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miércoles, 1 de junio de 2011

Cantos del puerto




En estos tiempos donde la frase fácil, el chiste fácil, el anecdotario de lo intrascendente, inunda los espacios culturales: editoriales, canales de televisión y radio, revistas... ¿Para qué leer a Juan Carlos Castrillón?


¿Qué hago yo, con unos versos que rasguñan y buscan, con dedos adoloridos conocer a profundidad una realidad que se ve desoladora? Frases abigarradas y oscuras que describen un puerto, un mundo humano que ha perdido su cualidad primaria (es decir, lo humano mismo) y sólo subsiste por inercia; un mundo que poco a poco se extingue, y da paso al silencio y al testigo universal.

¿Para qué, si ya no está “inn” el desasosiego frente a la nada, si no viene acompañado de un chistorete relativizador, o del cinismo con sonrisa de anuncio en horario estelar.

En el mejor de los casos, según marcan las pautas de las buenas costumbres de estos tiempos, esa oscuridad debería ir acompañada de una estafa anunciada, para aquellos ilusos que buscan, desesperados the real thing en aparadores y productos...

Esa “rebeldía” de marketing, dicen, es lo que vende. Y en estos tiempos posmodernos, apocalípticos, esa rebeldía conmoverá a las masas... o si no le alcanza para ello, por lo menos pagará las cuentas.

Pero, mientras tanto, ¿qué pasa con los rebeldes “de verdad”? (y odio utilizar, nuevamente, esa palabra, que ya ha perdido todo su significado).

Harán lo que han hecho a lo largo de los tiempos. Transitarán por los corredores periféricos de la sociedad. En los momentos más álgidos se esconderán de la persecución. Una persecución que va a acompañada del escarnio emitido por aquellos humanos que se conmueven frente a la versión elaborada de Hollywood: Robinhoods de pacotilla en la televisión.


¿Leer a un poeta que se empeña en vivir en la marginalidad real, antes de intentar acercarse si quiera, a coquetear tímidamente con el mainstream cultural? Dónde están las indígenas sonrientes con flores pintadas en los cuadros mexicanísimos que se venden en el Sanborn's de Coyoacán?, ¿qué hay de la edulcoración del sesentayocho, o el anecdotario cantinero de mala muerte, tan inn en los bares de la Condesa (y antes, décadas antes, de la Zona Rosa)?

En resumen: ¿dónde está la forma sin el fondo, para no cansarnos?

**

Si existe una dicotomía entre el mainstream y la marginalidad radical, en esta última se sitúa Cantos del Puerto.

El libro parte de un lenguaje épico, histórico, que trasciende el localismo, la temática “nacional” (sobada hasta la náusea), para sentenciar, como un juez sin alma, la extinción del universo descrito.

Desde esa muerte lenta -como aquellas familias de antigua estirpe que se extinguen poco a poco, regodeadas en su propia esterilidad-, es de donde parten los cantos del puerto.

Parece que ya no hay nada. Sólo el vacío. Es la descripción agónica y francamente asfixiante, de un mundo sin espíritu, sin ética, sin afecto. Sólo quedan los restos de los pecados capitales: una lujuria sin placer; una voracidad sin pasión ni disfrute; un trastocamiento desquisiante de los discursos ideológicos. Vaya, hasta el crimen está incompleto, vacío, decadente.

La apuesta filosófica del libro (todo buen libro tiene una, aun sin habérselo propuesto) es que este malestar agónico exacerbado no será remontado por la especie humana. O por lo menos, no por aquélla que se encuentra en ese puerto. Esa especie está condenada a la extinción.

Los pocos inconformes que atentan contra la inercia de extinción son fácilmente exterminados.

Pero el fin del humano mismo no es el fin de la divinidad ni el universo. Pareciera que al poeta le inunda una resignación religiosa frente al fin de su mundo... como un animal al que sólo le queda la certeza de ser el último de su especie, y el consuelo de saber que el mundo continuará sin él; que habrá otras vidas, otros años dorados, otros amaneceres...

Tendrá que haber otro marhumano, una vez que se extinga el actual.

