miércoles, 14 de noviembre de 2012

A quién le importa el suicidio de un chico




En otro país, el suicidio de un adolescente bajo custodia ministerial sería un escándalo y habría consecuencias. Funcionarios de varios niveles serían despedidos y otros más estarían sujetos a proceso, probablemente bajo el delito de homicidio por negligencia. 

Quizá algunos legisladores propondrían  modificaciones a  leyes y reglamentos para garantizar que un muchacho  detenido y aislado tenga la contención y la vigilancia suficientes para que no se ahorque. También para que sea inmediatamente atendido si se identifica un cuadro depresivo, o una enfermedad física. 

El 10 de enero de este año, un adolescente fue detenido en el Distrito Federal, acusado de robo con violencia. Fue puesto a disposición de la Agencia 57 de la Fiscalía Central de Investigación para Niñas, Niños y Adolescentes de la PGJDF.

La hermana del muchacho sólo pudo verlo un momento durante en todo ese día. Éste le dijo  que se había metido a una casa que creía abandonada y que lo acusaron de querer robarse una cafetera. 

La hermana informó  a los agentes que el adolescente padecía hepatitis y depresión; incluso la  propia  agencia ministerial  emitió un informe que  sugería aislar al joven y trasladarlo al hospital de manera prioritaria, "pero no  urgente".

Detenido y aislado, sin defensor, enfermo, deprimido y solo, el chico se ahorcó ese mismo 10 de enero.

La Comisión de Derechos Humanos del DF emitió una recomendación, en la que constató que los  funcionarios de la Agencia 57 omitieron realizar un examen completo del estado físico y mental del fallecido; y que no existe un protocolo que establezca cómo se debe atender a cualquier adolescente. 

Más aún, entre  funcionarios se solaparon. La CDHDF determinó que la Fiscalía Central de Investigación de Delitos cometidos por Servidores Públicos de esa Agencia no integró  debidamente la averiguación previa para investigar a los responsables del fallecimiento. 

Por cierto, los agentes informaron a los familiares que el adolescente se había ahorcado con una cobija. Sin embargo, en los anexos de la recomendación, la declaración del MP que lo halló alude a que "cortó el cordón" para bajarlo. Hasta en el "torito"  del metro, los agentes quitan a los detenidos las agujetas de los zapatos y el cinturón para evitar tragedias así. 

El MP también relata que durante toda la mañana vio a una chica como de 20 años sentada en las escaleras. Cuando él comenta que "ya se ahorcó el de la hepatitis", la joven comenzó a gritar: "¡mi hermano, mi hermano!". Estuvo todo el día ahí, esperando ver a  su hermano. Y nadie le hizo caso.
 
En la recomendación de la CDHDF, también se alude que ese día había  otros 10 adolescentes procesados en esa área (dos de ellos estaban peleando, advierte un mp), y que en un día hay entre 40 y 50. Los funcionarios están rebasados por lo casos. 

*Columna Rendija Publicada el 17 de octubre de 2012

Balazos en el cine





Ya sabe: si usted sufre una agresión y quiere que la procuraduría capitalina cumpla con sus obligaciones, acuda a la prensa y cruce los dedos para que su caso sea trending topic  en redes sociales. De otro modo, nadie le hará caso.

El pasado 2 de Noviembre, el niño Hendrik Cuacuas asistió con su papá y su hermana al Cinépolis de Iztapalapa. Mientras veía la película recibió un balazo calibre .22 en la cabeza. Murió dos días después.

Si bien al inicio nadie se percató de que se trataba de una agresión con arma de fuego, para la madrugada del día 3, según lo que ha platicado el padre del niño, Enrique Cuacuas, los médicos se dieron cuenta y dieron parte al ministerio público. Entonces policías investigadores suscritos al mp de Cuauhtémoc (y no Iztapalapa) entrevistaron al padre un par de veces. Y hasta ahí.

Fue hasta que un diario reveló la historia,  se convirtió en trending topic en redes sociales, lo retomaron los noticieros, que el lunes 12 de noviembre, la Procuraduría anunció el “acordonamiento de la sala 2 del Cinépolis de Iztapalapa”. Iban a buscar indicios o pruebas, ver videos e interrogar testigos. ¡Diez días después!  

