza de que esta joven que siempre aspiró a la fama, a convertirse en objeto de fama y deseo, sólo consiguió su objetivo debido a su muerte: a la forma en que fue torturada durante días debido a la exposición pública de su cadáver y a la develación sistemática de su intimidad que hizo la prensa.

 La Dalia Negra se convirtió paulatinamente en la pin-up girl de esa oscura ciudad de Los Ángeles en los años cuarenta. Su historia truculenta y oscurecida, con grandes lagunas narrativas que sólo echaban a volar la imaginación del público fue convirtiéndola en ese oscuro objeto de deseo. Y es que la prensa contó por entregas su historia: una más del inmenso ejército de jovencitas que llegaban a Los Ángeles con la esperanza de convertirse en estrellas; sin un trabajo fijo, con una debilidad por los hombres en uniformes; visitadora asidua de bares; con muchos conocidos, pero sin amigos cercanos; prostituta eventual… La Dalia Negra se convirtió paulatinamente en la pin-up girl de esa oscura ciudad de Los Ángeles en los años cuarenta. Su historia truculenta y oscurecida, con grandes lagunas narrativas que sólo echaban a volar la imaginación del público fue convirtiéndola en ese oscuro objeto de deseo.

 Pocos parecen sentirse realmente incómodos con el uso público, el encumbramiento de la Dalia Negra como inspiración de fantasías oscuras, en las que se entremezclan sexo y muerte; sexo y tortura; sexo y crimen. En su novela, James Ellroy relata cómo en los clubes más oscuros e infames la población femenina comienza a imitar el estilo de la Dalia Negra: su ropa entallada, su cabello. Sólo se alza una voz que recrimina, que apunta lo que todos parecen no advertir: una mujer le dice a su pareja, a quien encuentra con otra, una dalia negra wannabe: “Ella luce como la chica muerta”, le dice: “Qué tan enfermo puede ser eso?” 


Pero la pin-up girl cumple demasiado bien con las aspiraciones dramáticas y estéticas de la época: bella… de una forma extraña, torcida. Llena de claroscuros y altos contrastes, moralmente ambivalente, prostituta amateur, aspirante a estrella del cine, rodeada del bullicioso mundo nocturno de Los Ángeles, sus grandes magnates, sus mafiosos… Mas no es posible dejar de preguntarse si Elizabeth Short supiera de los sueños húmedos que su historia causó, ¿no se sentiría doblemente vejada? En la actualidad el de Short sería calificado como un feminicidio. Más aún, sería el feminicidio perfecto, ya que cumple, como si se tratara de un caso para manuales, con cada una de las aristas de la tipificación legal: crimen con carga discriminatoria, utilización del cuerpo como forma de castigo contra la mujer, violencia sexual, tortura, disposición y exposición del cuerpo en la vía pública.

 Sueños en botella 


 Este año, la casa de moda Givenchy anunció con bombo y platillo, la creación de su nueva fragancia femenina “Dahlia Noir” (Dalia Negra). Los perfumes siempre venden sueños, anhelos, encerrados en botellitas de cristal. Dahlia Noir no es la excepción.

La imagen del perfume está personificado por la modelo Mariacarla Boscono, con cabello y ropa negros, quien mira a la cámara con ojos mórbidos, envuelta en oscuras telas vaporosas. El perfume está dirigido a la mujer.

¿Qué sueños compra una mujer en esta botellita? ¿Hay alguna pulsión oculta —de esas que tanto gustaban a Freud— que la hace aspirante a ser una víctima pública del sadismo? No es la primera vez que una casa de modas se basa en la muerte sádica de mujeres para lanzar un producto dirigido a las propias mujeres. El año pasado la casa Mac Rodarte lanzó una línea de cosméticos inspirada en las muertas de Juárez. Pero, debido a las protestas públicas, la línea fue cancelada en México.

 Sin embargo, el asesinato de Elizabeth Short está demasiado lejano en el tiempo para inspirar indignación social. Desde 1947 la Dalia Negra inició su viaje para ser despojada, capa por capa, de su condición de sujeto y alcanzar por completo el de objeto de deseo. No es casualidad que sea poco lo que se sabe acerca de Elizabeth cuando era niña, cuando era adolescente: qué postres le gustaban o si tenía una mascota. Los detalles de su vida que no están vinculados con el escándalo y con el sexo han sido poco a poco borrados de su biografía “oficial”, hasta convertirse en un maniquí que sólo caminaba por las calles de Los Ángeles de los años cuarenta.

 Y en esta mecánica, el infortunio final, la tortura, la pulsión del sexo entremezclada con la muerte, es el detonante clave para volverse en objeto de deseo y como estadio final, en mercancía (es “redituable” ser víctima de un asesinato violento). Elizabeth Short, en términos reales, se convirtió en perfume.

 *Publicado en Replicante
** Imagen del inicio fue tomada de este sitio

 Para leer más sobre moda y sadismo: Muertas de Juárez: Deathfashion



 **La fotocomposición final  fue tomada de este blog