***

Debo confesar que no puedo ser objetiva con la obra de Juan Carlos Castrillón. Por razones ajenas a mi consentimiento, Juan Carlos es un hermano incómodo para mí --aunque, pensándolo bien, todos mis hermanos son incómodos--. Amado y padecido desde hace décadas, lo que yo sienta o diga de Juan Carlos y su obra debe ser tomado con esa reserva. Por ello, mejor ir directo a la fuente:


Afuera aullaba inminente la tempestad cuántica.
Ella volteó hacia mí y dijo:
"Tu eres el cantor, tu has venido a dar testimonio.
Mira hacia el océano
¿Qué es lo que observas?"
Y el océano cubría la tierra como un lago rojizo.
"Mira hacia la tierra
¿Qué es lo que percibes?"
Y el planeta era un animal diminuto
atrapado en una gota de polvo
iluminada por el sol
en su aliento bio-químico sobre el espejo.
"Mira adentro de ti
¿Qué es lo que sientes?"
Y mis propios nervios eran una fuerza magnética reflejada en las estrellas.
Y la conciencia ancestral en los genes del cosmos respiró luminosa entre mi carnehueso.
"Hunde la cabeza en tu corazón
¿En dónde te encuentras?"
Y me herí las córneas contra mi propia confusión
Y no encontré nada que no me recordara a la muerte
Y aborrecí ser hombre y ser ciego y ser un instrumento tan torpe
Y tuve miedo de no poder transmitir en palabras todo esto
y una larga espada de algún metal líquido me traspasó la boca
y esa espada era una serpiente cristalina
cuyo hocico devoraba su cola
y esa unión eran mis padres que se penetraban luminosos
y en esa corriente inexpresable respiré el color de la vida
"Exhala el humo de tus sueños
¿Qué es lo que recuerdas?"
Y de repente me encontré en un gran jardín
donde todos lloraban por la muerte de el hombre
Y lloré con los pocos ojos cegados por la luz
Y recordé que yo solo era un minúsculo transcriptor
de la fuerza abismal de mi propia sangre
Y me negué a cantar la palabra dios
Y renegué de mi lengua empobrecida que no alcanzaba a pronunciar
todo lo que veía.
Y comprendí que estaba muerto sobre el filo de la noche
Y aparecieron flamas azules a mis costados
Y deseé que todo ser viviente alcanzara liberación
Y en las paredes se abrieron puertas con transfondo eléctrico
Y su voz era la mano infrarroja de la luna
Y sus palabras eran incienso entre mis labios:
"Cualquier puerta es solo un sendero más de la evolución de la materia
No mires atrás
deja fluir tu esperma como un rayo salado
confía en tu clarividencia
reconoce la radiación de tu propio pensamiento
confíen en que la vida marcha hacia lo perdurable
recuerda el espíritu
recuerden el espíritu".

Juan Carlos Castrillón Soto
Cantos del Puerto
Ediciones Eterno Femenino


*La imagen que ilustra este post fue tomada de este sitio

lunes, 23 de mayo de 2011

El hombre, lobo del lobo






(Basado en el libro Licantropía. Historias de hombres lobo en Occidente, editado por Jorge Fondebrider)

Por Lydiette Carrión
(publicado originalmente en Replicante)

El lobo fue modelado por el diablo. Pero éste no pudo darle vida, ya que sólo Dios tiene ese poder. Dios decidió animar al lobo y convertirlo una criatura de la Creación. Pero, en el último momento, el diablo le agarró una pata al lobo. Desde entonces este animal tendrá la cualidad de ser el vínculo entre lo divino y lo demoniaco. De ser símbolo de fidelidad y fuerza; pero también de devastación y depravación.

El mito del hombre lobo advierte que el peor depredador está escondido (como lobo con piel de oveja) en la comunidad. Por ello, la exploración de la bestia es en realidad un recorrido por los interiores más oscuros del ser humano. El libro Licantropía. Historias de hombres lobo en Occidente, editado y compilado por Jorge Fondebrider [Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2011] es un pretexto para asomarse a esas penumbras que, paradójicamente, tienen su origen en el mejor amigo del hombre.