El caso de Hendrik tomó relevancia por inverosímil, por terrible, por cercano. Que a un hijo lo maten un día feriado, para mayor referencia, el Día de Muertos, es la peor pesadilla de cualquiera. Mucha gente va al cine. En nuestro imaginario, los homicidios  sin sentido, rituales o aleatorios solo ocurren en países como Estados Unidos. Ellos –creemos falsamente– sí se deben preocupar por la seguridad de los cines.  Ahora sabemos que en México también debemos establecer medidas de seguridad.

Por todas estas razones, el homicidio de Hendrik tuvo un impacto gigante. ¿Pero cuántos casos que son denunciados quedan en el olvido porque dejaron de ser noticia en la prensa?

El 26 de mayo de 2008, Adriana Tenorio de 19 años y a punto de dar a luz, desapareció de la puerta de su casa, en Iztapalapa. Las autoridades se negaban a tomar el caso. Su madre y los vecinos cerraron eje seis y mandaron cartas a los periódicos. Le tomaron la denuncia. Después la historia se enfrió. Dejaron de buscar a Adriana.

Quizá la solución sea exigir que, al menos una vez, se finquen responsabilidades penales a los servidores públicos que les dio flojera investigar en un principio el caso de Hendrik. 



*Según los peritajes difundidos desde ayer en la noche, se trataría de una bala perdida.


*Columna Rendija publicada el 14 de noviembre de 2012.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El último adiós a la niña Esmeralda


La familia, los amigos, los vecinos velan el cuerpo de Esmeralda. Es viernes por la mañana. Desvelados, toman café y te. La calle Francisco Villa ha sido cerrada para el sepelio. El féretro es pequeño, está forrado, adornado con globos y listones blancos. En la cabecera hay coronas y flores y la foto de Esmeralda en su graduación del kínder, engalanada con toga y birrete, imagen que fue tomada un par de meses antes de que la mataran.

El 5 de septiembre pasado, Esmeralda, de seis años de edad, salió de su casa a comprar pan tostado y en menos de 5 minutos desapareció sobre la calle Francisco Villa, en Los Reyes La Paz (a pocos metros de la autopista México-Puebla). 13 días después, su cadáver fue hallado en el  terreno de una casa vacía, a unos metros del lugar donde desapareció. Juan Manuel N., uno de los adolescentes que la encontraron, está detenido, acusado de ser el asesino.

El señor Miguel Ángel Ramírez, padre de Esmeralda, recibe a todos los que asisten al sepelio de su hijita Esmeralda. Su esposa Cecilia está arreglando el papeleo del panteón.

Llegan vecinos. Traen una ayuda para la familia: kilos de arroz, frijol, o un poco de dinero. En una colonia cercana, la gente hizo una colecta y una señora les ha llevado 200 pesos. Al pie del andador que lleva a la casa de Esmeralda, otras vecinas preparan comida: pollo con verduras, arroz, papas con charales.

A la cabecera del féretro, unos músicos tocan una tonada triste y dulce, con guitarra y violín. Son tíos de Esmeralda, que viajaron desde Hidalgo. A un lado, otras tías cuidan a sus hijos pequeños. Hablan náhuatl entre ellas.

Uno de los vecinos que velan a Esmeralda advierte: “los periódicos han publicado muchas imprecisiones. El día en que desapareció Esmeralda cerramos la autopista porque no venía la policía. En la prensa salió que éramos antorchistas”.

Otra mujer reclama: “Los peritos se portaron muy mal. Empezaron a regañar a la mamá por  haber mandado a la tienda a Esmeralda. Pero ella la perdió de vista 5 minutos, y aquí todos mandamos a nuestros hijos a la tienda. Todos nos conocemos”.

Los vecinos relatan que, por la noche del jueves, los padres de Juan Manuel –acusado de haber matado a Esmeralda– llegaron a dar el pésame. En la calle Francisco Villa, nadie cree que aquél sea culpable. Un hombre advierte que se trata de un buen muchacho con problemas de lenguaje, y cuando se pone nervioso tartamudea. ¿Bajo qué condiciones confesó?, cuestiona el vecino.