Lobos y perros

El lobo ronda al hombre desde el inicio de los tiempos. Acecha los poblados, depreda el ganado, ataca y devora a los niños y a hombres y mujeres que se encuentran en solitario. Ataca sobre todo en inviernos muy fríos, cuando la comida escasea. Pero el lobo, o por lo menos algunos de ellos, acompañarán al hombre de otra forma. Al principio, como un animal que devora las sobras de las comunidades y que poco a poco se acercará más al hogar. Algunos lobos comenzarán a transformarse en perros.
(1)

¿Podrían los pobladores de la Europa rural intuir que el lobo depredador es la versión originaria de su fiel amigo y compañero, el perro?

¿Será —pregunta hecha a vuelapluma— que la imagen del hombre lobo es recordatorio de que hasta el más fiel amigo del humano tiene su origen en la profundidad del bosque? ¿Que así como el lobo pudo transformarse en perro (de cuya evolución el hombre es testigo amnésico), nosotros mismos provenimos de una versión previa, salvaje y capaz de depredar de forma cotidiana a nuestros semejantes?

¿Será que el humano es, como el perro, la evolución de un monstruo creado a cuatro manos por Dios y por el diablo, moldeado por el ángel caído —o quizá, jugando a los mitos iniciales, por un demiurgo—, con el aliento vital de Dios, pero con una mano siempre torcida por el mal?

El caso de la antigua Grecia es explícito: aquellos hombres que practiquen canibalismo estarán condenados a convertirse en lobos y deberán correr por los bosques durante nueve años. Sólo aquellos que no hayan probado carne humana en ese tiempo recuperarán su forma humana.

El serial killer mítico
El caso del “hombre lobo de Colonia”, en Alemania, revela al hombre detrás de la bestia.

En 1589, en la localidad de Bedburg, Peter Stubbe “confiesa”, bajo la amenaza de tortura, haber pactado con el diablo desde los doce años de edad. A cambio éste le dio un cinturón con el que podía transformarse en lobo. Le atribuyen por lo menos dieciséis asesinatos en 25 años.

Su historia se encuentra en el Discurso verdadero declarando la vida condenable y la muerte de un tal Peter Stubbe, un terrible y malvado hechicero, que bajo la forma de lobo cometió muchos asesinatos, continuando esta práctica doble durante veinticinco años, matando y devorando hombres, mujeres y niños. El cual, por tales hechos fue apresado y ejecutado el 31 de octubre pasado en la Torre de Bedburg, cerca de la ciudad de Colonia, en Alemania.


El panfleto (del cual sólo se conserva una traducción al inglés) relata no sólo los ataques de un lobo, sino los crímenes sexuales de un hombre. Peter Stubbe espiaba “por si divisaba a alguna doncella, esposa o hija, que agradase a sus ojos y encendiese la pasión en su corazón, tras lo cual acechaba la ocasión en que su víctima salía de su población, particularmente si lo hacía sola, echando a correr tras ella, y con toda crueldad la asesinaba; también a veces, merodeando por los campos o los bosques, veía a varias jóvenes juntas, jugando o descansando, y de repente en su forma de lobo, se abalanzaba sobre ellas, y mientras las otras huían, él apresaba a una, y una vez realizada su lasciva hazaña, la asesinaba, y si le había gustado alguna de sus compañeras corría en su busca por todas partes y la separaba de las demás, pues tal era su velocidad y rapidez de movimientos gracias a su forma de lobo, que podía vencer a cualquier sabueso de la región; y tanto practicó estas maldades que toda la provincia empezó a temerle, espantados de aquel lobo siniestro y ávido de sangre. Así continuó sus diabólicas y condenables hazañas durante unos cuantos años, asesinando a trece jovencitas y a dos mujeres en cinta, a las que abrió en canal para quitarles los fetos, comiéndose sus corazones sangrientos y palpitantes, que para él eran exquisitos bocados que amortiguaban su feroz apetito…”.

Según la historia narrada, Stubbe Peeter no sólo cometería violación, asesinato y canibalismo. También mataría a su primogénito y le devoraría los sesos, cometería incesto con su hija adolescente y seduciría a otra mujer. Las dos serían ejecutadas junto con él, acusadas de ser cómplices de sus crímenes.

Los pobladores, cansados de tanta atrocidad, persiguieron día y noche a Stubbe en su forma de lobo, hasta que éste, al verse acorralado por todos lados, decidió quitarse el cinturón y mostrarse en su forma humana. Entonces fue apresado.

Es imposible saber si Stubbe fue realmente un asesino o sólo una víctima que realizó una confesión fantástica frente a la posibilidad de la tortura. Lo cierto es que hubo por lo menos deiciséis asesinatos en la región (muchos de ellos de índole sexual). ¿Es acaso el hombre lobo una pesadilla del criminal sexual?

El lobo del hombre

De los casos relatados llama profundamente la atención el de la “Bestia de Gévaudan”. En pleno Siglo de las Luces una bestia elusiva atacó y mató a más de sesenta personas (algunas fuentes contaron más de un centenar) y puso en entredicho el reinado de Luis XV. Muchos, en ese entonces, consideraron que se trató de un hombre lobo.

La historia comenzó el 30 de junio de 1764 (un par de meses después de la muerte de madame Pompadour, amante y consejera del rey Luis XV). En la remota provincia francesa de Gévaudan, localizada donde ahora se encuentra el departamento de Lozère, fue hallado el cuerpo de Jeanne Boulet, de catorce años, a medio devorar.

Nunca se conocerá el misterio detrás de la Bestia de Gévaudan, aunque se develan hechos inquietantes. En muchos de los casos hay indicios de que un ser humano participa en ellos o los encubre. Tal es el caso de Gabrielle Pélissier, de diecisiete años, atacada el 7 de abril de 1765.

Relata Fondebrider que ese día la muchacha recibió su primera comunión. “Por la tarde, mientras cuida el rebaño de sus padres, la Bestia la ataca en un prado, la mata, le abre el vientre y le devora las entrañas. Alarmados por la tardanza, antes del crepúsculo, padres y vecinos corren a buscarla. Alguien la señala, aparentemente dormida sobre un lodazal. Al acercarse, descubren que debajo de su vestido, perfectamente limpio, su cuerpo está mutilado. El sombrero que lleva le oculta el cráneo completamente roído, separado del tronco y vuelto a encajar. Todos saben que esas cosas no las hace un animal”.

El 21 de septiembre de ese año Françoise-Antoine de Beauterne mató a un lobo. Aseguró que se trataba de la Bestia. El rey está presionado, ya que la leyenda de la Bestia y la incompetencia del reino para zanjar el asunto ya ha trascendido las fronteras de Francia. Por ello, Versalles se apresura a embalsamarla y declara oficialmente muerta a la Bestia, aunque los ataques continúan.

En Gévaudan se las deben arreglar como puedan. Porque, para Versalles, la bestia ya no existe.

Sería hasta el 18 de junio de 1766 cuando Jean Chastel (uno de los principales sospechosos detrás de la Bestia) mata a un animal que “no es ni perro ni lobo, pesa 109 libras y tiene colmillos de 37 milímetros de largo”. En su estómago hay restos humanos. Esta segunda Bestia será recibida en Versalles de mala gana.

La bestia sigue siendo un acertijo. Algunos consideran que se trató en realidad de varios animales; otros han señalado la posibilidad de un clan de asesinos; otros más, un loco en piel de lobo. Una hipótesis destaca sobre las demás: la Bestia sería la cruza de lobo con perro, entrenada para matar por un hombre. Los registros históricos apuntarían a un tal Jean Chastel bajo la protección del perverso conde de Morangiès.
(2)

Si bien se describe al lobo como uno de los principales enemigos del hombre en Europa, más bien ha sido al revés: el hombre es el lobo del lobo. Para mediados del siglo XVIII el lobo habrá desaparecido de Inglaterra, Gales, Irlanda y Escocia. Y, mientras en el siglo XVIII el lobo ocupaba 90 por ciento del territorio francés, a principios del siglo XIX sólo 50 por ciento. A fines del XIX el lobo será hallado únicamente en 10 por ciento del territorio.

Actualmente el lobo gris es una especie en peligro de extinción en Europa. En los diarios se sigue debatiendo qué debe prevalecer: propiciar la supervivencia de esa especie o prevenir los ataques esporádicos de los lobos al ganado.
(3)

Con el siglo XX y el ingreso del hombre lobo al panteón de Hollywood el mito perdió toda su fuerza, apunta Fondebrider. “Lo que no consiguió la Inquisición lo consiguieron sin problema las manifestaciones más bastardas y estúpidas del capitalismo”. Quizá en ese tenor de un hombre lobo “castrado” se podría situar el último bodrio licántropo en el cine: La chica de la capa roja.