En cambio, el padre de Esmeralda no sabe qué pensar. Pero añade que vio cómo el muchacho pidió perdón sus padres. “Ya confesó”, agrega. Mas no quiere ocuparse de eso. No le toca a él, padre de la víctima, sino a la policía. Guarda silencio un momento. “Yo le pedía a Dios que me le regresara. Pero no así. Tenía la esperanza de que me la devolvieran viva”.

Miguel Ángel  relata que los peritos policiales no han terminado de hacer todos los análisis. Debido al avanzado estado de descomposición en el cadáver, no se pudo examinar la sangre, por lo que utilizarán un pedazo de cartílago. “Pero ya queríamos que nos entregaran el cuerpo”. La noche del miércoles, la madrina de bautizo de Esmeralda soñó con la pequeña. Ésta le decía: “por favor, madrina, ya sáquenme de aquí”. Después de que aquélla así se lo prometiera, la niña añadió: “recuerde, madrina, me prometió una muñeca”. Al día siguiente, la madrina llamó a Cecilia y le dijo que Esmeralda había ido a despedirse y pedía que ya la enterraran. Le cumplió a su ahijada y le compró no una, sino dos muñecas que guardaron en el féretro, para que acompañen a Esmeralda en su último viaje. 

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*Texto publicado en El Gráfico el 25 de septiembre de 2012

jueves, 20 de septiembre de 2012

Detrás del paro en la UACM






El conflicto en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, que mantiene a la mayoría de sus 14 mil 800 estudiantes sin clases, no se dio por generación espontánea. Como todas las crisis, tiene un trasfondo de intereses . Y por intereses me refiero al deseo (legítimo) que un grupo de personas puede tener por dirigir o decidir sobre una institución, dinero público, o cómo se hacen las cosas.

En la UACM la historia comenzó hace un par de años, cuando la rectora Esther Orozco hizo público un diagnóstico de la institución, en el que demostraba que los resultados académicos eran bajos y francamente mediocres.

Varios miembros de la universidad advirtieron, y no les faltó razón, que con sólo 10 años de existencia, era de esperarse que la universidad no alcanzara los mejores estándares.

El grupo que ahora llaman “orozquista” reviró que eran necesarias reformas para remontar los pobres resultados académicos. Tampoco les faltó razón, pero sí les faltó la capacidad de cabildeo hacia adentro de la institución; a la rectora también le faltó prudencia en sus declaraciones.

A los que rechazaron a Orozco y desde entonces la volvieron su peor enemiga, también les faltó la inteligencia de no llevarse entre las patas un proyecto tan noble como puede ser una universidad gratuita y pública.

Recientemente, con las elecciones internas y el posterior cierre de planteles, este conflicto ha alcanzado un clímax. Y se suma un factor que, si bien parece externo, está influyendo: la fragmentación de los grupos perredistas en el gobierno, a causa de la crisis que sufre el PRD.

Lo que cuelga en un hilo es la única universidad pública que se ha fundado en la Ciudad de México en los últimos 20 años, y cuyo planteamiento inicial es demostrar que la educación pública es viable y efectiva.

Por cierto, la educación gratuita y pública sí es viable. Lo han demostrado países de la más diversa orientación política. Desde Canadá hasta Cuba. El tema es que los distintos grupos recuerden el objetivo inicial y no hagan naufragar una institución tan nueva, y por tanto tan vulnerable, en sus luchas intestinas.


Columna Rendija publica en El Gráfico el miércoles 19 de septiembre de 2012

Sobre el asesinato de la niña Esmeralda

He leído muchos comentarios que incriminan a los padres por dejar sola a la niña en la calle. Falta de educación, dicen unos; que los "pobres" dejen de tener niños como conejos, dicen otros.

¿Qué hay en la intrincada psique del mexicano que siempre culpabilizamos a la víctima? ¿Por qué hacemos tanto escarnio de aquel que ha caído? ¿Por qué?

Aquí va mi defensa personal a la familia de Esmeralda.

La madre de Esmeralda  la siguió con la mirada durante todo el andador. No la perdió de vista sino hasta que la niña llegó a la calle Francisco Villa. La tienda estaba a dos pasos del andador. La dejaría de ver por menos de 5 minutos, en una calle en la que todos se conocen y estiman. La señora se metió un momento a cuidar a su bebé de dos años. Salió casi inmediatamente. Lamentablemente, para ese momento (aunque nadie lo sabía entonces) ya se habían llevado a Esmeralda.