Quizá también existe otra explicación. En la segunda mitad del siglo XX el asesino serial y el desmenuzamiento psicológico tomaron el lugar del hombre lobo. El psicoanálisis, la cultura de masas y los medios masivos de comunicación acabaron con la necesidad de situar en lo sobrenatural al depredador de las comunidades. Con la televisión, el horror, en vez de hallarse en lo profundo del bosque, se encuentra en las oscuridades de la mente del asesino.

La barrera con la realidad, que antes se representaba mediante la condición sobrenatural del hombre lobo, ahora es representada por la psiquiatría, la medicina forense, la criminología. Se pretende identificar al lobo del hombre con ciencia… pero de alguna forma la seguridad que emana de ella parece una promesa tan débil como matar al hombre lobo con balas de plata. ®




Notas

1 Cfr. http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=the-origin-of-dogs

2 Esta hipótesis sería la base para el filme El pacto de los lobos

3 El caso de México es similar. La subespecie del lobo mexicano está en grave peligro de extinción debido a la políticas de erradicación puestas en marcha a partir del siglo XX


* La primera imagen fue tomada de internet. Las imágenes 2 y 3 fueron tomadas del libro Licantropía.

martes, 22 de febrero de 2011

Ellroy y México: El amor, el odio y la muerte

Por Lydiette Carrión

La relación entre México y Estados Unidos siempre estará en la línea de fuego, de una manera compleja, a veces torcida, tormentosa. Pero ha dejado una huella profunda en la novela moderna estadounidense, como es el caso de James Ellroy.

Tal es el caso de la obra del escritor estadunidense James Ellroy, en la que lo mexicano, si bien es marginal, está siempre presente y parece servir como inmersión a lo salvaje. En cada novela existe al menos un pasaje, siempre oscuro, atrayente y repelente, marcado por el sexo, la muerte y lo desconocido.

En su primer libro, Réquiem por Brown, esta relación con el mexicano es amable. El protagonista por un momento envidia la marginalidad del migrante, ya que conlleva la libertad. El detective Fritz Brown y Stan buscan a “Fat Dog”, un caddie y delincuente, que acampa cada noche en los campos de golf. “Había venido a hablar con un asesino, un sicótico cuya forma de vida me resultaba incomprensible, pero por un segundo envidié la soledad de su refugio. Si vivía ahí tenía muy buen gusto y disfrutaba lo mejor de dos mundos”.

Ese “buen gusto” que envidia Brown pertenecen también a los mexicanos que apenas han llegado a Estados Unidos.

Paré y de pronto nos vimos sorprendidos por una música mexicana. A continuación oí risas. Al irse acostumbrando mis ojos a la oscuridad pude distinguir una barraca de gran tamaño a mi derecha. Había unos hombres sentados en las escaleras de la entrada bebiendo cerveza…
—Hola —dije—, estamos buscando al Perro, perro grande y blanco.
Eso rompió el hielo. Las cinco o seis voces que contestaron a mi pregunta eran amables. Por lo que pude entender, todos dijeron lo mismo. No habían visto a ningún perro grande y blanco. Debería haberles dicho que buscaba un perro gordo, pero no sabía decirlo en español…
Cuando Stan y yo nos introdujimos de nuevo en la oscuridad, volvieron a poner música mariachi. En silencio, les deseé una vida feliz en América.
Viajes internos

Beverlly Hills

México nunca es el escenario principal de las pesadillas policiacas de Ellroy. Ese honor sólo está reservado a la ciudad de los Ángeles. Pero en los momentos más oscuros México emerge como escenario alterno, inestable, inseguro y mortal.

En La Dalia Negra, obra que inaugura el L.A. Quartet (cuatro novelas ambientadas en Los Ángeles de los años cuarenta y cincuenta, y en las que Ellroy mezcló hechos históricos con la ficción), el detective Bucky Bleicher realiza una jornada de introspección en los paisajes de Baja California. Bucky emprende un viaje en coche desde Los Ángeles a Tijuana primero y después a Ensenada, en busca de su compañero policía Lee Blanchard.

En la literatura de Ellroy pervive esta imagen de Tijuana y Baja California como un patio trasero; un sitio destinado al turismo más oscuro; un urinal.

México nunca es el escenario principal de las pesadillas policiacas de Ellroy. Ese honor sólo está reservado a la ciudad de los Ángeles. Pero en los momentos más oscuros México emerge como escenario alterno, inestable, inseguro y mortal.
Bucky llega a un bar, el último bar de una oscura calle en Ensenada, llamado “Satán”, una construcción de adobe con un “ingenioso” letrero de neón: un diablo con una erección en forma de tridente. El cadenero era un pequeño “camisa marrón” (es decir, un policía federal) que escudriñaba a la clientela. Las charreteras de su uniforme estaban llenas de billetes de a dólar.

Los marines y marineros podían masturbarse mientras miraban a las bailarinas. Algunos pagaban por sexo oral debajo de la mesa. Un burro con cuernos de diablo atados a las orejas comía heno en un rincón… En suma, turismo sexual, de mala muerte, totalmente dedicado al “gringo” de tropa, a los uniformados, satura la imagen de pesadilla de un lugar miserable y corrupto…

Como ente temible y taciturno en las historias de Ellroy estará la policía mexicana, compuesta de hombres amables si hay dinero de por medio. Pero, detrás de una aparente docilidad frente al gringo, las cosas pueden tomar otro matiz, y nadie, nunca, hallará tu cadáver.

Bucky visita un cementerio clandestino destinado a los despojos de los rurales. “Hay un hoyo de arena por la playa. Los rurales tiran fiambres ahí. Un chico me dijo que vio a un montón de tropa enterrando a un hombre blanco, grande…”, le dice un soplón a Bucky.

Como ente temible y taciturno en las historias de Ellroy estará la policía mexicana, compuesta de hombres amables si hay dinero de por medio. Pero, detrás de una aparente docilidad frente al gringo, las cosas pueden tomar otro matiz, y nadie, nunca, hallará tu cadáver.
La fosa clandestina estaba a diez millas al sur de Ensenada. Justo al lado de la costera, mirando hacia el océano. Una gran cruz, en llamas, marcaba el lugar. El soplón le explica: “No es lo que tú crees. Los locales mantienen esto prendido porque no saben quién está enterrado aquí y muchos de ellos tienen personas queridas que están desaparecidas. Ellos queman las cruces y los rurales lo toleran…”

Bucky encontró a su compañero enterrado, putrefacto, mirando al mar, en tierra mexicana. Ahí lo dejó. No le dijo a nadie dónde estaba su cadáver.

El amor mexicano

L.A. Confidential, la película

En L.A. Confidential Ellroy describe el amor socialmente inapropiado entre el detective Ed Exley e Inez Soto, víctima de una violación en pandilla. El policía sabe que no puede hacerla su esposa porque eso destruiría su carrera. Ella acepta el concubinato porque después de la violación su familia la ha rechazado y, explica, “ningún mexicano se acercará a una mujer que fue violada por una pandilla de negritos putos (en español en el original)”.

Pero pasan los años e Inez transita de un amor tibio, medido y marcado por el resentimiento, a la frialdad y luego al desprecio. Lo único que le queda a ella en la vida es su lugar de trabajo, Dreamland (Disneylandia); sólo la ejemplificación más burda del sueño americano apacigua el dolor y las heridas internas de Inez. Heridas que el amor del hombre blanco sólo lastimó aún más.

Queda así la mujer mexicana definida por una belleza oscura e inquietante, pero siempre distante, resentida. Incapaz de amar con certeza al hombre blanco. Y el hombre blanco llevará ese amor con culpa y en secreto. Porque lo correcto sería despreciarla. ®

Publicado en Replicante

sábado, 15 de enero de 2011

Cuando los niños matan


*Publicado originalmente en Replicante





Una reflexión sobre el Ponchis


Por Lydiette Carrión


Le dicen el Ponchis. Tiene catorce años y se le acusa de haber degollado a cuatro personas. También se le acusa de ser miembro del Cartel del Pacífico Sur.

Su historia recorrió el mundo, incluso antes de ser aprehendido el pasado 2 de diciembre en el aeropuerto de Morelos. Su caso ha detonado protestas desde todos los sectores: los organismos de derechos humanos han reclamado que su nombre y rostro fueran difundidos, violando con ello todas las leyes que protegen a los adolescentes. Penalistas y políticos han demandado que sea juzgado como adulto, dada la gravedad de sus crímenes.