Cuando entrevisté a los padres, vi a una familia pobre pero digna. Su mamá no tiene educación primaria. Entiendo que no sabe leer bien. El papá de Esmeralda trabaja como diablero en la Central de Abastos. Su casa está a medio construir. Y es la última construcción de una colonia improvisada y remota. Pero todos sus hijos van a la escuela. Los mayores están en secundaria, todos van a clases  con el uniforme impecable. Vi a dos padres que aman a sus hijos,  desgarrados por la desaparición de su penúltima hija.

Quizá el único error de los padres es haber sentido seguridad en una colonia en la que casi todos los vecinos son solidarios unos con otros. Pero de hecho, al momento de la desaparición de Esmeralda fueron los vecinos quienes ayudaron a la madre. No la policía. En esa ocasión cerraron la autopista para exigir que las autoridades hicieran algo.

Por cierto, la patrulla que pidieron los vecinos  llegó muy tarde. La mentada alerta Amber jamás se activó. Los imbéciles que propagaron el rumor de que había gente golpeando y matando en ciudad Neza impidieron que la familia llegara más rápido al ministerio público. Los familiares y vecinos pidieron ayuda antes a una organización civil que a la policía. De ese tamaño es el grado de confianza en las instituciones, no sólo del lamentable Estado de México, sino de todo el país.

Toda mi solidaridad y mi cariño a la devastada familia de Esmeralda.

Lydiette Carrión


Leer: Salió por el pan y jamás regresó a casa


Salió por el pan y jamás regresó a casa


  
–Mamá, quiero un pan tostado con mi café.
–Ya te preparé una torta para el desayuno.
–Pero es que quiero un pan tostado.

La señora Cecilia cedió al antojo de su hija Esmeralda. De su monedero sacó un billete de 20 pesos y lo dio a la pequeña de seis años, que tenía apenas unos días de haber ingresado a primero de primaria en el turno vespertino.

El pasado 5 de septiembre, a las 9:00 am las únicas en casa eran Esmeralda, su mamá y su hermanita de brazos. El resto de los niños van a la escuela en la mañana y el papá trabaja desde temprano en la Central de Abastos.

Encaramado en el cerro y sin otro acceso que un andador peatonal, el hogar de Esmeralda tendría una vista hermosa si no fuera ensordecedora. La autopista México-Puebla ruge abajo, parcialmente bloqueada por las construcciones. La de Esmeralda es la última casa. Hacia arriba, ya no hay nada, sólo campo y tiraderos.

La niña bajó el centenar de escalones hasta la Francisco Villa, una callecita tranquila y con solo dos accesos en Los Reyes la Paz, Estado de México. Sorteó algunos espacios sin peldaños y llenos de lodo, y otros en los que una plaga de azotadores ha hecho difícil caminar sin aplastarlos. Una vez en la calle, caminó menos de 2 metros hasta la primera tienda. No tenían el pan tostado que le gusta, así que fue a un segundo comercio, a una casa de distancia. Por fin realizó su compra. El dependiente de la primera tienda la escuchó chanclear de regreso: llevaba los zapatos grandes de una de sus hermanas.

Pero en los 4 o 5 pasos que separaban las tiendas del andador, la niña desapareció.

*
La señora Cecilia Simón Basilio miró a su hija descender la larga escalera. La perdería de vista por cinco minutos. Se metió un momento a la casa a atender a su bebé. Cuando volvió a salir, Esmeralda ya se había tardado, así que le pidió a un vecinito que jugaba por ahí que bajara. Éste regresó y le dijo que Esmeralda no estaba en la calle. Cecilia encargó a su bebé a una vecina y fue a buscarla. Inmediatamente los vecinos comenzaron a ayudarla. Llamaron una patrulla que jamás llegó. Alguien sugirió a la madre que fuera a la Asociación de Niños Robados, a dos horas de trayecto. Cecilia fue, le tomaron el caso pero le explicaron que debía poner una denuncia primero. Regresó a su casa, donde su esposo, Miguel Ángel Ramírez, ya la esperaba.