Pero la literatura y el arte en general ofrecen explicaciones más complejas del hecho, invariablemente escalofriante, de que un niño sea capaz de matar.

“¡Oliver Twist pide más!”



Charles Dickens describe un Londres de la primera mitad del siglo XIX en donde los huérfanos, los niños de nadie, son adiestrados por adultos en el arte del robo y el asesinato. La lucha de Oliver Twist es para no ser tragado por ese mundo en el que conviven ladrones, asesinos y prostitutas.

Pero el primer paso para las aventuras de Oliver es rebelarse ante su presente. En un orfanato los huérfanos se mueren de hambre y le toca al protagonista pedir por más comida, con lo que desata la furia del director, quien decide venderlo como aprendiz al primero que lo decida comprarlo.

El relato de Dickens se concentra en las decisiones pequeñas pero fundamentales que el huérfano debe hacer en cada momento, las cuales lo salvan de que su espíritu se desvíe.

Pero la historia de Oliver Twist es un relato feliz (el protagonista logra mantener inmaculada su inocencia y es rescatado de las calles de Londres), en medio de un centenar de historias trágicas, de huérfanos (a los que ahora los llamaríamos “niños en situación de calle”) que deben robar, golpear y matar para sobrevivir.

¿Acaso el Ponchis no fue movido por esos mismos valores que Dickens critica en sus historias? ¿No es acaso la versión trágica de un Oliver Twist que no logró huir de ese círculo de criminales?

Dickens es considerado uno de los primeros escritores del siglo XIX que se alejó del romanticismo para describir un drama social. En una novela posterior, Tiempos modernos, ofrece una visión aún más aguda de lo que él consideró era la transformación de su sociedad por la Revolución industrial: dejaron de ser vigentes valores como la honestidad, la compasión y la solidaridad para erigirse como dioses la ganancia y el dinero.

¿Acaso el Ponchis no fue movido por esos mismos valores que Dickens critica en sus historias? ¿No es acaso la versión trágica de un Oliver Twist que no logró huir de ese círculo de criminales?

Según la prensa, el Ponchis nació en San Diego; su madre vive en el barrio Logan, conocido por ser semillero de sicarios desde los años noventa, si bien ella fue descrita como una mujer piadosa que vende cosméticos de casa en casa.

El Ponchis creció sobre todo en Jiutepec, Morelos, en un barrio pobre, al cuidado de su abuela, hasta que ella falleció cuando él tenía unos siete años, según un diario de Estados Unidos. Nació y creció en el abandono, en barrios donde la norma era pertenecer al crimen organizado.


La naranja mecánica y las soluciones del sistema

Es un mundo podrido porque permite que los jóvenes golpeen a los viejos como ustedes han hecho, y ya no hay ley ni orden. Ya no es un mundo para un viejo [...] ¿Qué clase de mundo es éste? Hombres en la Luna y hombres que giran alrededor de la Tierra como mariposas alrededor de una lámpara, y ya no importan la ley y el orden en la Tierra.
—Un vagabundo a Alex, en Naranja Mecánica.

Uno de los aspectos que causó más escozor en varios sectores es el hecho de que, de ser hallado culpable, el Ponchis sería condenado a tres años de reclusión.


La Naranja Mecánica de Kubrick

En entrevista telefónica el presidente del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad (ICESI), Luis de la Barreda Solórzano, explicaba que incluso en países democráticos, como España o Reino Unido, las penas para adolescentes que cometen homicidio son más altas. Pero, han cuestionado defensores de derechos humanos, la reclusión en una cárcel mexicana, las cuales han probado ser escuelas del crimen, ¿rehabilitaría al Ponchis?

Durante la plática De la Barreda Solórzano recordó el caso de dos niños ingleses de diez años que en 1993 secuestraron a un bebé de dos años en un centro comercial y lo torturaron y asesinaron. Si bien los medios formales no divulgaron su identidad, los tabloides sí difundieron sus fotografías y nombres: Robert Thompson y Jon Venables. Fueron enjuiciados como adultos y condenados a cadena perpetua aunque fueron liberados en 2001, cuando cumplieron la mayoría de edad y se les dio una nueva identidad para protegerlos.