Esa tarde, en todo el Estado de México se difundió un rumor: en ciudad Neza unos individuos andaban golpeando y matando gente. Se trató de una mentira, pero debido a ella, los padres no pudieron trasladarse ese día a la procuraduría de Los Reyes la Paz. La denuncia quedó registrada el jueves 6. Los ministeriales pidieron que regresaran hasta el viernes. “¡Cómo que hasta el viernes!”. La familia no sabía qué hacer. Los vecinos amenazaron “¡se trata de una niñita, no de un adulto. Si no los atienden, cerramos la calle”. Finalmente la procuraduría dio cauce a la denuncia. Pero, explica la señora Cecilia, hasta ahora solo se han dedicado a interrogar a la familia. Han amenazado a los padres. El señor exclama: “Si yo tuviera algo que ver con la desaparición, ¿usted se imaginaría que la estaría buscando? Lo único que pedimos a la persona que se la llevó es que la regrese sana y salva. Que dejen a mi niña linda aquí cerca, ella sabrá regresar a casa”.

La hermana mayor de Esmeralda sube el centenar de escalones. Debe ir en secundaria. Lleva el uniforme impecable, el pelo perfectamente peinado. Cuando escucha que hablan de su hermanita, no dice nada, pero un lágrima rueda por su mejilla. Esta familia no sabe qué hacer. 





Texto publicado en El Universal Gráfico el martes 18 de septiembre. Poco después  fue localizado el cuerpo de la pequeña Emeralda. 

sábado, 15 de septiembre de 2012

¡Cuidado con el comandante García!



Lydiette Carrión
 
 
El líder de una banda de judiciales extorsionadores ha sido restituido a su cargo. Le regresarán su placa y además, le pagarán salarios caídos. Con nuestros impuestos.
 
El 8 de mayo de 2008, Yasser Serna y Sinhué Peralta platicaban afuera de una tortillería en la colonia San Felipe de Jesús. Eran las 7 de la noche. Adentro, el dueño del negocio hablaba con su contador, Óscar Barrera, y otra persona, cuando unos judiciales llegaron en 3 autos. Los encañonaron, los torturaron, les sentenciaron el consabido “ya valió madre, jijo de tu…”.
 
Los polis, liderados por el comandante Gustavo García Tello, exigieron dinero y autos para liberarlos.
 
Los vecinos habían llamado a la policía preventiva. Dos valientes agentes se encañonaron con los judiciales. No se podían llevar a los civiles hasta que se identificaran plenamente  y mostraran una orden de aprehensión. Sin embargo, llegó un superior, y éste los dejó ir debido a que en efecto eran ministeriales.
 
Meses después, el informe de los preventivos probaría que los judiciales habían mentido en todo.
 
La pandilla de García Tello, enchilada por el zafarrancho, puso a Yasser, Sinhué y Óscar a disposición de un juez. (Al dueño de la tortillería y al otro hombre los dejaron ir un par de días después.) los judiciales Rosalba Chaparro y Raúl Santos, que no participaron en los hechos, firmaron un parte y se equivocaron en todo: en vez de una tortillería, mencionaron una hojalatería, por ejemplo. Esto y otras cosas probaron la inocencia de los tres detenidos. Incluso los “testigos” admitieron que habían sido amenazados para inculparlos.
 
En abril de 2009, una juez ordenó la libertad de los jóvenes. El MP apeló y un tribunal ordenó la reaprehensión. Derechos Humanos del DF ya investigaba los hechos y Yasser, Sinhué y Óscar eran fugitivos.
 
El 16 de febrero de 2010 fueron absueltos.
 
Tomás Javier Alarcón y Víctor Hugo Soto, dos de los policías que participaron, actualmente tienen sentencias de 57 años por secuestro. Circulaban con un comerciante amarrado y embozado, cuando fueron detenidos.
 
La única sanción para García Tello fue su destitución el 9 de agosto de 2011. Apeló y recientemente fue restituido a su cargo.  Los agraviados presentarán un amparo para que la PGJ ejercite acción penal. La pelota está en la cancha del procurador Jesús Rodríguez Almeida. 


*Columna Rendija publicada en el Universal Gráfico el 13 de septiembre de 2012