Según la prensa, estos niños fueron tratados cuidadosamente en prisión, continuaron sus estudios, fueron evaluados y tratados por un equipo de siquiatras y sicólogos. Se les dio un seguimiento puntual. Hace un par de años Venables fue arrestado por poseer pornografía infantil.

El caso de los dos niños ingleses parece acercarse al de Alex De Large, el personaje ficticio de Naranja mecánica, escrita por Anthony Burgess y posteriormente llevada al cine por Stanley Kubrick, en donde el ejercicio de la violencia no es por paga alguna, sino por gusto.

Frente a la hiperviolencia del adolescente, plantea Naranja mecánica, se dará un tratamiento pavloviano a Alex: mediante drogas y la exposición sistemática a música clásica e imágenes violentas quedará imposibilitado de volver a golpear, matar, violar…

Después de haber sido tratado, Alex será un personaje castrado, indefenso ante una sociedad que lo rechaza, y de la cual ya no puede defenderse. La solución final, según la novela, se encontrará en la maduración de Alex y la búsqueda del amor.

Pero el niño sicario mexicano también parece emular al Alex de Naranja Mecánica: su fama se desató cuando, de forma anónima, fueron difundidas en la red las imágenes de estos adolescentes, armados y con el rostro cubierto, que posan frente a sus víctimas, mientras los golpean, los hieren, los mutilan…

Crimen y castigo. La redención


Vete a una encrucijada, haz una reverencia a la gente, besa la tierra, porque también ante ella has pecado, y dile a todo el mundo: ¡Soy un asesino!, sólo entonces, Dios te regresará la vida.
—Sonia a Rodión, en Crimen y Castigo

Si bien no es propiamente un niño, Rodión Romanovich Raskólnikov es el joven asesino más trascendente de todos los tiempos. Para Dostoievsky, el drama del crimen no pertenece a la esfera de la edad, ni siquiera de la sociología o el aburrimiento, sino de la ética y la filosofía.

La tesis, que se repite con variaciones en las principales novelas del autor (Demonios, Los hermanos Karamazov, El idiota) es la misma: la redención del criminal es siempre posible; se trata de un proceso interno, personal, pero que debe ir acompañado de una sociedad que compadece, más que condenar al criminal, cuyo camino será tortuoso para alcanzar la expiación.

La tesis, que se repite con variaciones en las principales novelas del autor es la misma: la redención del criminal es siempre posible; se trata de un proceso interno, personal, pero que debe ir acompañado de una sociedad que compadece, más que condenar al criminal, cuyo camino será tortuoso para alcanzar la expiación.
Otra tesis que se reproduce una y otra vez en la obra de Dostoievsky (en particular en Crimen y Castigo y Demonios): los fines jamás justificarán a los medios. Rodia comprende que su inteligencia y su talento, así como sus planes para hacer un mundo mejor, no justifican que mate a una usurera.
Rodia es un estudiante que se encuentra en una soledad y una pobreza abrumadoras, repleto de libros modernos que plantean la existencia de un hombre superior, al cual no se aplicarían las leyes morales.

Ahí, en un cuartucho de estudiante, en medio del frío y el hambre, concibe que para, continuar con sus estudios y convertirse en un ser valioso para la sociedad, así como para salvar a su hermana de un matrimonio infausto, la única solución es asesinar a una vieja usurera, poco querida por los que la rodean. Un insecto, una chupasangre. Rodia se convence a sí mismo de que hará a la sociedad un doble favor: terminar con la usurera y ayudarse económicamente.

Dostoievsky añade un apunte sociológico frente al homicida. Antiguamente, dice en varias obras, el pueblo ruso compadecía al criminal que purgaba su pena, porque es el homicida el que más sufre. Al ser un criminal, ha cortado sus lazos con la sociedad, con el pueblo y con Dios. Por ello, Sonia, la prostituta, decide acompañar a Rodia a Siberia.

Ahí, en el destierro, y después de varios años, Rodia logrará redimirse y encontrar la paz, acompañado por Sonia, una vez que comprendió que él no es un superhombre, tampoco un monstruo, sólo un hombre, un pecador que tuvo otra oportunidad.